Ya solo hay 51 países en el mundo sin gallegos

En el 2019 hubo altas censales inéditas en Madagascar, Irak, Ruanda, Bahamas, Congo y Azerbaiyán

Centro de Andorra La Vella, capital del Estado
Centro de Andorra La Vella, capital del Estado

Vigo / La Voz

Viven más gallegos en Andorra (2.118) que en Canadá, Italia, Colombia o Irlanda, y evidentemente menos que en focos históricos de la emigración como Argentina (162.842), Brasil (42.793) o Cuba (41.708). Pero es en el pequeño enclave pirenaico donde el peso de los gallegos es mayor respecto a la población de cualquier país del mundo. De cada mil habitantes que viven en Andorra son gallegos 28. En Uruguay, el cuarto destino de la diáspora galaica (36.761), dicha relación es igualmente alta, con diez gallegos por cada mil residentes, o siete en Liechtenstein y prácticamente cuatro en Argentina, Suiza y Cuba.

En cambio, en Madagascar, entre sus 25,6 millones de residentes solo hay un gallego registrado a efectos legales y censales de entre los cuarenta españoles que han dejado constancia oficial de su residencia en el país africano. El consulado da cuenta, sin embargo, de la presencia de alrededor de un centenar de gallegos en esa isla, sobre todo marineros, también vascos, que pasan largas temporadas de trabajo en enclaves como la antigua ciudad de Diego Suárez. Pero gallegos censados, según los registros de la Oficina del Censo, solo hay uno, y el trámite lo ha hecho además en el último año, en el mes de febrero.

Ese mismo paso administrativo de declarar la residencia en otro país, ha ocurrido durante el 2019 en otros cinco Estados sin referencia censal de gallegos en el año anterior: Azerbaiyán, Bahamas, Irak, República Democrática del Congo y Ruanda.

Presentes en 143 países

Con ese registro oficial confeccionado a fecha de 1 de diciembre del 2019, se concluye que hay gallegos inscritos en 143 países del mundo, o lo que es lo mismo, solo quedan 51 naciones en las que no hay presencia gallega documentada a afectos censales. A buen seguro hay gallegos en países en los que no se otorga constancia oficial de esa residencia estable, pero para ello es necesario darse de alta como habitante en el extranjero en la Oficina del Censo o en instancias consulares, con la consiguiente baja en España. Los desplazamientos al extranjero temporales no cuentan a dichos efectos, como tampoco los estables que mantengan en alguna localidad española el alta censal.

La ausencia registral de gallegos se da fundamentalmente en África, donde no hay huella oficial de ellos en las Comoras, Eritrea, Benín, Lesoto o Suazilandia y otras once naciones más. Lo mismo ocurre en Asia en puntos como Mongolia, Corea del Norte, Bután o Yemen; en Oceanía en Tonga o Tuvalu, por ejemplo; en América en Surinam y Santa Lucía, o en Europa en áreas como las de Albania o Moldavia.

Sí hay en cambio presencia en solitario de un único gallego —siempre entre los registrados en el censo— en Birmania, Sri Lanka, Sierra Leona, Laos, Brunéi, San Cristóbal y Nieves y Belice.

 

Baja la colonia en el resto de España y los nacidos en Galicia que viven fuera, pero hay más descendientes nacionalizados

¿Cuántos gallegos somos? Pues 37.513 menos en el último año teniendo en cuenta a los que los son de residencia en Galicia, a los nacidos en la comunidad que viven en el resto de España y los que habitan en el extranjero, ya se hayan hecho con esa condición por nacimiento o por herencia legal transmitida por sus ancestros. De los 3,21 millones del 2018 se ha pasado un año después a 3,17 millones.

El análisis de esa evolución a la baja permite ver como los gallegos que residen en Galicia (nacidos e instalados en la comunidad) son 15.382 menos en el último año. La colectividad de los gallegos radicados en otras autonomías también ha descendido en otras 25.288 personas. Y por último, los gallegos que viven en el extranjero son al mismo tiempo menos y más. Son menos los que viven en otros países y que nacieron en Galicia (-2.626), pero son más los descendientes de los emigrados que, nacidos ya fuera, han adquirido la nacionalidad a través de la transmisión de sus padres y abuelos. Son 3.157 gallegos más los que en los últimos doce meses han adquirido esa condición de nacionalizado español con referencia a alguna provincia gallega como procedencia de sus ancestros. En total, las segundas, terceras y cuartas generaciones de gallegos en el exterior suman ya 369.067 personas, mientras que los que nacieron en la comunidad y residen en el extranjero son 150.579.

Unos y otros pueden votar en comicios generales en España, europeos y autonómicos, pero no en los municipales, si bien para hacerlo en las citas anteriores tienen que rogar esa participación cruzando con la administración electoral hasta tres envíos postales. El llamado voto rogado es una de las normas electorales sobre las que se ha alcanzado un compromiso de eliminación en el pacto de Gobierno entre PSOE y Unidas Podemos, si bien prácticamente todo el arco parlamentario también ha mostrado su respaldo a la erradicación de un sistema que ha hecho bajar la participación electoral a menos del 5 % entre los emigrados por las dificultades para votar.

En seis comunidades al alza

Aunque la tónica general de la emigración al resto de España es descendente, la presencia de gallegos sí ha aumentado en seis comunidades: Baleares, Canarias, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, Madrid y Navarra. Sigue siendo la comunidad madrileña el principal foco de atracción (78.200 gallegos viven allí), por delante desde el 2011 de Cataluña, donde ahora residen otros 69.058. Desde el 2017 la colonia gallega en las cuatro provincias catalanas ha bajado en 2.508 personas. En cambio, desde ese mismo año de referencia la diáspora gallega ha vuelto a aumentar en Canarias tras caer radicalmente con la crisis económica anterior.

Carlos Urgal
Carlos Urgal

carlos urgal, gallego que vive en madagascar

«En mi barco tengo tres compañeros gallegos que también se han casado aquí»

Solo un gallego consta en el censo de residentes españoles en Madagascar y, sin embargo, la realidad es bien distinta. Lo asegura Carlos Urgal que, además, no es nuevo en la isla africana. Allí desembarcó por primera vez en los ochenta y allí sigue, cuarenta años después, trabajando para la atunera vasca Albacora. Hace dos años se casó con una mujer de Antsiranana, así que la historia de este emigrante de Gondomar está ya unida a la de uno de los destinos más exóticos en los que hay emigrantes.

Y no está solo. El consulado español en la isla tiene constancia de un centenar de españoles presentes de forma permanente. «Sabemos que en Diego Suárez (actual Antsiranana) hay muchos marinos que pasan temporadas largas en la zona, vascos y gallegos en su mayoría. Uno de ellos es Carlos que, aunque pasa períodos en alta mar, tiene allí su casa. «Siempre venimos a descargar aquí y hace tres años conocí a mi actual mujer». Aunque pasan tiempo navegando, en estos momentos se encuentran en dique trabajando en tareas de mantenimiento. «En mi barco, tengo tres compañeros gallegos que también se han casado aquí», comenta. Pero explica que muchos no terminan de formalizar los papeles, lo que justifica la falta de datos oficiales. Él está tramitando el visado de su mujer para que pueda coger la nacionalidad española.

Su régimen laboral consiste en cuatro meses de trabajo y cuatro de vacaciones, en los que aprovecha para viajar a Galicia para visitar a su madre y a sus dos hijas, fruto de un anterior matrimonio; ahora también es más fácil salvar las distancias que hace años: «Antes solo podíamos hablar una vez a la semana, ahora podemos llamar todos los días». De su nueva tierra destaca la amabilidad de la gente y la belleza de los paisajes, aunque reconoce que también se ve mucha pobreza: «Las carreteras no están muy bien y hay muchas chabolas». En cualquier caso, no duda de que su destino seguirá entre Galicia y Madagascar.

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