La Xunta maneja una bolsa de 145.000 aspirantes a cubrir puestos temporales

Juan María Capeáns Garrido
Juan CApeáns SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

miguel souto

Este año ha llamado a 33.600 personas, que son penalizadas si no se incorporan

08 dic 2019 . Actualizado a las 10:31 h.

La Xunta maneja un listado de 145.000 personas inscritas —algunas en varias listas— que esperan una llamada para integrarse en la plantilla autonómica con carácter de personal laboral temporal o interinos, un alivio por tiempo limitado que puede convertirse en un pequeño tesoro si se acumula antigüedad y se aprovecha para realizar cursos específicos de la Administración gallega, que pueden ser decisivos en un concurso-oposición.

El dinamismo que han adquirido las ofertas públicas de empleo de la Xunta en los últimos meses, con un sistema abierto a todo tipo de concurrentes, ha puesto en la picota a un colectivo al que los opositores por libre ven con clara ventaja competitiva, como reconoció la pasada semana Feijoo. Esa situación no se da tanto en la fase de oposición, en la que todos luchan por obtener la mejor nota y superar el corte, como en la de concurso, en la que los interinos mejoran su valoración por los méritos acumulados. «Son imbatibles», afirmó el presidente, que aclara que el modelo de concurso-oposición es el que utilizan la mayoría de las administraciones y está consensuado con los sindicatos.

Pero no todo es viento a favor para los interinos. Las listas de trabajo temporal de la Xunta tienen un funcionamiento complejo que obligó a poner unas estrictas normas para cubrir las ausencias o bajas en los servicios públicos, circunstancias «azarosas», según Facenda, que requieren de plena disponibilidad. Entre las reglas más delicadas está la suspensión de las listas durante un año si el aspirante no contesta a la oferta de empleo realizada. Unas tres mil personas se quedan fuera de juego cada año por este motivo (3.193 en el 2018), una cifra que crece ligeramente cada ejercicio, circunstancia que responde sobre todo al mejor comportamiento del mercado laboral en el ámbito privado.

Puestos poco atractivos

El mayor problema con el que se encuentra Facenda, responsable último del personal autonómico, es la cobertura de las plazas menos atractivas o las que se ofrecen en localidades distantes de los grandes núcleos de población, o bien por tener condiciones de trabajo o jornadas más duras. Muchos de esos puestos son «prioritarios» y la Xunta los necesita cubrir en el menor tiempo posible para garantizar el correcto funcionamiento de los servicios.

Los principales motivos que han llevado a Facenda a penalizar a más de tres mil aspirantes cada año suelen repetirse. No presentarse a la citación cuando correspondía por orden de prelación; no aceptar la plaza ofertada; la exclusión temporal o definitiva de las listas en casos de sanción administrativa, que pudiera darse por un despido disciplinario o la separación del servicio; o por la renuncia expresa al puesto adjudicado una vez seleccionado.

Pero hay formas legales para esquivar la sanción de un año si, por ejemplo, el interesado tiene otro puesto de trabajo y no quiere dejarlo en ese momento. «Poden solicitar a suspensión temporal de chamamentos», aclaran desde la consellería, lo que permite al aspirante mantener su posición en las listas.

Las listas reguladas que generan más movimiento de empleo temporal son las que alimentan los centros de bienestar, el servicio de lucha contraincendios, los veterinarios y el personal administrativo de las consellerías. En lo que va de año, la Xunta ha tramitado 33.600 notificaciones, y lo sigue haciendo por carta a pesar de que un reciente decreto abría la posibilidad de implantar un sistema para agilizar los avisos por medios digitales como el SMS. La «complexidade» de la plataforma obligó a aplazar varios meses esta vía.

El nuevo sindicato de funcionarios pide convocatorias de acceso libre independientes de los concursos-oposición

Las quejas de los opositores por libre que han aflorado en las últimas semanas centran sus críticas en el sistema de concurso-oposición, que mete en un mismo saco a todos los aspirantes en la fase de oposición. Pero, una vez superada esta, entran en juego elementos como la antigüedad o la formación administrativa, lo que puede dejar sin plaza a concurrentes que tengan mejor nota pero que no reúnen méritos al no haber trabajado nunca para la Xunta, cuestión que ha generado frustración entre los estudiantes.