Amigos cercanos al coruñés asesinado en Filipinas aseguran que Diego era víctima de un soborno

El entorno de Deigo Bello lleva el caso al Congreso y, en unos días, llegará a la UE


a coruña / la voz

La familia del coruñés Diego Bello continúa a la espera de que las autoridades filipinas entreguen el cuerpo al personal diplomático de la embajada española, que será el encargado de tramitar todo el papeleo para su repatriación. De hecho, todo está listo. Solo falta que el gobierno del país asiático dé al fin el paso. Hoy se cumple una semana de su muerte y todavía falta que le realicen la autopsia. Se sabe que el cadáver se encuentra ya en Manila. El tiempo no está en manos de las autoridades españolas, si bien ha trascendido de que el cónsul lleva muchos días intentando acelerarlo todo para que los allegados del joven empresario coruñés puedan tenerlo pronto consigo.

Eso es ahora lo más importante. Luego, sus amigos y la amplia colonia española que hay en la isla de Siargao, donde Diego Bello tenía sus negocios, exigirán una investigación. Pero saben que desde dentro no podrán llegar muy lejos, de ahí que pidan a los organismos internacionales, a la Unión Europea y a los distintos gobiernos que presionen a las autoridades filipinas para limpiar el nombre del fallecido y que se haga justicia.

Un surfista coruñés conocido como Olito, Oliver Méndez, envió una carta la semana pasada a Fernando Heredia Noguer, cónsul general de España en Manila. Le pide que «haga todo aquello que esté a su alcance para que se pueda esclarecer qué ha ocurrido de verdad». Este deportista que recientemente visitó a Diego en Filipinas destaca que su amigo «falleció de una forma digna y honrada», y destaca que «la única arma que utilizó Diego en su vida fue el cariño y su sonrisa hacia los demás».

«Creemos que le han arrebatado la vida de forma injusta», añade, y se hace eco de una versión muy extendida entre el entorno de Diego Bello y la comunidad surfista de todo el mundo: que la policía «ha seguido las órdenes de alguna persona con mucho poder a la que Diego y el éxito de sus negocios perjudicaban».

Las voces del mundo del surf y de sus amigos repartidos por todo el mundo ponen el acento en un soborno. Al igual que los extranjeros que viven en la isla donde mataron a Diego. Pero estos últimos tienen miedo a represalias «en un país donde la vida no vale nada». Algunos sabían que estaba siendo extorsionado y que el fallecido lo llegó a comentar a alguno de ellos. También que no estaba dispuesto a someterse a las amenazas.

Su muerte llega al Congreso y lo hará en unos días a la UE

El mundo del surf, así como los allegados y amigos de Diego Bello se están moviendo intensamente y no quieren que su muerte caiga en el olvido. Distintas formaciones políticas, como el PSOE o el PP, llevarán al Congreso de los Diputados el asunto. La diputada popular María Valentina Martínez Ferro ya elevó una pregunta al Gobierno: «¿Qué gestiones se están haciendo para esclarecer el fallecimiento del coruñés Diego Bello en Filipinas?».

Asimismo, parlamentarios gallegos en la sede de la UE también quieren que se investiguen los hechos y que sea la comisión de Derechos Humanos la que fuerce a Filipinas a dar una respuesta.

«Desde los 17 años no hizo más que recorrer el mundo trabajando sin descanso hasta que encontró el paraíso donde lo mataron»

Alberto Mahía
Diego Bello Lafuente fue imagen de una de las campañas del equipo y también jugador de categorías inferiores, como ayer recordó el propio club a través de las redes sociales: «Deportivista con todas as letras e home de mar, DEP»
Diego Bello Lafuente fue imagen de una de las campañas del equipo y también jugador de categorías inferiores, como ayer recordó el propio club a través de las redes sociales: «Deportivista con todas as letras e home de mar, DEP»

Amigos y familiares relatan cómo fue la vida de Diego Bello y cómo se hizo con un pequeño imperio turístico en la isla de Siargao

Diego Bello Lafuente no hizo otra cosa en su vida que trabajar. Hizo de todo. Desde ayudar a sus padres en la tienda de artesanía que tienen en Santiago durante los últimos veranos, a ser taxista, camarero, modelo, dependiente de tienda de moda, monitor de buceo, profesor de surf, restaurador y hotelero. 

A todo eso le dio tiempo en sus 32 años de vida porque no paró desde los 17 años, cuando se fue a Londres a aprender inglés. Luego a Honduras, Australia y Tailandia hasta que fijó su residencia en Filipinas.

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