El gran acuerdo no es una carallada

El desbloqueo pasaría por consensuar un programa económico, no solo por los pactos de Estado que ofrece Pedro Sánchez


Crispación, giro, cambio, mayoría natural. Eran palabras habituales en todas las campañas electorales que hemos vivido desde hace más de 40 años. Pero en esta -que aunque oficialmente es la más corta de nuestra historia es en realidad la más larga, porque llevamos así desde la moción de censura a Mariano Rajoy-, a ese diccionario político se ha incorporado un término nunca utilizado con tanta profusión como ahora en la contienda electoral: desbloqueo. El vocablo de moda monopoliza el debate, aunque cada uno lo interprete a su manera. Ya no se trata, por lo visto, de presentarse a unas elecciones para aplicar un programa y gobernar, sino para desbloquear. Cualquier político que salga hoy a la arena sin dejar clara su vocación de desbloqueo, por encima incluso de la de dirigir el destino del país, está fuera de juego.

Emplean por ello el término los dos grandes partidos, pero también los pequeños, incluidos aquellos que van hacia abajo y los que tienen nula capacidad para el desbloqueo, sea eso lo que sea. Lo que trasluce esa constante alusión al deseo de deshacer el nudo que mantiene a España en funciones desde hace meses es el miedo de los líderes políticos ante la indignación de la inmensa mayoría de los ciudadanos, sean del color que sean, por la repetición de las elecciones. Otra cosa es que alguno de ellos tenga voluntad real de cambiar su posición cuando llegue la hora.

Pero, sea cierto o no ese deseo de acabar con el bloqueo, todos van a quedar atrapados por lo que están diciendo en esta precampaña. Porque la sola insinuación de que se pudiera repetir el espectáculo vivido tras el 28A provocaría una peligrosa ola de deslegitimación de los partidos. Esa situación anticipa emociones fuertes, porque todos los sondeos indican que no hay más gobierno posible que aquel que pase por algún tipo de acuerdo entre el PSOE y el PP, sea o no un Ejecutivo de coalición. Entre otras razones, porque Sánchez no está dispuesto a suicidarse políticamente gobernando con el apoyo de los independentistas catalanes que hoy emprenden de nuevo el camino de la desobediencia y el desprecio a la ley y la Justicia.

El líder del PSOE se adjudica ya la victoria y afirma que quiere formar Gobierno rápido. Ofrece para ello cuatro grandes pactos de Estado. Pero para un posible acuerdo será necesario ir mucho más allá, con una política económica consensuada en un acuerdo programático. El PP no va a permitirle gobernar sin ese pacto previo en caso de que el PSOE obtuviera una minoría similar o incluso inferior a sus 123 escaños actuales. La presión para el acuerdo PSOE-PP será gigantesca. Hasta ahora, solo un líder político en activo, Alberto Núñez Feijoo, ha planteado como inevitable ese acuerdo, gane el partido que gane. Otros con menos presión, como Rajoy y Felipe González, lo vieron posible en el Foro La Toja. Obviamente, nadie sale a una campaña diciendo que su aspiración es pactar con el principal rival. Pero esa posibilidad, que ahora parece inimaginable, va a estar encima de la mesa desde la misma noche del 10N. En ese momento, ya no será una trapallada. Y menos una carallada, como dice Casado.

El Gobierno quiere exhumar a Franco sin dar espectáculo

El fallo del Supremo que va a permitir la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco del Valle de los Caídos es evidentemente un buena noticia para el Gobierno, que ve así como una de las principales promesas de Pedro Sánchez cuando llegó a la Moncloa se verá cumplida a pocos días de que se celebren las elecciones generales. En el PSOE, ni ocultan su satisfacción ni renuncian a presumir de ello en los mítines de precampaña. Pero el Gobierno quiere medir también con pies de plomo todo el proceso, ante el peligro de que una sobreactuación pudiera acabar siendo perjudicial. Logrado el objetivo, la intención es que el acto de exhumación no se convierta en un espectáculo.

La resistencia de Vox en los sondeos frustra el plan del PP

En los planes del PP está crecer en todos los territorios y, gracias a ello, arrebatar a la izquierda muchos de los escaños que perdió por poco en las pasadas elecciones gracias a la división de la derecha. Ese plan contempla una fuerte recuperación de votos fugados a Ciudadanos, al que las encuestas adjudican una sangría importante, confirmando así en principio los planes del PP. Pero la estrategia para esa remontada pasaba también por recuperar una gran parte de los votos emigrados a Vox por la derecha. Y esa segunda parte del plan no se está cumpliendo. Vox resiste en los sondeos mucho mejor de lo que algunos auguraban. Y si aguanta, o incluso crece, podría frustrar los planes de Casado.

Trabajar solo cuatro días a la semana. ¿Alguien da más?

Quedan todavía 18 días para que comience la campaña electoral, ese eufemismo para designar los ocho días que los políticos dedicarán a hacer exactamente lo mismo que hacen ahora: pedir el voto. La única diferencia es que a partir del día 1 lo harán a costa del erario público, que les devolverá buena parte de lo que inviertan en la campaña. Pese a todo, hemos escuchado ya propuestas que auguran una tómbola de proporciones desconocidas. Las ofertas de Pedro Sánchez superan ya los seis mil millones de euros de gasto. Pero todo eso se queda pequeño con la salida fulgurante de Íñigo Errejón, que promete reducirnos la jornada laboral a cuatro días a la semana sin perder salario. ¿Alguien da más?

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