El Gobierno rectifica y, como mínimo hasta el 31 de marzo, recupera la venta de billetes en las estaciones

La medida afecta a ocho terminales gallegas en las que se habían cerrado las ventanillas

La venta de billetes presencial volvió a estaciones como la de Guillarei, en Tui
La venta de billetes presencial volvió a estaciones como la de Guillarei, en Tui

redacción / la voz

Los responsables de Circulación de ocho estaciones gallegas en las que el pasado 1 de enero se había clausurado la venta presencial de billetes -Guillarei, Redondela, Ribadavia, O Carballiño, Sarria, Ortigueira, Viveiro y Burela- han recibido hoy una instrucción del ADIF por la que se decide mantener las ventanillas abiertas como mínimo hasta el 31 de marzo, de forma que estos factores que realizan labores de control de la circulación de trenes volverán a atender a los viajeros que desean comprar su título de viaje en estas terminales.

La orden partió de la cúpula del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (antiguo Ministerio de Fomento), que intercedió en el complejo modelo que compartían Renfe y el ADIF para mantener la venta en estaciones pequeñas con personal del administrador ferroviario, algo que debería caducar a finales de año con la liberalización de distintas conexiones de larga distancia, en la que diversas empresas competirán con Renfe. Además, el Gobierno constató que las alternativas dispuestas por la operadora ferroviaria pública para vender sus billetes, concretamente las máquinas de autoventa instaladas en estas estaciones, o no funcionaban o no eran fáciles de utilizar por parte de los usuarios de más edad. Este periódico pudo comprobar in situ que muchas de ellas tenían el cartel de «fuera de servicio» porque carecían de conexión con los servidores centrales.

Fecha provisional

Distintas fuentes confirmaron a este periódico que la fecha del 31 de marzo es en principio provisional, y que es muy probable que la venta presencial siga en las mismas condiciones al menos hasta junio. La idea es habilitar un período de transición para que Renfe se organice y pueda prestar este servicio con sus propios medios. La operadora pública había anunciado, no obstante, que Renfe solo tenía la intención de mantener las ventanillas en aquellas estaciones por las que pasen al menos unos cien viajeros al día y tengan un «determinado volumen de venta» en dichas taquillas, unas condiciones que no cumplían ninguna de las ocho estaciones gallegas, pues la que más viajeros subidos al tren tenía era la de Redondela, y no llegaba a cincuenta.

Lo cierto es que durante las negociaciones para la investidura se pactó con Teruel Existe la reapertura de los canales de venta tradicionales en las estaciones con menos de cien viajeros diarios, pero no solo en la provincia aragonesa, sino en toda la España vaciada. La medida fijaba este período de transición en seis meses, pero no está claro si Renfe podrá asumir la venta presencial más adelante. Por tanto, esta orden afecta a las 140 estaciones españolas donde se cerraron las ventanillas a principios de año.

En un futuro, parece que se mantendría la venta a través de convenios con administraciones locales (ayuntamientos, diputaciones o comunidades) que estarían interesados en conservar este servicio, aunque lógicamente se supone que tendrían que colaborar en su sostenimiento económico. Lo que está claro es que el ADIF no podrá seguir prestando este servicio más allá de diciembre de este año de acuerdo con las directivas comunitarias para la liberalizar el transporte ferroviario de viajeros de larga distancia.

La orden fue ejecutada de inmediato en estaciones como la de Guillarei, en Tui, pero aún no ha comenzado en otras como la de Sarria, informa la Delegación de La Voz en Lugo.

El país de las estaciones fantasmas

pablo gonzález
Un empleado del ADIF despacha billetes en la estación de Viveiro horas antes de que se suspenda la venta presencial
Un empleado del ADIF despacha billetes en la estación de Viveiro horas antes de que se suspenda la venta presencial

La decisión de eliminar la venta de billetes en ocho estaciones más choca con el discurso del Gobierno sobre la España vaciada

Recorrer las estaciones rurales de la línea convencional que une Ourense con Zamora, que alcanzará una incierta jubilación cuando se estrene la conexión de alta velocidad, produce una sensación contradictoria. Algunas son fantasmales edificios de bella factura, pero sin viajeros ni personal y con apenas una parada al día. Otras se reinventan con restaurantes y otros negocios de hostelería, apoyados por la Diputación de Ourense, en un plan para revitalizar estas terminales.

Las estaciones son, sin embargo, los últimos edificios del Estado en la España vaciada, junto a las oficinas de Correos o algunos cuarteles de la Guardia Civil. Y la decisión del ADIF de eliminar la venta de billetes en ocho estaciones más (Guillarei, Redondela, O Carballiño, Sarria, Ribadavia, Ortigueira, Burela y Viveiro), poblaciones todas de indudable relevancia, añade dramatismo a este proceso para convertir unos espacios que estaban muy vivos a mediados del siglo pasado en edificios sin alma, donde prácticamente ha desaparecido el factor humano. Las máquinas de autoventa sustituirán a los últimos empleados, al margen de los que se encargan de la seguridad en la circulación. Y las oficinas de Correos, con su capilaridad y penetración, asumirán ahora la expedición de títulos de viaje. No es tanto que la población mayor de estas zonas tengan que acostumbrarse a estos cambios o quedarse sin el elemento humano que les proporcionaba información o auxilio. Es el efecto simbólico de la huida de la Administración de estos territorios. El sindicato CGT resumió este proceso que lleva años en marcha como un plan para convertir las estaciones en edificios «fantasma», sin personal que atienda a los viajeros.

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