Rajoy y Felipe González abogan por una gran coalición entre el PP y el PSOE o el acuerdo en temas de Estado

Carlos Punzón / Sofía Vázquez A TOXA / LA VOZ

GALICIA

Martina Miser

El político gallego alerta del peligro de tocar ahora la Constitución y el socialista pide «primero que se la vayan leyendo»

04 oct 2019 . Actualizado a las 20:28 h.

Con los ojos de dos expresidentes del Gobierno, España no está tan mal. Es incluso paradigma mundial del bienestar. Pero Felipe González y Mariano Rajoy no ocultaron hoy en A Toxa, su preocupación por la inestabilidad política e institucional que vive el país a cuenta de la falta de un acuerdo que ponga fin a un carrusel de elecciones que tendrá el próximo 10 de noviembre su cuarto capítulo. Los dos mandatarios abogan sin ambages por la búsqueda de un punto de consenso entre los dos partidos mayoritarios para inaugurar en España una nueva relación política que rompa la dinámica de bloques ideológicos que impide acuerdos de gobierno entre las dos orillas. 

En un diálogo mantenido entre los dos expresidentes en el Foro La Toja, Rajoy llegó incluso a apostar por una gran coalición entre PP y PSOE, como incluso ha llegado a apuntar el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo. 

El anterior presidente reveló que esa posibilidad de gran coalición a la alemana la planteó él mismo en el 2015 en el seno de su partido, sin que fuese secundada, y lo mismo hizo de nuevo tras los comicios del 2016. «No se puede gobernar si no tienes mayoría, es imposible. Hay que hacer un pacto para cuatro años, porque con 120 o 130 diputados no se puede gobernar», remarcó Mariano Rajoy.

Similar visión argumentó Felipe González, que sin apoyar el nacimiento de una gran coalición, sí hizo un llamamiento a «olvidar el sentimiento trágico de la existencia y pactar los temas fundamentales, como la relación con Europa y otros temas estructurales» ,dijo el socialista que además subrayó que «los partidos que no pueden formar gobierno no pueden impedir que gobierne el que más votos tiene. Tienen que facilitarlo, y si es con un pacto de mayoría, mejor», añadió mientras mostró su satisfacción por como ha conseguido llevar el mandato hasta el final el primer ministro de Portugal, el socialista Antonio Costa, pese a no contar con mayoría.

Los dos expresidentes mostraron una notable afinidad en sus exposiciones, confesando Felipe González haber hablado con Rajoy «más de lo que la gente se imagina» cuando el político gallego desempeño la presidencia del Gobierno. Por cierto, el socialista se mostró disponible para ayudar a cualquier presidente, «sin ver su color» y al Rey. «Yo soy de derechas, tu de izquierda y ella de centro. ¡Vaya chollo!», se escuchó al popular antes de empezar el acto, sin darse cuenta de que tenía el micrófono abierto cuando conversaba con González y la abogada Miriam González Durántez, moderadora del diálogo. 

En las coincidencias expuestas en su diálogo, moderado por la abogada Miriam González Durántez, ninguno de los dos políticos se mostró partidario de tocar la Constitución, decisión que incluso ven puede ser peligrosa en la actualidad. «La descentralización ha sido una bendición, pero a partir de un momento se ha interpretado que equivalía a a centrifugar el poder y se ha cuestionado el poder central que es el que lo garantiza», trazó el que fue presidente entre 1982 y 1996. Para él, la fortaleza de la Carta Magna es tan notable, que ha «superado fuegos y vuelto a brotar». Y respecto a la aplicación del artículo 155 en Cataluña, González no achacó su puesta en marcha al Gobierno de Rajoy, sino a la «deslealtad» de quienes obligaron desde el Gobierno catalán a poner dicho mecanismo en marcha. El socialista no escondió su defensa de una España autonómica asimétrica, pues a esa asimetría atribuyó la plasmación de sentimientos, pero eso sí, consideró que esas diferencias no pueden llevar consigo desigualdades en los derechos básicos. La suspensión del Gobierno de Cataluña fue para el primer presidente del PSOE la muestra de que «la Constitución funciona».

Mariano Rajoy se decantó de una manera más clara en contra de reformar la Constitución. «Abrir un melón sin saber dónde termina no es conveniente. Nos pedirían referendos y saldría todo”, advirtió el expresidente que estimó que una reforma «hoy no hace ninguna falta y tampoco desde el punto de vista autonómico. A saber dónde acabaría ahora un debate sobre la reforma de la Constitución cuando ni sequiera somos capaces de formar gobierno», dijo, no sin espetar uno de sus chascarrillos: «A veces es muy importante decir que no, y no hacer nada también, eso es muy importante».

La corrupción ocupó una buena parte del debate entre los dos presidentes cuyos Ejecutivos se vieron condicionados en sus respectivas rectas finales por escándalos en sus partidos. Para el político gallego ni en el tema de la corrupción ni en la situación general del país se puede argumentar que está peor que las demás potencias de su entorno. «España no es la paladín de eso,  ni hablar», aseveró, para añadir que la corrupción «es un problema de personas, no de un partido. No es bueno castigarnos con lo mal que van las cosas», fue hilando para ponerse algo más serio al afirmar que pese a que su Ejecutivo cayó por una moción de censura impulsada por los casos de corrupción en el PP «nadie en el Gobierno fue condenado por corrupción, ni llamado a declarar o investigado, pero ese Gobierno se fue a la calle por la corrupción». 

Felipe González trató de hacer una defensa general de la clase política, lamentando que el hecho de que «cualquiera que se meta en política, por decente que sea su propósito, ya es presuntamente culpable. Es una condición suspensiva que te acompaña el resto de su vida», dijo, mientras advirtió además que «no se puede judicializar la política todo el tiempo». Para González, la misma acusación popular «se ha convertido en una perversión, para chantajear, no para hacer justicia», culpando los dos dirigentes a los propios partidos de esa dinámica creciente de judicializar la vida política.

El papel de expresidentes igualó notablemente los discursos de ambos, coincidiendo en ensalzar el nivel de vida de España respecto al resto de occidente o el posicionamiento industrial y tecnológico, pero encendieron las alarmas por las consecuencias de la parálisis institucional que se acumula en el tiempo por la inestabilidad política concatenada desde el 2015, lo que de nuevo sirvió para pedir desde A Toxa un «saber pactar y ponerse de acuerdo, para evitar ir del bipartidismo al bloquismo que no facilita la gobernanza». 

En el plano social y laboral Felipe González hizo un llamamiento a proximarse más a políticas que redistribuyan más el ingreso aumentando la masa salarial, decisión que sin embargo ligó a la productividad, a lo que Rajoy añadió la inconsistencia que a su juicio tendrían propuestas como subir los impuestos a los ricos, «con eso no se recauda un duro, porque ricos ricos hay poquísimos, se les puede dar un tortazo al que no te caiga bien, pero no vale para nada en términos recaudatorios», apuntó el popular, que sí aceptó que hay que subir los sueldos, pero incluso dio más importancia a «capacitar a la gente y adaptar nuestras estructuras económicas». Sí pidió a los empresarios presentes aumentar su esfuerzo en investigación, pues señaló que es soportado prácticamente en solitario por el Estado, situación que explicó por el hecho de que el 99 % de las  empresas españolas son pequeñas, «y eso es un problema».

González advirtió sin embargo respecto a los salarios que «hay que vigilar la dignificación del trabajo», porque advirtió que el problema con el que se va a encontrar España no es el de pagar pensiones a todos los jubilados, sino atender las necesidades de quienes no la van a tener por no haber logrado el tiempo suficiente como para cotizar lo necesario. 

Cataluña constituyó otro de los puntos de encuentro entre los dos expresidentes, para indicar Rajoy que en realidad a lo que se enfrenta la sociedad española «no es un argumento, es un sentimiento, y eso es difícil de combatir”, dijo para aseverar que pese a los movimientos que se están produciendo ante la próxima sentencia del Supremo, “las cosas están yendo las cosas a mejor». González  declaró su exigencia de que cualquier consulta territorial tenga en cuenta el voto de todos los españoles, mientras acabó recordando que el voto favorable a la Constitución fue mayor en Gerona que en Santiago. «El sí en Cataluña fue abrumador».