El turismo reflota el segundo tren más lento de España

Mientras agoniza la ruta Ferrol- A Coruña, la línea entre Lérida y La Pobla de Segur gana viajeros cada año


redacción / la voz

La línea ferroviaria que une Lérida y La Pobla de Segur cerró el 2014 con 78.467 viajeros. Cuatro años después, el 2018 finalizaba con 221.504 pasajeros. Y en este 2019 se superarán los 250.000. La combinación de la vertiente turística con el servicio de cercanías ha propiciado la recuperación de una ruta que es la segunda más lenta de España (56,2 kilómetros por hora), solo superada por la línea A Coruña-Ferrol, que ocupa el primer puesto en ese ránking con 55,1 kilómetros por hora, según publicó La Voz. El salto se produce en el 2016, cuando se alcanzan los 126.081 pasajeros frente a los 74.603 del año anterior. El crecimiento es vertiginoso y al año siguiente son ya 206.651 billetes vendidos, hasta llegar a la cifra con la que se cerró el 2018.

A Emili Monsó, jefe de la línea entre Lérida y La Pobla de Segur, ese segundo puesto entre los trenes más lentos le ha cogido por sorpresa. «Desconocía el detalle», dice. Pero tampoco le preocupa. «Es una línea de cercanías que tiene 17 paradas y por tanto es normal que tenga un tiempo medio más alto», explica. En todo caso, añade que «el tiempo de desplazamiento es muy competitivo, no solo comparándolo con otros servicios públicos, sino también con el coche particular». Y, de hecho, el índice de satisfacción del cliente es muy alto, un 81,20 %, dice, en una línea que además tiene la ventaja de que está bien enlazada con la alta velocidad. «Nuestros clientes valoran cada vez más el servicio», explica Monsó.

Son 89 kilómetros de trayecto con dos tramos muy diferentes. El primero, de unos 25 kilómetros, es el que une Lérida y Balaguer, una localidad de en torno a 20.000 habitantes con un contacto diario muy intenso con la capital de la provincia. Es en este trayecto donde se concentra la mayor cifra de viajeros, el 70 % de los usuarios. El segundo tramo atraviesa localidades de menor entidad y la cifra de usuarios es menor, así que Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña (FGC), el operador ferroviario de la Generalitat, decidió hace unos años darle una nueva vida poniendo en marcha un tren turístico panorámico para aprovechar la belleza y la riqueza natural de los paisajes que atraviesan las vías.

Buen enlace con la Alta Velocidad y un uso turístico para disfrutar del entorno son algunas de las claves

El recorrido, que tarda una hora y cincuenta minutos en hacerse, es «un espectáculo para el viajero», asegura Emili Monsó. El tren atraviesa el Prepirineo de Lérida: la Plana del Segre, el Montsec y cuatro lagos. Se llama, de hecho, el tren de los lagos. Son, además, convoys accesibles para que la experiencia no se cierre a nadie, destaca el responsable del servicio. Así se ha conseguido que «una línea en declive» haya «ido creciendo en número de viajeros desde el 2016».

Más atractivos

La vocación turística del tren de los lagos se refuerza con la promoción de los atractivos turísticos de los enclaves que atraviesa la ruta. De ellos habla Emili Monzó, pero se divulgan también en la propia web de la línea. Astronomía, rutas ornitológicas, naturaleza, turismo activo, geología, actividades culturales y, por supuesto, gastronomía, son algunas de las propuestas con las que se adereza la ruta. Hasta dinosaurios pueden ver los viajeros que se aventuren a visitar este trayecto, pues en el museo de Isona se expone, entre otras cosas, «una gran colección de huesos fósiles de dinosaurios y de huevos hallados en esta zona del Pallars».

El de los lagos no es el único tren turístico que ofrece la Generalitat. La experiencia tampoco es desconocida en Galicia, donde se pusieron en marcha hace unos años varias rutas turísticas en tren. Ninguna de ellas recorre las vías sobre las que se desplaza el tren más lento de España, el que une -tal vez sea oportuno decir separa- Ferrol y A Coruña.

Dos locomotoras «ye-ye» de 1968 completan la oferta

Entre los meses de abril y noviembre, los sábados, dos locomotoras diésel conocidas como «ye-ye» realizan el recorrido. A sus espaldas, cuatro vagones de época, un coche cafetería con barra y varias mesas y un furgón postal. Es el tren histórico, una oferta que «no deja de crecer» y cuyo secreto es tratar de llevar al viajero hacia atrás en el tiempo y hacerlo, al mismo tiempo, disfrutando de los paisajes que ofrece la ruta. Es una alternativa limitada a ocho meses al año un día a la semana, y por eso son necesarias las reservas. En el caso de los trenes panorámicos, este año circularon en los meses de julio y agosto.

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