Cientos de curiosos en el balcón de Ares bajo una granizada

En ese punto clave para el refugio de barcos hasta volvieron a asomar banderas de Nunca Máis con el BNG


ares / la voz

La noticia se extendió como la pólvora. Los primeros mensajes sobre el accidente circularon antes de la medianoche del viernes y las imágenes del suceso no hicieron sino alimentar el interés por saber de primera mano qué sucedía, observar el despliegue por tierra, mar y aire para intentar remolcar el barco quimiquero que casi se tocaba con las manos y ver si su casco aguantaba el movimiento. Ni siquiera la lluvia y el granizo que caían frenaron a los curiosos.

Desde primera hora de la mañana del sábado, las inmediaciones de las islas Mirandas se convirtieron en el centro neurálgico de Ares y en punto de visita obligada en la comarca de Ferrol. El litoral de la parroquia de Lubre se convirtió en un ir y venir de curiosos: primero llegaban a cuentagotas y, después del mediodía, alertados de que el nuevo intento de remolque se produciría sobre la una, en tromba.

Jóvenes, gente de mediana edad que rememoraba anteriores catástrofes marítimas y ecológicas, personas mayores que avanzaban con dificultad por el terreno encharcado abriéndose camino entre los helechos y los tojos que crecen en este tramo de costa habitualmente apacible y solitario para tener el mejor balcón.

Fue un día de intenso trabajo para los agentes de la Guardia Civil, obligados a acordonar los salientes del cantil más apetecibles y peligrosos. Y también para la Policía local y Protección Civil de Ares, ocupadas en las tareas de tratar de regular el acceso de cientos de coches a la pista rural que permite acercarse a la zona. Misión imposible.

Al mediodía se superaba el millar de curiosos. Entre ellos, muchos apasionados del mar, aficionados a la fotografía y biólogos como Joám Luis Ferreiro, miembro de la Sociedade Galega de Historia Natural, preocupado por el hecho de que no se quitara todo el combustible del buque, situado a menos de media milla de las Mirandas, «a zona de maior biodiversidade de todo o arco ártabro». Una inquietud que compartía Javier Cristobo, director del Centro Oceanográfico de Gijón y natural del municipio, que señalaba a pie de cantil que, «aínda que digan que todo está ben, o perigo sempre está aí, porque aínda que non sexa un Prestige ou un Urquiola, o combustible do barco tamén contamina».

A pocos metros, selfis. Decenas de técnicos proponiendo alternativas, y hasta una madre diciéndoles a su hijo, de pocos años de edad: «Esto es como una película de barquitos, cariño», mientras el menor se protegía de una lluvia que por momento arreciaba.

Tampoco faltaron los políticos. Además del alcalde aresano, que estuvo al pie del cañón tanto de madrugada como durante el día, se dejaron ver alcaldes y diputados del BNG, encabezados por Néstor Rego, que, con pancartas de Nunca Máis de fondo (las que nacieron tras el Prestige), reclamó para Galicia las competencias sobre salvamento y tráfico marítimo y el despliegue de barreras anticontaminación.

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