El Gran Hermano de los incendios

Un dispositivo de 110 cámaras permite a la Xunta controlar la posibilidad y el desarrollo de los siniestros forestales en más de la mitad del territorio


Santiago / La Voz

En la sala de control de la dirección xeral de Montes todo está tranquilo. Octubre está llegando a su fin con un notable régimen de precipitaciones y muy poco calor. Ni hay fuego en Galicia, ni se le espera. En un enorme panel de televisiones se aprecian las diferentes caras del día en 63 puntos de Galicia. Más o menos, la mitad del territorio. No hay ni rastro de humo, pese a que las imágenes se refrescan permanentemente. Mejor.

«Venimos de sufrir una media de entre diez y doce mil incendios anuales —apunta Tomás Fernández Couto, director xeral de Montes—. En 1995 fueron más de 15.000. Ahora estamos en una horquilla de tres mil o tres mil quinientos». No hay, sin embargo, triunfalismo en los argumentos del político: «El problema es que seguimos con una gran actividad incendiaria cuando hay condiciones extremas». En cualquier caso, las cámaras que vigilan Galicia se están convirtiendo en una herramienta de control, no solo para detectar el fuego, sino para vigilar su evolución e incluso ayudar en la detención de sus posibles autores.

El centro de control, tal y como está concebido actualmente, lleva dos años funcionando. ¿Han servido las imágenes para aportar pruebas contra los incendiarios? «Todavía no», admite Fernández Couto. Pero la calidad de las cámaras, su número y su manejabilidad, hacen prever que esas imágenes no tardarán mucho en pasar a formar parte de las pruebas a disposición del juez para encausar a incendiarios: «Esta es una nueva capacidad de la que podemos disponer y que nos proporciona mucha información», señala el responsable.

Líneas divergentes

Un funcionario explica sobre la pantalla como se manejan estas cámaras, muchas de ellas instaladas en recintos de Retegal, es decir, donde están los repetidores de la señal televisiva. En la pantalla de un ordenador y sobre un mapa, el punto que marca el emplazamiento de la cámara lanza dos líneas divergentes cuyo ángulo se abre más o menos en función del zoom que se aplica a la cámara. El resultado se aprecia en la pantalla de televisión. A medida que la imagen se aleja, en la pantalla el tiro de la cámara se amplía. Y viceversa. La imagen es capaz de detectar, por ejemplo, el movimiento de un vehículo, a veces un dato fundamental para determinar la autoría de un siniestro.

Las imágenes que llegan permanentemente al centro de control, donde pueden trabajar simultáneamente en los momentos de crisis hasta doce personas, son también fundamentales para dirigir el uso de los recursos de extinción, ya que muestran la evolución del fuego. La información que ofrecen se cruza con otros parámetros como los datos meteorológicos que aparecen en otra fila de pantallas, junto con diversos mapas. La sala es el corazón de un Gran Hermano en el que se manejan los datos más relevantes para la lucha contra los incendios.

Todas las imágenes llegan a este centro de control, pero no solo. Cada distrito tiene acceso a las imágenes que salen de sus áreas de influencia. Y cada centro provincial, también. En cualquier caso, las cámaras tiene también sus déficits. El principal, el humo; un aliado que muestra el inicio del fuego y su penacho revela con exactitud su intensidad y dirección. Pero cuando el incendio crece, el humo oculta lo que sucede debajo.

Sin duda, los crecientes recursos de este centro contribuirán a esa curva descendente en el número de incendios que Galicia registra anualmente: «A veces oímos hablar de negligencias como origen del fuego —explica el director xeral—, pero en verano no hay negligencias». Couto recuerda que existe un teléfono gratuito y anónimo (900 81 50 85) para dar cuenta de los incendios y los incendiarios y estimular la colaboración ciudadana, esencial: «Porque nosotros no podemos tener ojos en todas partes».

Los drones: la vigilancia que viene

El fuego es un recurso atávico. Malévolo y perverso, pero cuyo origen como instrumento para desbrozar, para abonar un terreno o simplemente para vengar una afrenta, se mantiene como hace mil años. Las formas para luchar contra él sí evolucionan. Las cámaras que vigilan Galicia son un ejemplo. Y los drones que está poniendo en marcha la consellería, otro. «Muy pronto nos van a permitir controlar el territorio también de noche», afirma Fernández Couto, director xeral de Montes. La caída del sol, en un día propicio para el fuego (cálido, seco y ventoso) marca la hora en la que los incendiarios se ponen en marcha, porque es el momento en que las cámaras no ven y los helicópteros no vuelan: «Pero los drones de hoy tienen más capacidad y son capaces de recorrer una mayor distancia». No solo eso. Los aparatos adquiridos por la Xunta son capaces de memorizar un itinerario. Es decir, los agentes forestales que están recibiendo formación como pilotos de drones serán capaces de hacerlos volar por un itinerario determinado y dejar que estos aparatos repliquen esa ruta de noche sin necesidad de ser guiados de nuevo. El avance supone una amenaza clara para los incendiarios, acostumbrados a refugiarse en la impunidad de la noche para prender el fuego.

Según los técnicos de la Xunta, estos nuevos aparatos son sumamente operativos ya que pueden cargarse en el conector de un coche y estar listos en una hora. Con un peso muy liviano pueden ser cargados fácilmente por un agente capacitado para hacerlos volar en territorios especialmente abruptos para que se conviertan en sus ojos, para controlar la evolución del fuego o para detectar quién fue el desalmado que lo inició.

La Universidad de Vigo trabaja en un vehículo no tripulado de apoyo en los incendios

La institución explora «vías de cooperación» con investigadores de la NASA que analizan los incendios en California

El nanosatélite Lume, lanzado por la Universidad de Vigo, sigue dando frutos. La entidad ha presentado hoy los resultados del proyecto Fire RS, que ha usado los datos recabados en el espacio junto a un sistema de detección y análisis a través de infrarrojos y de aviones no tripulados para desarrollar tecnología para luchar contra el fuego. 

Detrás del proyecto está Fernando Aguado, responsable de la Agrupación Estratégica Aeroespacial de la Universidad de Vigo, institución que coordina esta investigación, en la que también han participado la Universidade de Porto (Portugal) y el centro de investigación LAAS-CNRS de Toulouse (Francia), y ha contado con la colaboración de otras entidades, como la Xunta, la empresa Seganosa o la 'spin-off' Alén Space, según recoge Europa Press.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

El Gran Hermano de los incendios