«Tuve claro que quería ser uróloga, es una especialidad muy amplia»

GALICIA

Sara Martínez Breijo es uróloga en el Chuac
Sara Martínez Breijo es uróloga en el Chuac MARCOS MÍGUEZ

Paula Román Pena, neurocirujana, y Sara Martínez Breijo, uróloga, aún son minoría en sus áreas

19 ene 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando Sara Martínez comenzó la residencia de urología en el Chuac, hace quince años, solo había tres mujeres en el servicio: ella, otra residente, y una facultativa que ya se jubiló, pionera entre las urólogas españolas. Ahora la mitad de las residentes ya son chicas, y aunque sigue siendo la especialidad médica menos feminizada, cada año va aumentando el porcentaje.

Sara no tuvo dudas desde que hizo prácticas y preparó el mir, «tuve claro que quería ser uróloga, es una especialidad muy amplia y desconocida para la población en general, e incluso para algún sanitario». En su familia hubo sorpresa cuando eligió la especialidad, «al principio llamó la atención, ahora en absoluto, porque se dan cuenta de que efectivamente es una especialidad bonita y muy interesante». Y es que a veces, apunta, hay quien cree que solo se trata a varones, cuando en urología se abordan numerosas patologías como el tumor de riñón o la litiasis. Sí recuerda que cuando acudía a los primeros congresos «apenas había mujeres y casi nos conocíamos de vista, ahora es imposible». Sobre los pacientes, dice, «ellos buscan una buena atención, y si esta es ofrecida por parte del profesional no tienen ningún problema».

Paula Román trabaja como neurocirujana en el CHUS
Paula Román trabaja como neurocirujana en el CHUS Sandra Alonso

Una especialidad «exigente»

En el servicio de neurocirugía del CHUS hay nueve médicos adjuntos, y un tercio ya son mujeres. Una de ellas es Paula Román. Cuando empezó la residencia, en el 2012, no había ninguna adjunta, pero todas sus compañeras mir eran mujeres. Es un reflejo muy claro de cómo las facultativas han ido incorporándose a las especialidades que estaban más masculinizadas como esta. Se decantó porque le gusta el cerebro y las patologías neurológicas, «pero no me veía en una consulta todo el día, me gusta el quirófano. Además, es una especialidad con mucha proyección y mucho campo en el que avanzar». Como anécdota recuerda que, tras hacer el examen mir, visitó el servicio de neurocirugía de varios hospitales y le insistieron en que era una especialidad muy exigente, «que había que dedicarle muchas horas», como si una mujer no pudiese hacerlo.