La intervención directa de Franco para colocar las esculturas del Pórtico en el Pazo de Meirás

Documentación epistolar y fotográfica revela la intervención directa del dictador para colocar las piezas en el catálogo


El 30 de agosto de 1961, Franco, acompañado de su esposa, sus nietas y de Fernando Fuertes de Villavicencio, «intendente de la Casa Civil de S. E. el Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos» llegan a Santiago, procedentes del pazo de Meirás, para visitar la Exposición de Arte Románico. Los vemos retratados, junto al comisario de la muestra, Manuel Chamoso Lamas, en una fotografía donde el dictador y su familia parecen absortos en una contemplación visionaria. Sin duda el recorrido por las remodeladas salas del Palacio de Gelmírez y del museo de la catedral, engalanadas con una sucesión de joyas de arte sacro que resplandecían realzadas por la dramática iluminación diseñada para la ocasión, habría sido una experiencia memorable. Aunque, quizá, nada deleitaría tanto a las nietas del Caudillo como descubrir dos diminutas fotografías que habrían pasado fácilmente desapercibidas para otros visitantes. En ellas se veía el jardín del pazo del abuelo, con las hiedras que envolvían las dos portentosas figuras de granito que lo decoraban.

En la actualidad, estas efigies de Ezequiel y Jeremías, concebidas por el maestro Mateo para la entrada sur del Pórtico de la Gloria, pertenecen a Carmen y Mariola Martínez-Bordiú por herencia familiar, sin tener otra prueba de propiedad que la tradición oral de que sus abuelos las compraron a un «particular» a través de un «anticuario» —como alegaron en sede judicial con motivo de la demanda interpuesta por el Concello de Santiago— y la constatación de que es, precisamente, en el catálogo de esa exposición, donde figuran por primera vez como «propiedad de S.E. el Jefe del Estado».

Las sospechas de que tal inclusión, escondida en la página 490, fue un fraude urdido por el entorno del dictador con el fin de suplir la carencia de contrato de compraventa o título de propiedad legal —los cuales no podían existir ya que las esculturas habían pasado a tener la condición de «bienes de dominio público» tras su adquisición por el Concello de Santiago en 1948— se ven ahora reforzadas documentalmente por la correspondencia que se conserva en el fondo de Chamoso Lamas custodiado en el Arquivo de Galicia.

El deseo del Generalísimo

El 11 de septiembre siguiente a la visita de Franco a la exposición, Chamoso escribe una larga misiva a Gratiniano Nieto, director general de Bellas Artes, que concluye con «un asunto muy importante». Le cuenta a su «querido jefe y amigo» que recibió un requerimiento directo del Gobernador Civil de A Coruña, Evaristo Martín, a instancias del Intendente de la Casa Civil —el ya mencionado Fuertes de Villavicencio— para asegurarse de que se cumple «el deseo de Su Excelencia el Generalísimo de que figuren en el catálogo de la exposición las esculturas de Meirás». «Me aterra un poco», confiesa Chamoso, «si mis telegramas seguidos de cartas descriptivas de las esculturas de Meirás, incluso sus medidas, enviadas a Ainaud [Lasarte, comisario general de la exposición] no bastaron para que este las incluyese en el catálogo, aun cuando bien se lo pedí y recomendé. No vayamos a tener un disgusto por este lado. ¿Convendría hacer desde tu Dirección alguna consulta a Ainaud sobre esto por si aún estamos a tiempo de atajar un mal paso?». Ese mismo día, Chamoso escribe al Gobernador Civil para tranquilizarlo y decirle que el catálogo aún no está publicado. No dándose por satisfecho, cuatro días más tarde, Evaristo Martín le envía otra carta insistiendo sobre el mismo tema, a la que Chamoso contesta reiterando que en el catálogo que está en fase de publicación «figurarán registradas las esculturas que existen en el pazo de Meirás como obra del taller del maestro Mateo y procedentes de la zona exterior del Pórtico de la Gloria» y le promete el envío de los primeros ejemplares disponibles «para que los haga llegar a Sus Excelencias».

Los mismos agentes de la casa del Caudillo que forzaron la inclusión de las esculturas en el catálogo se encargarían también de suprimir cualquier mención pública que de ellas podría haberse hecho en la amplia cobertura mediática que tuvo la exposición, a la que se dedicaron suplementos especiales en prensa, revistas académicas e incluso monográficos del NO-DO. Tan sistemática y sostenida en el tiempo fue la censura ejercida sobre la presencia de los profetas del maestro Mateo en Meirás, y su nueva titularidad privada, que incluso se omite cualquier referencia a ellos en un NO-DO de 1966 dedicado a la vida de Franco en el Pazo, en el que se describe pormenorizadamente la decoración escultórica del jardín, desde los escudos hasta los relieves de las fuentes, pero ni una palabra sobre las que se supone eran las dos grandes joyas de la colección, de las que Franco debería de estar orgulloso al haberlas rescatado «de un particular a través de un anticuario». De nuevo el subtexto bíblico habrá de acompañar al devenir histórico del Ezequiel y el Jeremías mateanos, y el fuego y la destrucción van a seguir al exilio, el cautiverio y el silencio.

Las esculturas seguían en el jardín de Meirás durante el fuego de febrero de 1978

Material fílmico al que he tenido acceso muestra que, cuando se desató el incendio en Meirás la noche del 18 de febrero de 1978, las esculturas continuaban en sus lugares en el jardín, flanqueando la entrada al salón donde se celebraban los consejos de ministros, que quedaría calcinado por las llamas. Durante los trabajos de extinción los bomberos instalaron al lado de los profetas las escaleras con las que subieron con sus mangueras al balcón del segundo piso, del que salía una espesa humareda. Con el incendio ya controlado, los cubrieron con paños para su evacuación.

Sorprendentemente, ninguna de las numerosas crónicas publicadas en los días posteriores dando relaciones detalladas de las obras en peligro, rescatadas o perdidas, mencionan las esculturas mateanas, de nuevo condenadas a la invisibilidad. Será con ocasión de ese incidente cuando se trasladen a la Casa Cornide, desligándolas de esta forma del pazo adonde habrían sido enviadas, originalmente, con la única justificación de su función institucional como «residencia oficial del Jefe del Estado» donde servirían de «heraldos» del patrimonio gallego ante embajadores, ministros y reyes. Se completaba así el proceso de apropiación y privatización de los profetas.

Su siguiente aparición pública será en el año 1988 en el catálogo de la exposición con la que se conmemoró el octavo centenario de la colocación de los dinteles del Pórtico de la Gloria, donde se les da a las esculturas, por primera vez, las cuestionables identificaciones de Abraham e Isaac con la titularidad Casa de Cornide (propiedade da duquesa de Franco).

Una estrategia con éxito

Hasta el momento, y con la esperanza de que la documentación que continuamos aportando contribuya a conocer la verdad y que se haga justicia, la estrategia del leal intendente Fuertes de Villavicencio —quien vio recompensados sus servicios al patrimonio (de la familia Franco) siendo nombrado, en 1963, Consejero Delegado Gerente del Patrimonio Nacional y, posteriormente, ya en democracia, durante el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo, Vicepresidente del Consejo de Administración del Patrimonio Nacional — ha sido un éxito.

Francisco Prado-Vilar es investigador del Real Colegio Complutense de Harvard. #

El pazo de Meirás y el Pórtico de la Gloria: los profetas del maestro Mateo en el exilio

francisco prado-vilar

Grabaciones de la época revelan la cronología de la llegada y la localización de las esculturas en Meirás

«Al Pazo de Meirás llegan los niños de la Operación Plus Ultra, que son recibidos en audiencia especial por su Excelencia el Generalísimo», exclama el locutor del NO-DO de septiembre de 1964 mientras vemos imágenes de Franco otorgando condecoraciones a un grupo de niños escogidos por sus valores humanos (a partir del minuto 7:30). Con voz engolada continúa el narrador relatando cómo «el Caudillo subrayó esta afirmación de espiritualidad en una época de materialismos y egoísmos universales». Luego las cámaras se desplazan al jardín para mostrarnos al dictador a través del tamiz de la propaganda del régimen, sonriente rodeado de niños de diversos países que juguetean con su nieto.

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