Los políticos gallegos, sin vacaciones hasta finales del 2020

Más allá de la formación del Gobierno central, Galicia afrontará el año próximo su propia cita con las urnas

Políticos de Grupo Común da Esquerda y PP en actitud distendida en el último pleno del Parlamento
Políticos de Grupo Común da Esquerda y PP en actitud distendida en el último pleno del Parlamento

Descansa ahora que puedes. Y no te vayas muy lejos. Con todas las reservas sobre la literalidad, son las dos recomendaciones que más se han escuchado estos días en los gabinetes políticos de Galicia. Tradicionalmente, la primera parte del curso se cierra con el mensaje del presidente de la Xunta del 31 de diciembre y con sus reacciones, y, salvo noticia de alcance, nada se mueve hasta después de Reyes. Con la agenda despejada de actos, sin reunión semanal del Ejecutivo ni actividad parlamentaria, los asesores de guardia mueven las cuentas en las redes sociales con premeditada baja intensidad mientras los jefes descansan con los suyos. Oriol Junqueras mediante, la primera semana del 2020 será la última de asueto de los políticos gallegos, que junto a los vascos son los únicos que tienen garantizado el horizonte electoral, al margen de otras inestabilidades.

Después iremos cuesta abajo y sin frenos hasta más allá de las urnas. No habrá paz ni en Semana Santa, pese a la tesis del secretario general del PP, que sostiene que cualquier mensaje político se diluye como un azucarillo en las familias cuando los niños están de vacaciones. Las fiestas caen en la segunda semana de abril, así que su jefe tiene un leve margen técnico para despejar su futuro en el primer trimestre del año, como anunció, o darle una última vuelta precisamente en esas jornadas. Lo que sucederá a continuación no sorprenderá a nadie: guerra sin cuartel y actividad orgánica a tope, incluidos sábados y domingos.

En agosto, listas y fiestas

La curva de intensidad se mantendrá muy alta en el Gobierno y la oposición durante toda la primavera, con un alocado mes de julio en el que se mezclarán los sofocos por cerrar el curso y los primeros calores. Si el presidente agota el calendario —Feijoo no tiene una campaña mejor que exprimir al máximo los presupuestos que entran en vigor este miércoles— a principios de agosto se anunciará la fecha electoral, obligando a activar las maquinarias de todos los partidos, que tendrán un margen relativamente escaso para confeccionar las dichosas listas, que tensionan hasta al último militante. Desconectar en Groenlandia viendo auroras boreales es un buen plan, pero una mala idea si de lo que se trata es de negociar un puesto de salida. Mejor pasarse por toda cuanta romería haya en la circunscripción y hacer lo que sea costumbre.

La precampaña se tragará el inicio del curso político y todo el foco se pondrá en una fecha que nada más que por lógica se situaría entre el domingo 27 de septiembre y el 18 de octubre, saltándose el festivo del 12, que cae en lunes. Sea cual sea la decisión de los gallegos, con ese calendario la investidura no llegaría hasta bien avanzado el mes de noviembre, así que en el mejor de los casos el descanso, el de los políticos y el de los ciudadanos, no llegará hasta el puente de diciembre. Reserven sus destinos.

Galicia en Común no pestañea

La hipotética investidura y los nombramientos de cargos tienen a Galicia en Común sin pestañear. Esquerda Unida y Anova esperarán pacientes a que pase el trance para recomponer otra vez la izquierda rupturista.

Por su felicitación lo reconoceréis

El postureo político se ha asentado en las felicitaciones. Republicanos, ecologistas, conservadores y progres de nuevo cuño se han empeñado en hacer difícil lo más sencillo: desear lo mejor en esta fechas con naturalidad.

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