En directo con una familia abatida: «Que leven o buque ao inferno» 

Los Haz Soneira, de Muxía, viven de la venta del percebe desde hace quince años, pero esta semana se quedaron de la noche a la mañana sin su único medio de vida

Los miembros de la familia Haz Soneira en su casa de Muxía
Los miembros de la familia Haz Soneira en su casa de Muxía

Redacción

En el hogar de los Haz Soneira, en Muxía, comen seis personas. Antonio Haz Soneira, el padre, fue marinero antes de dedicarse al percebe, hace quince años. Lo había hecho también su abuelo y su bisabuelo. Cambió el barco por el preciado marisco casi al mismo tiempo que su hijo, Víctor Haz Soneira. El hermano de Víctor, Alejandro, vive también del percebe, y su madre, Natalia, también. Y la familia se pierde en ramas que se pagan la vida con el fruto de las rocas. Víctor y Alejandro están casados con percebeiras. Sus primos lo son también. Ayer en la casa de los Haz Soneira se vivió día de paro: al festivo obligaba el Prestige, el barco que tiñó de negro las rocas la Costa da Morte, vistiéndolas de luto después de rematar la economía de la zona.

Denominación de origen

Víctor Haz recuerda que hace quince años no había legislación alguna sobre los percebes, y que fueron unos cuantos los que lucharon por conservar aquella riqueza y convertirla en una fuente de ingresos estable. Estos días luchaban por conseguir una denominación de origen. Ahora esa lucha no sirve para nada, porque su puesto de trabajo ha desaparecido: «Que leven o barco ao inferno», dicen. Alejandro y Víctor llevan toda la jornada de reunión en reunión. El domingo con las cofradías, ayer con los políticos, ansiosos por saber qué se va a hacer para acabar con el drama. «Aos políticos —dice Alejandro—, non os necesitamos». Buscan a alguien que haga algo.

«Din que desta vez van pagar, pero nós o que queremos non é vivir das axudas, senón do noso propio traballo»

Ahí, sentados en la cocina de brazos cruzados, aseguran sentirse inútiles e impotentes. Si por ellos fuera ya estarían en las rocas limpiando. Eso mismo le dijeron ayer por la mañana al alcalde de Muxía, Alberto Blanco, al presidente de la Diputación, Torres Colomer, y al secretario xeral del PPdeG, Xesús Palmou.

«Se nos poñen os medios, nós mesmos podemos limpar as rochas; aínda non está todo perdido, podemos recoller o que quedou na area e nas rochas antes de que cheguen as mareas vivas e así salvar algo. Somos 78, e máis coas nosas familias», dicen. Ya lo habían sugerido el día antes. «Din que desta vez pagan as axudas, que poden ser 30 euros por día traballado», comenta Alejandro Haz. «Nós o que queremos —dice Víctor—non é vivir das axudas, senón do noso traballo».

«Aquí non hai nada. Se quedamos se esto, quedamos sen nada»

Los Haz Soneira son un ejemplo de familia condenada por la marea negra, pero su caso se repite en muchos hogares de Muxía, de Camelle, de Camariñas... «Aquí non hai fábricas —dice Víctor—; se nos quedamos sen esto quedamos sen nada».

El mar es el medio de vida de casi la mitad del pueblo, y también, dicen allá, el futuro de sus hijos, un negro futuro. «Os que queiran estudiar aínda poden ir facendo algo, pero os que non valen para eso, a ver que fan se non poden ir ao mar», explican.

Preocupación

En la casa de los Haz las caras están serias y preocupadas, con todos los miembros de la familia pendientes de cualquier información, de los rumores. Empresas holandesas, remolcadores franceses, muchos todoterrenos, gente de uniforme, militares, pero la playa a cuarenta metros de la puerta de su casa sigue negra, y la siguiente, la de Lourido, dos kilómetros más arriba, y las rocas del faro. «¿Limpan ou non limpan?», preguntan. Hoy para comer ya no hay pescado, pero lo peor es que no hay ingresos.

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