El Obispado aparta a un párroco de Avión investigado por abusos pero defiende su «buena fama»

Se trata del tercer caso que se conoce en los últimos meses en la provincia

Vista del municipio ourensano de Avión
Vista del municipio ourensano de Avión

ourense / la voz

Por tercera vez desde marzo, el Obispado de Ourense ha tenido que apartar del ejercicio sacerdotal a un párroco de su diócesis tras ser denunciado por abusos a un menor. Así lo ha comunicado la institución un día después de que La Voz hiciese público que el Juzgado de Ribadavia quiere sentar en el banquillo a un religioso con destino en varias parroquias del municipio de Avión, por considerar que existen indicios de que pudo incurrir en un delito de abusos sexual hacia un niño de 10 años al que formaba para recibir la primera comunión.

En el comunicado se indica que en el año 2017, cuando se interpuso la denuncia, se apartó «cautelarmente del ejercicio público del ministerio pastoral a este sacerdote y se inició el proceso de investigación canónica». Explica que ese proceso concluyó «sin que apareciesen indicios sólidos en su contra», por lo que teniendo en cuenta además, «el apoyo y la solicitud de los fieles por el sacerdote», se le reintegró de nuevo a su labor pastoral, si bien «con ciertas restricciones y continuando la colaboración con la acción de la justicia respecto al procedimiento judicial».

Medida cautelar

A la vista de que el resultado de las instrucción judicial ha sido otro —el auto del juzgado de Ribadavia considera que sí pudo haber delito de abusos sexuales y pide que la causa penal en su contra continúe— el obispo de Ourense, Leonardo Lemos, se habría puesto en contacto otra vez con el investigado, «acordando de nuevo apartarlo de forma cautelar del ejercicio». Lo hacen, explican, «con el fin de evitar el escándalo, defender la libertad de los testigos y garantizar el curso de la justicia mientras el procedimiento no concluya».

Dejan claro, eso sí, que en su opinión «esta investigación no debe poner en peligro la buena fama de este sacerdote» y reiteran el derecho que le asiste «a la presunción de inocencia», lamentando «el posible daño causado a la víctima y a su familia».

Los hechos por los que se investiga al sacerdote, de 47 años, ocurrieron supuestamente en el verano del año 2006, cuando se le encomendó formar a un niño de diez años para recibir el sacramento. El sacerdote habría excluido al menor del grupo de chavales en su misma situación y le habría dado clases en su casa, donde lo habría sometido a «tocamientos en el muslo, diciéndole que tenía una pierna bonita, o de forma también lasciva en los hombros, [...] o llegando a recibirlo en ropa interior, acariciándolo primero en la pierna y luego en los genitales». El menor nunca contó lo ocurrido hasta diez años después, cuando se sinceró con sus tíos y se puso la denuncia. El sacerdote ha recurrido el auto de apertura de juicio oral.

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