Lolo Castro, exjugador de baloncesto: «Na miña vida nada foi buscado»

Despuntó en el básquet siendo júnior, a principios de la década de los noventa. Casi sin proponérselo se vio inmerso en el universo de la hostelería y tiene tiempo para hacer teatro


Lolo Castro nació en Betanzos hace 45 años, creció en Arzúa, hizo la carrera de INEF en A Coruña, el baloncesto lo acercó a distintos enclaves y ahora está afincado en Compostela. En cierto modo, la casualidad lo ha ido guiando. «Na miña vida nada foi buscado», comenta al repasar las diferentes etapas.

En Arzúa se divertía entre botes , canastas y rebotes en las calles. Al trasladarse para empezar los estudios universitarios hizo una prueba en los júniors del Basketmar. «Sempre xogaba de pívot -rememora-. Suso Seoane algo viu en min e díxome que a partir dese intre ía ser base». Acertó.

Ese año ya empezó a entrenar con el primer equipo y al siguiente debutó en Primera B al lado de clásicos como Tito Díaz, Manel Sánchez o Mike Giomi, entre otros. Cuando menos lo esperaba, le llegó una llamada de Aranzana para ir a Valladolid y sumergirse en la ACB. Fue una experiencia de pocos meses, pero la disfrutó. Es una de sus máximas: «Nas miñas decisións vitais prima o pracer sobre o sentido común», asegura.

Lolo Castro en un partido con el Sondeos Norte en el año 2001
Lolo Castro en un partido con el Sondeos Norte en el año 2001

Después del paso por la ACB hizo un parón baloncestístico y en ese descanso irrumpió otra vez el destino empujado por el azar. Se le presentó una oportunidad inesperada y no la dejó escapar: «Entre varios amigos collemos o Modus Vivendi (uno de los pubs más conocidos de la zona vieja compostelana), e xa van aló vinte anos».

Regresó a las canchas y encontró tiempo para completar tres cursos de Historia del Arte, «por afección, porque sempre me gustou».

«Cursei Historia da Arte por afección, sempre me gustou»

La hostelería volvió a llamar a su puerta, de nuevo de la manera más insospechada, paseando por la Rúa de San Pedro: «Vin un cartel de alugueiro e un número de teléfono. Chamei. O local estaba desfeito, pero tiña algo... O xardín, a distribución...». Corría el año 2012 y aquel recinto desvencijado se convirtió en lo que hoy es el restaurante A Moa. «Puxémonos en marcha sen experiencia ningunha -apunta-. Foi un periplo de aprendizaxe, moi duro, de moitos erros, de moita pelexa, moitísimas horas. Os tres-catro primeiros anos foron moi duros. Aparte, en época de crise. Mais saímos adiante».

Con su vida profesional orientada hacia la hostelería, la casualidad hizo acto de presencia una vez más. Quizás porque conocía los secretos del parqué en las canchas no dudó en dar el salto a las tablas del escenario. Uno de los actores del grupo A Feroz tuvo que dejar la actividad, lo llamó para que probase en el hueco que dejaba, y hasta hoy. La primera representación fue Frío, en el Teatro Caranza, en Ferrol. Luego llegó After party. Y están cocinando una nueva obra.

Así es ahora el polifacético Lolo Castro, siempre dispuesto a contradecir aquello de que la casualidad no existe.

Fui

Jugador de baloncesto durante más de veinte años

Soy

Hostelero, copropietario del pub Modus Vivendi y del restaurante A Moa

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