Los vecinos de Muxía: «Levanteime da cama e atopeime co barco ó mirar pola fiestra»

Desde la costa se podía percibir a simple vista lo que estaba pasando con el Prestige

El cura y el alcalde de Muxía controlando las maniobras desde el Santuario da Virxe da Barca
El cura y el alcalde de Muxía controlando las maniobras desde el Santuario da Virxe da Barca

Redacción

Pedro Silva es buceador en Muxía. Ayer por lo mañana, como el resto de los habitantes de la zona, no podía creer lo que estaba viendo: delante de sus narices había un petrolero yéndose lentamente a pique. «Eu levanteime da cama e atopeime co barco ao mirar pola fiestra —comenta Silva—; podíanse ver ata os cabos dos remolcadores». Mientras lanoche anterior pocos prestaron especial atención a la noticia de un petrolero averiado a 30 millas de Fisterra, la constatación de que el buque viajó toda la noche a la deriva hasta acercarse al santuario de A Barca provocó una procesión de curiosos e incrédulos llegados de todas partes.

Numerosos prismáticos

A las diez de la mañana el barco alcanzó su punto más próximo a tierra. La gente no soltaba los prismáticos, ni en A Barca, ni en la Punta da Buitra, ni en Touriñán, desde donde se podía percibir perfectamente y a simple vista la situación por la que estaba pasando el Prestige, completamente escorado y flanqueado por varios remolcadores.

A las doce de la mañana una nube de humo salida de las chimeneas del petrolero fue, para José Antonio Toja, síntoma inequívoco de un último intento de encender las máquinas.

A esa hora el barco se alejaba poco a poco de Muxía. «Din que o capitán —comenta Silva—, negouse a enganchar o barco ata agora; se son eu, mándolle a policía e fóra». Nadie entiende que, conociendo la situación desde el día anterior, se hubiese llegado a tales extremos de angustia.

Antonio Toja, que se acercó a Muxía desde Laxe, tenía muy claro que si el barco se fuese a pique, la zona no podría hacer frente a la catástrofe. «Teríamos que facer as maletas e ir a buscar traballo noutro lado, porque non quedaría nada vivo no mar de aquí ata as Sisargas», explica.

Teríamos que facer as maletas e ir a buscar traballo noutro lado, porque non quedaría nada vivo no mar de aquí ata as Sisargas

En Muxía, los espectadores preguntaban a cada momento cuál era el mejor lugar para contemplar la catástrofe, y durante toda la mañana hubo un tránsito constante de una parte a otra del término municipal, entre chismes y rumores que anunciaban explosiones y prometían que habría más espectáculo que en el naufragio del Mar Egeo.

A las doce la expectación empezó a decaer: el Prestige se ocultaba entre la bruma y definitivamente se alejaba: a las tres de la tarde ya estaba a doce millas; a las cinco, a más de dieciséis y resultaba imposible verlo desde tierra.

Sólo los camiones de las televisiones se quedaron haciendo guardia en el puerto de Muxía.

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