Caballero, Pontón y... ¿quién será el tercero?

Eva Solla asoma la cabeza para liderar el espacio rupturista, pero con pocas bazas para ser candidata

Eva Solla, cuando presentó su candidatura para las autonómicas
Eva Solla, cuando presentó su candidatura para las autonómicas

Santiago / la Voz

Corría el mes de agosto, era domingo y faltaba apenas un mes y medio para las elecciones autonómicas del 2016, las que le dieron a Feijoo su tercera mayoría absoluta. La entonces líder de Podemos en Galicia, Carmen Santos, saltaba a la arena en un hotel de Santiago para presentar a la que pretendía fuera su aspirante a la presidencia de la Xunta, la socióloga Magdalena Barahona, quien después ni fue candidata ni tuvo proyección alguna en los dos años que ejerció de diputada antes de renunciar al escaño por motivos de salud.

Las cosas no son como empiezan, sino en lo que acaban. Y en la nueva política, más. La coordinadora nacional de Esquerda Unida, Eva Solla, culminó esta semana una maniobra parecida para postularse, junto a un puñado de compañeras, como cabeza visible del rupturismo a la presidencia de la Xunta. Tiene las mismas posibilidades que tuvo Barahona. Muy pocas. A la socióloga viguesa se la llevó por delante un tuit publicado por Pablo Iglesias para imponer un acuerdo con En Marea bajo el cartel de Luís Villares. Y en las filas de Podemos, Anova y sus candidaturas satélites hay unos cuantos perfiles decididos a hacer lo mismo con Eva Solla.

Yolanda Díaz, Martiño Noriega, Xulio Ferreiro, Antón Gómez-Reino, Manuel Lago o incluso Carolina Bescansa son, aparte de Solla, algunos de los nombres que se manejan en la izquierda rupturista para construir la tercera pata de la alternativa a Feijoo, pues tanto el PSdeG de Gonzalo Caballero, elegido ya candidato a la Xunta, como el BNG de Ana Pontón, que será proclamada en breve, asumen que solo habrá un cambio político en Galicia si consiguen formar una alianza en torno a un tripartito.

En la bancada izquierda del Parlamento gallego han empezado a hacer cuentas. El BNG intentará aglutinar en los próximos meses los reductos del nacionalismo que hay fuera de su paraguas, especialmente en Anova y En Marea, mientras en el PSdeG cruzan los dedos para que no se produzca una proliferación de candidaturas a su izquierda, pues entienden que la fragmentación jugaría en favor del PP, y para no sufrir el desgaste de la gestión de un Gobierno de coalición del PSOE con Unidas Podemos, si finalmente logra arrancar.

En la dirección del PSdeG se ha instalado el optimismo y creen que el cambio político está prácticamente hecho, siempre y cuando los socialistas consigan alzarse con entre 20 y 22 escaños, frente a los catorce que tienen ahora. Entienden que el Bloque estaría en condiciones de elevar los suyos a 9 o 10, mientras que la izquierda rupturista se anotaría un número similar.

Todo esto suena a cuentas de la lechera, pues quedan diez meses para las elecciones autonómicas, y eso es un mundo. Caballero y Pontón todavía no saben quién será su aliado para dar la batalla frente al PPdeG. Y la suerte de la izquierda rupturista va a depender en gran medida del perfil que elijan para completar el tridente.

Eva Solla es la única que dio un paso al frente, quizás más para asegurar puestos en las futuras listas que para ser la candidata a la Xunta. Los demás esperan. Aguarda Yolanda Díaz a que se forme Gobierno por si le cae una cartera ministerial que potenciaría su perfil en Galicia, y aguarda también Martiño Noriega, que suele contar entre sus cartas con el comodín de Beiras.

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