El calendario mutante del AVE gallego

El retraso anunciado por Feijoo y desmentido por el ADIF llega en la recta final de la obra y después de otras cuatro fechas oficiales que incumplieron tanto el PSOE como el PP

Fraga, Aznar y Cascos colocando la primera piedra del eje atlántico de alta velocidad en julio del 2001
Fraga, Aznar y Cascos colocando la primera piedra del eje atlántico de alta velocidad en julio del 2001

Redacción / la voz

El AVE gallego habrá que agradecérselo a los dos partidos mayoritarios españoles, PP y PSOE, PSOE y PP, así como a distintos elementos de la sociedad civil que jugaron un papel clave en una obra cuya finalización está a la vuelta de la esquina. Y al BNG, con su largo y fructífero marcaje parlamentario al Gobierno de turno en el Congreso durante años. Los nacionalistas se libran de la responsabilidad de los retrasos, de las decepciones sucesivas que inauguró la socialista Magdalena Álvarez, después de que un asturiano del PP, Francisco Álvarez Cascos, prometiera un parque temático ferroviario para buscar el indulto por la gestión del Prestige.

Desde aquel Consejo de Ministros de A Coruña de enero del 2003, en el que Aznar presentó el Plan Galicia y se comprometió a que el AVE a Madrid se terminaría en el 2010, hubo otros cuatro cambios de fechas. El Gobierno de Zapatero retrasó el final de las obras al 2012. José Blanco firmó con Feijoo el pacto del Obradoiro, que situaba el final de la conexión con la Meseta en el 2015. Después llegó Rajoy, que situó a su amiga Ana Pastor al frente de Fomento para intentar garantizar que se terminaría en el 2018. El hombre que la sucedió al frente de Fomento, Íñigo de la Serna, pactó con Feijoo, tras un intenso regateo, que las obras del AVE se terminarían a finales de este 2019 para después iniciar las pruebas en el 2020, año en el que entraría en servicio. El actual ministro de Fomento asumió unos plazos que ahora la Xunta pone en cuestión, pese a que no se ha modificado oficialmente la fecha. «Chove sobre mollado», dijo estos días Feijoo para explicar que el celo del Gobierno autónomo tiene su raíz en una larga lista de agravios con los plazos.

Antes de todas estas tribulaciones cronológicas, fue con Cascos, aquel abrupto y vehemente político asturiano que más tarde abandonaría el PP, cuando empezó todo. El socialista José Blanco lo invitó en diciembre del 2011 a la inauguración del tren de alta velocidad doméstico, el eje Ourense-Santiago-A Coruña, que en el 2015 llegaría a Vigo revolucionando la movilidad en el eje atlántico gallego que tanto preocupaba a Manuel Fraga. Agradecía así el papel de un rival político en la modernización del ferrocarril gallego, especialmente en la tramitación administrativa y en las licitaciones. Fue uno de los escasos gestos de grandeza política en el devenir de este proyecto. El resto de la historia está jalonada de zancadillas, deslealtades y mentiras. Como la decepción que se llevó el presidente socialista Emilio Pérez Touriño cuando descubrió que Magdalena Álvarez tenía guardados «nun caixón» todos los proyectos entre Olmedo (Valladolid) y Lubián, a las puertas de Galicia. Antes, la ministra ya había pronunciado aquel mítico «Plan Galicia de mier...» y vaticinó que lo ejecutarían «como las obras de Extremadura». En eso sí que dijo la verdad y, además, acertó, pues ahí siguen las dos comunidades del oeste esperando por su tren. Entre el 2004 y el 2009 fue el período más negro para el AVE gallego.

Cuando la demora es positiva

Pero no todos los retrasos son negativos. En el 2009, en la tránsito de Magdalena Álvarez a José Blanco al frente del Ministerio de Fomento, se decidió modificar en profundidad el proyecto del tramo más complejo del nuevo acceso ferroviario de alta velocidad a Galicia, el que va desde Lubián hasta Ourense. Por supuesto, esa nueva tramitación demoró la llegada de las máquinas a pueblos como Campobecerros o Cerdedelo, pero sirvió para diseñar una línea ferroviaria de montaña con los parámetros más avanzados, con túneles separados para cada vía para poder alcanzar velocidades de 350 kilómetros por hora. Un proyecto único cuya plataforma ya está prácticamente terminada, aunque hay demoras en el despliegue de la vía y la electrificación.

El ministro José Blanco pactó con la Xunta un calendario más realista ante los retrasos de más de tres años atribuibles a su compañera de partido, que en los años que estuvo en Fomento se dedicó a desviar presupuestos para su comunidad, Andalucía. Blanco también quiso ser profeta en su tierra: inauguró parte de la red interior de alta velocidad e impulsó los proyectos más complejos, aunque al final se descartara su apuesta por la colaboración público-privada para financiar las obras en plena crisis. Después, el accidente del Alvia en la línea Santiago-Ourense le perseguiría hasta sus últimos meses en política, con su comparecencia en la comisión de investigación.

Galicia tuvo suerte teniendo a dos gallegos consecutivos al frente de Fomento. Aunque la crisis marcó el mandato de Ana Pastor, así como la mala gestión de Gonzalo Ferre y su equipo al frente del ADIF, cuando llegó a haber 17 tramos paralizados por múltiples razones. Pastor rescató entonces a la gallega Isabel Pardo de Vera, actual presidenta del ADIF, y le encargó que pusiera orden en la casa. Pardo de Vera siguió siendo de la confianza de otro ministro del PP y fue con De la Serna cuando se desbloquearon todos estos contratos, que provocaron retrasos de hasta dos años, nada comparable a las demoras técnicas de meses que están ahora sobre la mesa. Cuando discutió los plazos actuales con Feijoo en el 2016 ya le advirtió que eran muy ajustados. Ahora, Isabel Pardo de Vera, recuperada por el PSOE para dirigir el ADIF, se enfrenta al fuego amigo.

Rueda asegura que la polémica se termina en cuanto el ministro venga a confirmar los plazos

El vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, insistió ayer en que la polémica sobre la llegada del AVE a Galicia se acaba si el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, acude a Galicia a decir que los plazos que asumió en su momento «son reais» y que, por tanto, las obras de los últimos cien kilómetros de AVE van a finalizarse antes de que termine el año, para después empezar con las pruebas «para que o ano que vén a xente poida viaxar a Madrid no AVE».

«O que non é normal é que a día de hoxe se siga sen dicir nada. Non sabemos absolutamente nada», criticó, para ahondar en que había unos plazos que decían que ya se tenía que estar a punto de tener el tren «e, polo contrario, o que hai é silencio». «Vemos que non se están a cumprir eses prazos e que o tren non chega», añadió el vicepresidente de la Xunta. «Que veñan e que confirmen eses prazos para acabar coa polémica», concluyó.

Gonzalo Caballero: «Non haberá nin un só segundo de atraso atribuíble a este Goberno»

El secretario general del PSdeG, Gonzalo Caballero, ve en el presidente de la Xunta y líder del PPdeG, Alberto Núñez Feijoo, una «confrontación gratuíta e permanente» con el Gobierno socialista en funciones. En un receso de la reunión de la ejecutiva gallega en Santiago, dijo que primero fue con las entregas a cuenta, después con los asuntos industriales y, ahora, con la alta velocidad. «Inventa e mente», sentenció Caballero. «Non haberá un só segundo de atraso na chegada do AVE por responsabilidade do Executivo actual», dijo, trasladando la responsabilidad de eventuales demoras a la gestión del Gobierno de Rajoy.

El secretario xeral del PSdeG añadió que si la Xunta pide al ministro del Fomento, José Luis Ábalos, que venga a Galicia a dar explicaciones sobre los plazos del AVE es porque sabe que «o PSOE gañará as eleccións e seguirá gobernando».

Para el líder socialista gallego, el Gobierno de Feijoo está reconociendo la continuidad del PSOE en el Ejecutivo central al exigir explicaciones a Ábalos. Además, cree que esta actuación responde a la «estratexia orquestrada» que lleva a cabo el PPdeG contra la Moncloa.

El AVE gallego y su esforzado esprint hacia la meta

pablo gonzález
El cambiador de ancho que se está construyendo en Taboadela, a las puertas de Ourense.
El cambiador de ancho que se está construyendo en Taboadela, a las puertas de Ourense.

A algo más de cuatro meses de que expire el ajustado plazo oficial, las máquinas trabajan contrarreloj para desplegar vías y electrificación, y para adaptar el tramo Taboadela-Ourense

Nada mejor que repasar la hemeroteca de este periódico para tener presentes los grandes agravios históricos que sufrió Galicia cuando se planteaba, a menudo sin éxito, el dilema de gastar dinero para acercarla al resto del mundo. Gastar mucho, en definitiva, en el desafío de superar su compleja identidad geográfica. Ese dinero, cerca del 95 %, ya se ha invertido: nada menos que 4.200 millones de euros. La moderna línea de alta velocidad, que disfrutarán varias generaciones, llegará más pronto que tarde, aunque el cartel de la meta nos diga que el último esprint es un puerto con fuertes pendientes.

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