Una Xunta con más obreros que obras

Son cuarenta años sin interrupciones en la elaboración de los Orzamentos en Galicia, que llegan hoy al Parlamento

«En las redacciones de los periódicos era difícil sustraerse a los anuncios y el seguimiento informativo de las obras que iban salpicando por Galicia alcaldes, conselleiros y ministros»
«En las redacciones de los periódicos era difícil sustraerse a los anuncios y el seguimiento informativo de las obras que iban salpicando por Galicia alcaldes, conselleiros y ministros»

En la semana grande del conselleiro de Facenda, Valeriano Martínez tuvo el honorable gesto institucional de recordar que con los que llegan hoy al Parlamento se cumplen cuarenta años sin interrupciones en la elaboración de los Orzamentos en Galicia, una herramienta tan valiosa como ordinaria pero que empieza a resultar extraña para dirigentes como Sánchez o Torra, que viven con prórrogas caducadas porque sus altos objetivos en el poder parecen alejados de algo tan prosaico como gestionar el dinero de los ciudadanos.

«''Estaba todo por hacer'' relató en una ocasión Rajoy»

En sus orígenes, la Xunta tenía doscientos empleados y un primer presupuesto de diez millones de euros, que hoy está multiplicado por mil, para que luego digan que hay poco autogobierno. «Estaba todo por hacer», relató en alguna ocasión Mariano Rajoy, que tenía un despacho húmedo en un piso de la Rúa Nova compostelana y que en aquella primera etapa se manchaba los zapatos inaugurando líneas telefónicas en parroquias no tan remotas. También en los 90 de Fraga quedaba mucho asfalto por fresar. Carreteras, escuelas, juzgados, centros de salud, hospitales... En aquellos años, en las redacciones de los periódicos era difícil sustraerse a los anuncios y el seguimiento informativo de las obras que iban salpicando por Galicia alcaldes, conselleiros y ministros, de ahí que cundiera la máxima entre los jefes de ponerle al periodismo más sentimiento y menos cemento.

«No es lo mismo construir un hospital de cero que renovar un quirófano del siglo XXI»

En una comunidad menguante en población en la que ahora casi todo el mundo vive a menos de un cuarto de hora de una vía de alta capacidad, y cuando ya hay toda una generación que ha cursado la educación física a cubierto, era evidente que se iba a producir una paulatina transformación en la prioridad de los gastos e inversiones, porque no es lo mismo ordeñar los fondos autonómicos cada ejercicio para construir un hospital de cero, que ir avanzando poco a poco en la renovación de un quirófano del siglo XXI o en la ampliación de las consultas externas.

«Si los presupuestos de la Xunta hubiesen seguido creciendo al ritmo que lo hacían en el 2000, habría para duplicar y triplicar centros de salud»

Si los presupuestos de la Xunta hubiesen seguido creciendo al ritmo que lo hacían en la primera década del milenio hoy no tendría sentido escribir estas líneas, porque habría para duplicar y triplicar centros de salud, y aún así estarían rebosantes de enfermos en los picos de la gripe. La crisis, que nos ha privado de alcanzar el nivel de ingresos y gastos que programó el bipartito por última vez en el 2009, hizo tambalear esa transición en la que era obligado dejar de poner el foco en los contenedores y empezar a mimar los contenidos, esto es, en los recursos humanos y los subsidios más necesarios. O lo que es lo mismo, en el llamado gasto social, el saco sin fondo de la sociedad del bienestar.

«Al salir de la crisis descubrimos que éramos un poco más pobres y más viejos»

En los estertores de las vacas gordas aún se levantaron centros de interpretación de cosas inexplicables que hoy siguen inmoralmente vacíos, y cuando salimos del oscuro túnel solo descubrimos que éramos un poco más pobres, más viejos y que, para colmo, nuestro médico de cabecera ya se ha jubilado.

El cambio de tendencia se ha manifestado con más intensidad en este mandato, en el que han reventado las costuras de la atención primaria, la puerta de casi todo en lo que se refiere a la salud pública. Todavía tiene arreglo, porque si un Gobierno no se enmienda a sí mismo, lo normal es que su margen para reorientar políticas con los presupuestos sea pequeño, apenas de un 3 %. Pero Feijoo va a disponer de 300 millones adicionales con los que se podrán restañar los descuidos en el Sergas; proponer contratos estables a los docentes; y remar más fuerte en el interminable mar de la dependencia, objetivos que precisan más obreros y menos obras. Más cimientos y menos cemento.

El apunte

Blanco y en botella, BNG

En Marea, quizás por la decepción de no presentarse a las elecciones, hizo una nefasta gestión de su orientación del voto el 10-N. Es un pequeño capital de 17.000 papeletas que significaría el ser o no ser en Madrid para más de un partido, pero los de Villares solo insinúan que su apuesta sería una formación con agenda gallega propia y que no sea una «sucursal» de Madrid. Y no es el BNG. Adivinanza imposible.

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Una Xunta con más obreros que obras