La Xunta plantea adaptar el urbanismo a las zonas inundables y señalizarlas

Augas de Galicia pone objeciones a la construcción de nuevos paseos fluviales

Señal para marcar una zona inundable en Crendes, Abegondo
Señal para marcar una zona inundable en Crendes, Abegondo

Redacción / La Voz

Las devastadoras consecuencias del temporal Gloria en Levante han suscitado el debate sobre si la expansión urbanística hacia la línea de costa puede ser reinterpretada a la vista de los efectos del cambio climático, hasta el punto que algunas poblaciones se están planteando no reconstruir algunos tramos destruidos de paseos marítimos. Desde hace años, estos planteamientos ya forman parte del trabajo de Augas de Galicia, Demarcación de Costas y los departamentos que tienen que ver con la planificación urbanística y la ordenación del territorio en Galicia. La idea es adaptar las construcciones y el urbanismo a las zonas inundables, para evitar destrozos, blindar la seguridad de las personas e incluso que los episodios se agraven por la intervención humana.

Aunque la directiva comunitaria del 2007 que aborda el peligro de las inundaciones no obliga a la señalización de las zonas con más riesgo, la Consellería de Infraestruturas y Mobilidade, de la que depende el ente Augas de Galicia, quiere impulsar actuaciones en este sentido en las zonas inundables que son de su competencia. «Cada vez lo consideramos más imprescindible. Creemos que la gente tiene que estar informada de los riesgos que corre», explican fuentes de esta consellería. Así, Augas de Galicia sería la encargada de acotar y señalizar las zonas fluviales de la demarcación Galicia-Costa (la cuenca del Miño-Sil es de competencia estatal), pero la señalización en los 160 kilómetros de costa con riesgo significativo de inundación marina también dependería del Gobierno central, concretamente de la Demarcación de Costas.

Esta medida está prevista en el Plan de Gestión del Riesgo de Inundación en Galicia-Costa, en el que se recomienda incrementar entre la población la percepción del riesgo de inundación, así como de las estrategias de autoprotección.

Otro de los objetivos de este plan es precisamente mejorar la ordenación del territorio y usos del suelo en las zonas inundables «compatible en la medida de lo posible con el riesgo de inundación». «Lo de estos días en el Mediterráneo evidencia la necesidad de reflexionar sobre las construcciones en zonas inundables y muy especialmente sobre la oportunidad de su reconstrucción», explican en la consellería.

Paseos fluviales

Augas de Galicia solo gestiona los permisos de los paseos fluviales, no de los costeros. Pero el criterio que se sigue es el de no autorizar reconstrucciones de paseos en las mismas condiciones de riesgo. Tampoco se autoriza la construcción de nuevos itinerarios fluviales, por el riesgo que entrañan para los paseantes en caso de crecida.

No obstante, hay ejemplos de buena gestión del riesgo de inundación en este tipo de equipamientos. Así, el paseo fluvial de Bertamiráns se desarrolló en varios niveles dejando espacio para que el río tenga una zona de colchón para que el agua la ocupe en caso de crecida.

En Mondariz, recuerdan en la consellería, hay un paseo realizado por la Xunta hace años «que ahora no sería autorizable», pero que se va a reconstruir «buscando un nuevo diseño que garantice la seguridad y evite tener que estar reconstruyéndolo cíclicamente». En definitiva, la mejor opción es adaptar estas infraestructuras al riesgo de inundación. Se gana en seguridad y se evita gastar dinero en reparaciones cada vez que hay crecida.

El paseo de O Coído, en Muxía, actúa de pared para impedir el paso de las olas cuando hay mucho temporal, como ocurrió en noviembre del 2018 con la borrasca Beatriz
El paseo de O Coído, en Muxía, actúa de pared para impedir el paso de las olas cuando hay mucho temporal, como ocurrió en noviembre del 2018 con la borrasca Beatriz

La conjunción de mar y lluvia en O Coído de Muxía

Cuentan los más viejos del lugar, y también los jóvenes que lo han ido escuchando en sus casas, que en los viejos tiempos, en días de temporal, el mar entraba por la zona de O Coído, en Muxía, y salía por la zona de la marina, más o menos por donde está ahora el puerto deportivo. Era mucho cruzar, pero es cierto que en las vaghas de mar el mar penetraba por la calles haciendo suyos muchos metros. Hace 26 años, Costas construyó un paseo en O Coído (también justo al otro lado, el mirador de A Cruz), y esa infraestructura empezó a actuar de pared o rompeolas en los días más bravos. El agua impacta en el hormigón y asciende violentamente, dando lugar a unas imágenes muy espectaculares (y fotografiadas), pero también peligrosas, a pesar de que siempre hay quien desafía la prudencia y se acerca a contemplar las batientes. Es casi una imagen icónica del Prestige, además de los bolos graníticos cubiertos de chapapote, justo en la parte inferior.

Pero, con todo, de vez en cuando sigue habiendo inundaciones en su entorno. Y eso se debe no solo a la acción del mar, que ya no, sino a la confluencia con los efectos de la lluvia: agua dulce y salada llenan un espacio pequeño y, además de generar problemas a los vecinos, se mantiene la memoria de antaño.

El exalcalde, Félix Porto, que vive en Muxía desde hace 34 años, no recuerda que el mar atravesase las calle hasta el otro lado, pero sí conoce los problemas en la zona de Correos, que es la que se inunda cuando hay fuertes lluvias y las canalizaciones no dan abastos. Con el oleaje, muchas veces ha tenido que colocar cintas de seguridad para impedir el paso.

Javier Sar, expatrón mayor, recuerda el uso de barcas en calles inundadas en la misma zona por la conjunción de temporal, mareas vivas y mucha lluvia. Y, con paso y todo, aún ocurre de vez en cuando.

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El río reclama su terreno. Aunque pasen muchos años, siempre lo hace. Las aguas acaban ocupando el terreno que alcanzaron en sus crecidas históricas. Solo que ahora, en muchas ocasiones, el terreno ya no es suyo. Está ocupado por viviendas o infraestructuras. Y las inundaciones no solo se cobran pérdidas medidas en bienes materiales, cifradas en Galicia en 33 millones por el Consorcio de Compensación de Seguros para el período 2009-2013, sino también humanas, como ocurrió recientemente en Viveiro.

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Será algo con lo que habrá que convivir, porque las inundaciones son un fenómeno natural inevitable y que, en un contexto de cambio climático, irán a más con el progresivo aumento e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos. Pero es posible adelantarse al riesgo, prevenirlo en lo posible y minimizar los daños, tanto para la salud humana, como para el medio ambiente, el patrimonio cultural, la propiedad y las actividades económicas. En definitiva, mejorar la gestión que se lleva a cabo ante este tipo de catástrofes. Este es el objetivo del Plan de Xestión de Risco de Inundación (2015-2021) promovido por la Demarcación Hidrográfica Galicia Costa. Este documento ha identificado las denominadas Áreas de Risco Potencial Significativo de Inundación (ARPSI) en los más de 14.700 kilómetros de río y 1.500 kilómetros de costa de Galicia, que suman más de 270 zonas. En el caso de la red fluvial se han detectado 543 kilómetros con una elevada vulnerabilidad.

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