En los escenarios del crimen de Diana Quer: «A xente ten medo de que o Chicle volva»

Aunque en Barbanza están hartos del tema, en vísperas del juicio, el crimen de Diana vuelve sin remedio a las conversaciones

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Aparecen nuevas pintadas en la casa del Chicle en Taragoña Otro de los escenarios relacionados con el crimen de Diana Quer, la nave donde apareció su cuerpo, sigue abandonado y tomado por la malez

Ribeira / La Voz

«A xente ten medo de que Enrique volva». Por eso, los vecinos de Rianxo no quieren hablar del crimen de Diana Quer, que la próxima semana volverá a acaparar titulares y minutos en televisión con la celebración del juicio en la sede compostelana de la Audiencia Provincial. Por eso, y porque quieren olvidar. Pero muy a su pesar, los rianxeiros siguen teniendo muy presente que uno de los suyos será quien se siente en el banquillo de los acusados por la muerte de la joven madrileña, e irremediablemente, después de unos meses de tranquilidad, su nombre y el de José Enrique Abuín Gey, el Chicle, único procesado en el caso, vuelven a colarse en las conversaciones.

Posiblemente, quienes más presente tienen lo ocurrido son quienes viven más cerca de los escenarios centrales de un crimen que conmocionó a todo el país, empezando por la nave abandonada de Asados donde fue encontrado el cadáver de Diana Quer y acabando por la vivienda familiar del Chicle a unos kilómetros de allí, en Taragoña. Son dos escenarios del horror y del silencio que durante meses guardó Abuín Gey sobre el paradero de la chica. Y muchos no quieren verlos ni de lejos. «Esa casa debían tirala e acabar dunha vez, porque un mira para ela e acórdase de todo o que pasou».

Darle utilidad

A otros no les queda más remedio que convivir a la sombra de esos inmuebles, como los vecinos que tienen sus casas junto a la vieja fábrica de gaseosas de Asados. «O que tiñan que facer era restaurar esa nave e convertela nunha casa para mulleres maltratadas en memoria desta rapaza», apuntaba uno de ellos. Sería una forma de dar utilidad a una construcción que casi dos años después de ganar una indeseada celebridad al descubrirse en su sótano el cuerpo de Diana Quer sigue vacía y abandonada.

Del abandono dan buena muestra la maleza que crece a su alrededor y trepa incluso por la fachada -lo que ha motivado las quejas de los residentes reclamando que se limpie- y el creciente número de cristales rotos.

Cerrada a cal y canto, de uno de sus ventanales aún cuelga el cartel de «Se vende», con un número de teléfono que ayer nadie descolgó. Hubo un tiempo en el que la entidad bancaria que se quedó con la propiedad tras su embargo realizaba visitas con empresarios de la zona para tratar de venderla, pero nadie al margen de la investigación del crimen de Diana ha vuelto a entrar desde que se descubrió su cuerpo en el fondo de un pozo. O eso cuentan los vecinos: «Quen vai querer comprar iso agora?», dicen.

Lo que no ha cesado desde la aparición de la joven son las visitas de curiosos que se acercan a la nave para ver con sus propios ojos el lugar que durante 500 días fue la tumba de la joven madrileña: «Si, a xente segue vindo por aquí, a semana pasada aínda viñeron uns de Luarca». Como todo lugar de peregrinaje, cuentan que había incluso quien, después de hacer la preceptiva fotografía, cortaba un trozo del precinto que colocó la Guardia Civil para llevárselo como suvenir.

Del precinto ya no hay ni rastro, ni tampoco de las velas y las flores que en su momento convirtieron el portal por el que las fuerzas de seguridad sacaron a Diana en un improvisado altar. Con todo, es muy probable que los ramos no tarden en volver: «Por Defuntos sempre traen flores. A nai manda unha coroa con cada aniversario da desaparición e do día no que a atoparon, e tamén por Defuntos. Deume moita lástima un día que veu e me preguntou pola casa dos pais do Chicle, hai que ter valor e coraxe para ir falar con eles».

Gran despliegue

Quienes viven junto a la nave nunca olvidarán aquel lluvioso 31 de diciembre en el que los investigadores dieron con Diana Quer: «Temos estado sentados mirando cara a nave e preguntándonos onde estaría a rapaza, e mira ti». Y los vecinos de Outeiro, donde vivía el Chicle, tampoco podrán borrar de su mente el día que se toparon el amplio operativo policial que se puso en marcha para detener a José Enrique Abuín Gey.

Quienes conocían al Chicle sabían de sus antecedentes por tráfico de drogas, así que en un primer momento quien más y quien menos atribuyó el despliegue policial a un asunto relacionado con la cocaína y poco podían imaginarse lo que vino después: «Iso non o esperaba ninguén, iso é algo moi grave».

Quien lo cuenta sabe de lo que habla, porque su familia tenía una estrecha relación con el acusado del crimen de Diana Quer: «Viña moito á nosa casa, axudaba no que lle pediamos. Meus pais moito choraron cando souberon o que pasara porque tiñamos confianza con el e ninguén pensaba iso». Ahora, después de atar cabos, los residentes en Outeiro comprenden los extraños movimientos que vieron días antes de la detención de su vecino: «Aquí pasaban cousas moi raras, andaba xente estraña por aquí cunhas pintas que daban mala espiña. Dunha vez foron onda un que ten un pozo alí embaixo uns inspectores e sondearon o pozo. Dixeron que buscaban armas, pero eu agora penso que a quen buscaban era a Diana».

Nueva pintada

A unos metros está la casa del Chicle, vacía y, al igual que la nave de Asados, cerrada a cal y canto desde que en diciembre se detuvo a su propietario. En la parte de atrás aún está aparcado -y abandonado- uno de los coches de Abuín Gey, la única señal externa de que allí una vez vivió alguien. Las mascotas de la familia ya no están, así que las visitas de Rosario Rodríguez, su mujer, que antes volvía al que fuera su hogar para darles de comer, rara vez se producen. También su hija ha ido alguna vez. «Elas entran e saen cando queren, pero xa case non veñen por aquí». Quien sí ha pasado por allí es el autor de una nueva pintada amenazante: «Chikilín vas morrer», reza.

Los mensajes similares que en su momento adornaron la fachada de la vivienda se han tapado con una mano de pintura, aunque cualquiera que pase por allí no puede evitar mirar de reojo a la casa, por mucho que otro vecino insista: «Aquí xa non lle acorda a ninguén ese asunto».

En A Pobra

Donde parece que tampoco quieren acordarse de lo ocurrido es en A Pobra. En la zona de O Areal, el lugar donde desapareció Diana el 22 de agosto del 2016 cuando regresaba a casa de madrugada, vecinos de la villa recorrían el camino que debería haber realizado la joven aquella noche si no se hubiera cruzado con el Chicle: «El tema está bastante olvidado», señalaba una mujer. Sin embargo, todo el mundo asume que será por poco tiempo: «Seguramente ahora que empieza el juicio se empezará a hablar otra vez del caso». La vivienda pobrense de la familia de Diana ayer también estaba cerrada.

Los Quer y los Abuín Gey, dos familias en los extremos de la tragedia

JAVIER ROMERO
Los parientes de Diana Quer y los de su asesino confeso, José Enrique Abuín Gey, viven marcados por ese crimen
Los parientes de Diana Quer y los de su asesino confeso, José Enrique Abuín Gey, viven marcados por ese crimen

Nada ha vuelto a ser lo mismo para los Quer López-Pinel y los Abuín Gey tras la desaparición de Diana; los primeros perdieron a su hija, los segundos supieron que habían criado a un psicópata

Diana Quer llegó al mundo con siete meses y medio de gestación y la obligaron a dejarlo poco después de cumplir 18 años. La que fue su primera hermana, con la que compartió vientre, falleció a las 12 horas de nacer. Era 1998. Diana pasó los siguientes seis meses ingresada en la unidad de vigilancia intensiva. Luego, tras una prodigiosa mejoría, la trasladaron a preventivos. Pero lo peor aún estaba por llegar. Una meningitis vírica casi apaga el aliento de aquel bebé que, otra vez de forma sorprendente, salió adelante. De ahí que su familia defienda orgullosa que Diana, su Diana, «llegó al mundo luchando y se fue luchando». Lo reitera una y otra vez para evidenciar que sin ella, tras su crimen y presunta violación, nada volvió a ser lo mismo.

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