Interior admite falta de funcionarios en las cárceles y propone suplirla con militares

Las plantillas denuncian la carencia de 111 trabajadores en las cinco prisiones de Galicia


VIGO / LA VOZ

Instituciones Penitenciarias ha pasado de negar la falta de funcionarios en las cárceles del Estado a proponer la incorporación de 2.000 soldados que finalizan su vínculo con el Ejército al cumplir 45 años. El globo sonda llegó el martes por correo electrónico a seis sindicatos. Lo remitió el subdirector general de recursos humanos de Instituciones Penitenciarias (Ministerio del Interior), Eugenio Arribas, con una propuesta de aumento de plantilla. Un golpe de timón desconocido por los trabajadores que confirma la carencia de funcionarios. La misma mengua que sindicatos y asociaciones denuncian hace años y que el mismo departamento de recursos humanos negó siempre.

La propuesta laboral ha levantado un sinfín de comentarios por su ambigüedad. Sí se sabe que es conjunta entre los ministerios de Interior y Defensa, a la vez que detalla que «las administraciones públicas podrán convocar, sin que computen a efectos de tasa de reposición, plazas de personal fijo que se dirijan de forma exclusiva a militares profesionales de tropa y marinería que se encuentren en los últimos diez años de su compromiso de larga duración y para los reservistas de especial disponibilidad que se encuentren percibiendo la asignación por disponibilidad en la cuantía y condiciones previstas».

La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) fue uno de los seis colectivos que recibió la propuesta laboral de Instituciones Penitenciarias. Su respuesta fue tajante: «Nunca, ni en la mesa delegada, ni en ninguna otra reunión, la Administración sacó el tema a debate». Mucho más incisiva fue la reacción de la Asociación Profesional de Funcionarios de Prisiones (APFP), que no forma parte de la mesa delegada y se pregunta «¿por qué los sindicatos de la mesa delegada no informan a los funcionarios de la propuesta de la Administración? ¿acaso ya han negociado y está pactado acoger a militares en centros penitenciarios? A cambio de qué...».

Media de edad elevada

A pie de celda, en las cinco cárceles de Galicia, la situación es la siguiente: los trabajadores denuncian la falta de 111 trabajadores, además de una media de edad muy elevada que condiciona el trabajo de las plantillas en situaciones extremas con presos violentos. Instituciones Penitenciarias negó hasta ahora esa realidad, alegaba que las cárceles fueron reduciendo su población reclusa, y que, en consecuencia, las plantillas actuales son proporcionales. Ahora, con el nuevo Gobierno de coalición en la Moncloa, el discurso es otro. Por concretar aún, pero totalmente opuesto.

Un alto funcionario de Instituciones Penitenciarias lo resumía ayer con acierto: «Se sabe poco o nada, y conocer la propuesta es muy importante para saber qué tareas realizarían los militares. ¿Estarán en un módulo u otro? Solo eso ya supone un cambio muy sustancial de funciones dentro de prisiones. Los sindicatos, por ahora, ponen el grito en el cielo pero les falta información para concretar sus protestas. Nosotros mismos tampoco la tenemos para saber si estarán en módulos en los que hace falta la formación que implica aprobar la oposición, más allá de que sean militares. No todo es fuerza».

Una de las cuestiones que están sobre la mesa, pero sin confirmar o desmentir por Interior, es si los militares prestarían labores de vigilancia en el exterior de las prisiones. La duda concreta evidencia hasta qué punto se ha quedado obsoleto el reglamento penitenciario. Basta decir que ese punto se regula por una parte del reglamento penitenciario de 1981, otras cuestiones se gestionan por el de 1984, y que el definitivo (que recoge esos artículos pretéritos) se aprobó hace 24 años, en 1996.

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Todo tiene precio entre rejas, pero no todo se paga siempre con dinero. «Hasta de una dosis de metadona, de las que damos en vaso de chupito, sacan algo». Lo relata un funcionario de prisiones con 20 años de experiencia entre A Lama (Pontevedra) y Teixeiro (A Coruña): «Se meten algodón en un lateral de la boca y, al beber la metadona, la orientan a ese mismo lado para que el algodón la absorba. Luego lo escurren en algún recipiente y venden ese líquido». La treta, añade el trabajador junto a más compañeros, es solo la punta del iceberg del día a día en los cinco centros penitenciarios de Galicia. Principalmente en A Lama y Teixeiro, más modernos, grandes y con presos más peligrosos que los de Bonxe y Monterroso, en Lugo, y Pereiro, en Ourense.

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