Feijoo agita el fantasma del bipartito

El presidente prepara la munición para la precampaña gallega

Touriño, presidente del bipartito que gobernó Galicia entre el 2005 y el 2009, y Feijoo, en una imagen del 2016
Touriño, presidente del bipartito que gobernó Galicia entre el 2005 y el 2009, y Feijoo, en una imagen del 2016

Redacción - La Voz

Lo avisaba un dirigente del PSdeG, ahora ya en la reserva, a la altura del año 2010: «Si permitimos que Feijoo llegue a las elecciones hablando del bipartito, volverá a ganar». Y ocurrió. El líder de los populares gallegos utilizó convenientemente la crónica más grotesca de la coalición formada por Touriño y Quintana en la antesala de las autonómicas del 2012, y no le fue mal. Volvió a hacerlo en las del 2016, alertando que podía llegar un pentapartito, y sigue sacando petróleo del mismo pozo en el 2020. El jueves pasado convirtió al binomio Pedro Sánchez-Pablo Iglesias en el bipartito de la Xunta. «No puede empezar peor; no es un Gobierno de coalición, son dos gobiernos», dijo, preparando la munición para la precampaña gallega.

La falta de unidad y de cohesión en un Ejecutivo es algo penalizado en las urnas. Todos lo saben. Por eso el PSOE y Podemos negociaron un protocolo con 20 puntos para evitar las críticas mutuas, «solventar las discrepancias que puedan surgir» y trazar una política de comunicación conjunta. También el bipartito gallego disponía de un instrumento parecido, y eso no impidió que desde la parcela de Gobierno del BNG boicotearan la web institucional de la Xunta y vetaran en sus ruedas de prensa al Telexornal de la TVG que controlaba el PSOE, ni que el presidente Touriño, durante un congreso socialista celebrado en Madrid, abroncara públicamente a una corresponsal de la Radio Galega convencido de que era una emisaria del Bloque.

Hay errores de bulto que se siguen pagando muchos años después. Y Feijoo no tiene por costumbre pasarlos por alto. Es probable que el líder del PPdeG haya dedicado más horas de su vida a mentar la memoria del bipartito que cualquiera de los protagonistas de aquel gabinete. Y eso que el bipartito también tuvo sus aciertos, lo que ocurre es que los líderes que se sucedieron a partir del 2009 en el PSdeG y en el BNG nunca se molestaron en construir un relato político con sus logros, dejándole este campo en exclusiva al PP.

Y por eso la palabra bipartito connota en Galicia disensión, rivalidad, zancadilla política. Evoca peleas por los carteles de las consellerías y órdagos lanzados por algún subordinado contra el presidente de la Xunta, espetándole que ya se enteraría de sus resoluciones al leer el Diario Oficial de Galicia.

Recordar el Gobierno de Touriño en esos términos once años después es un éxito del PP y de Feijoo, que, en el fondo, siguió el guion de sus predecesores. Manuel Fraga ganó las elecciones en 1989 cargando la escopeta contra el tripartito de Laxe y su conselleiro de Agricultura, Francisco Sineiro, por estar de vacaciones en Baleares mientras Galicia sufría la peor ola de incendios desde que existen datos. Lo siguió mentando 15 años después, cuando ya los socialistas contraatacaban al de Vilalba con que estuviera de cacería mientras el Prestige se partía en dos para regar de chapapote la costa gallega.

La habilidad que tengan ahora Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el PSOE y Podemos, para evitar sus fricciones va a influir muy directamente en las elecciones gallegas. El primer bipartito que se forma a nivel de Estado desde que se recuperó la democracia, y la relación con socios como el BNG, es el espejo en el que los gallegos verán reflejada la alternativa política a Feijoo.

Si PSOE-Podemos, junto con el BNG, logran exhibir una relación rodada y basada en la lealtad, es algo que podrán rentabilizar Gonzalo Caballero, Ana Pontón y quien sea el tercero en discordia. Si en cambio saltan chispas, no hay que descartar otro paseo triunfal de Feijoo.

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