Lección de democracia de los gallegos en el día más político


REDACCIÓN / LA VOZ

El presidente y editor de La Voz, Santiago Rey Fernández-Latorre, hizo ayer su discurso más emocional en el día más político. Durante la entrega del Nobel gallego al Museo do Pobo, exhibió una vez más su condición de líder y abanderado de la libertad, la democracia y la concordia. Parece fácil, pero el presidente y editor de La Voz es un caso único que ha hecho de su profesión su familia, como recordó. Una entrega absoluta por dos pasiones que se cortejan sin cesar durante su trayectoria profesional: Galicia y la comunicación. Pocos como él saben lo dura que es la soledad del poder y lo que supone sentarse en un sillón como el suyo, un caso excepcional de junta universal de una empresa que edita desde el noroeste el cuarto periódico de España. Así, sus medidas palabras en la ceremonia se escucharon avaladas por una biografía ejemplar y fueron una tormenta de sentido común: «Necesitamos un Gobierno y una mayoría. Una mayoría y altura de miras». Santiago Rey Fernández-Latorre no conoce el silencio. En su libro Yo protesto lo dejó claro. Y ayer insistió en la necesidad de inaugurar una nueva época: «En la que el protagonismo no sea de los políticos y sus repartos de poder, sino de los ciudadanos y sus problemas». El premio recayó en el Museo do Pobo Galego, que es como coronar al alma de Galicia, pero ayer más que nunca el galardón reflejó también el alma del presidente y editor de La Voz, que, desde el periodismo, ha entregado su vida a las demandas y las reclamaciones de los gallegos. Mientras señalaba esa ruta de democracia, luz y taquígrafos, ardía Cataluña en un tufo de demagogia.

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