Detienen a Mangouras, acusado de falta de colaboración y atentado ecológico

El Seprona arrestó al capitán del Prestige en cuanto llegó a tierra con el resto de la tripulación

La Guardia Civil se hizo cargo del capitán del petrolero nada más llegar a tierra
La Guardia Civil se hizo cargo del capitán del petrolero nada más llegar a tierra

Redacción

El helicóptero de Salvamento Helimer aterrizó ayer, a las 19 horas, en Alvedro. En él viajaban el capitán del Prestige y los otros ocho tripulantes que resistían a bordo del barco —entre ellos, el primer oficial y el jefe de máquinas—, además de los miembros de la empresa holandesa —Smit— que operaba en el interior del buque tratando de mantenerlo a flote.

En cuanto el capitán, Apostolos Mangouras, salió del interior del aeropuerto fue arrestado por una dotación del Seprona trasladada a la zona, dentro del contingente de más de diez agentes de la Guardia Civil que se encontraban en el lugar.

Denuncia

El motivo de la detención fue explicado más tarde por el delegado del Gobierno, Arsenio Fernández de Mesa: «Las autoridades marítimas habían formulado una denuncia contra él por desobediencia a la autoridad y un posible delito contra el ecosistema marino». Según fuentes del sector, Mangouras habría obstaculizado la labor del mecánico encargado de volver a poner en marcha los motores, que tampoco recibió la cooperación del jefe de máquinas. La medida no se tomó con anterioridad ya que los cuerpos de seguridad prefirieron aguardar a que el capitán llegara a tierra.

También explicó De Mesa que se esperaba que el arrestado pudiera suministrar datos «fundamentales» en la investigación acerca de lo ocurrido a bordo. Ni el detenido ni el resto de la tripulación quisieron hacer declaraciones, siguiendo instrucciones de la empresa.

EL EQUIPO DE RESCATE

«Hicimos un buen trabajo, todo lo que estaba en nuestras manos»

Los ocho miembros de la empresa holandesa Smit abandonaron el buque a las cinco de la tarde de ayer después de haber hecho todo lo posible por colocar el Prestige a 63 millas de la costa, a la deriva. Ya no queda nadie a bordo. Embarcaron a la una de la madrugada del jueves y desde entonces no han hecho otra cosa que trabajar a destajo. Ayer, a las ocho de la tarde, llegaron a descansar al hotel Riazor, en A Coruña. Aparecieron por el vestíbulo del hotel como salieron del barco, bañados en grasa. Y lo peor es que no tenían ropa limpia. Todas sus pertenencias quedaron en el buque, que, si se hunde, se llevará al fondo hasta sus documentos de identidad.

Hoy, la empresa tiene previsto enviar a dos de sus miembros al barco, a las ocho de la mañana, si es que antes no se lo ha tragado el mar. Un último intento de alejar todavía más de la costa el Prestige.

Los miembros del equipo de rescate no tuvieron otro percance que el de ayudar a un tripulante filipino que sufrió un fuerte golpe. Únicamente una frase antes de irse a dormir: «Hicimos un buen trabajo, todo lo que estaba en nuestras manos».

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