La repoblación en As Neves y Chandebrito no alcanza el 1,5 % de lo ardido en el 2017

El rastro de los peores incendios de la década aún es muy visible en sus epicentros

Desde el paraje que llaman As Ventaniñas se disfruta de una vista magnífica de la ciudad de Vigo hasta el puente de Rande y más allá. Víctor Vidal, presidente de la comunidad de montes de Chandebrito (Nigrán) nos ha llevado hasta allí para mostrar cómo han repoblado una superficie de tres hectáreas con unos 2.000 árboles. Ha sido una iniciativa de WWF, la última de una larga lista de colaboraciones para paliar de alguna manera la tragedia del 15 de octubre de 2017. Aquella tarde, As Ventaniñas y el resto de la parroquia eran el corazón del infierno. Ardió todo y al mundo se le encogió el corazón con las imágenes del más pavoroso incendio que se recuerda en un país donde las llamas no son tan extrañas.

En la parroquia de Chandebrito ardieron aquel día no menos de un millón y medio de árboles. Pinos en su mayor parte. Pero también eucaliptos y carballos. En dos años se han acercado a Chandebrito escolares de diferentes puntos de Galicia, de Madrid, Cantabria, Asturias o León. Han venido excursiones y hasta los clientes de una peluquería de Ferrol se acercaron a plantar árboles. Han colaborado empresas y administraciones y, por supuesto, tanto la comunidad de montes como los vecinos han comprometido importantes cantidades. En total, algo más de 20.000 árboles replantados. Si se enfrentan al millón y medio que ardieron, la tasa de repoblación va por un 1,5 %. En As Neves, la proporción es mucho menor. El fuego recorrió aquel día 50 de los 65 kilómetros cuadrados que tiene el concello y se llevó por delante casi toda su masa forestal. Allí se han replantado en torno a unos 11.000 árboles.

Regeneración

Pese a los esfuerzos de los vecinos, un recorrido por la parroquia muestra todavía más árboles muertos que vivos. «Lo que llama la atención es la cantidad de trabajo que aún queda por hacer -reflexiona el alcalde de Nigrán, Juan González-, con todo lo que ya se ha hecho». Los signos de la destrucción aún están presentes aunque en dos años la vegetación ha cubierto de toxos y de hierba la mayor parte del territorio afectado por el fuego: «Aquí limpiamos en primavera», señala el presidente de los comuneros en una zona donde intentan salir adelante dos hectáreas de pequeños árboles de especies muy variadas entre las que no se encuentra el eucalipto. Calcula Víctor Vidal que, de toda la labor de recuperación medioambiental que se ha llevado a cabo en Chandebrito, la aportación pública ronda el 20 % El resto ha corrido a cargo de particulares y empresas.

No todo ha sido malo. En la parroquia dicen que el fuego ha despertado una mentalidad nueva, una reforzada solidaridad: «Sabíamos que había que hacer algo con el monte. Esta desgracia ha sido la manera de ponerlo en marcha».

El oportunista eucalipto brota espontáneamente

Frente a la aparente fragilidad de la mayoría de los árboles que se han ido plantando en las zonas arrasadas por el fuego, destaca el vigor con el que brota el eucalipto, sin que nadie, por cierto, lo haya plantado. No hace falta. Mientras que la repoblación con especies autóctonas ha requerido el trabajo de voluntarios y profesionales, el eucalipto ha nacido por su cuenta. Sus semillas son muy resistentes y su capacidad reproductiva, siempre asombrosa. De manera que, bajo las cenizas y el calor de los incendios, los eucaliptos brotaron y, dos años después, se elevan ya por encima de los dos metros.

En algunas zonas de Chandebrito, los primeros brotes fueron arrancados para evitar que el eucalipto se apropiara de zonas cuya repoblación ha sido cuidadosamente planificada. Pero han vuelto a nacer y, con solo nueve meses son ya significativamente más altos que los plantones de otras especies, colocados en cilindros que los protegen del viento y los animales, ávidos devoradores de brotes verdes. Al eucalipto le da igual, se sobrepone a todo.

En la comunidad de montes de Chandebrito quieren que la presencia del eucalipto, que tanto hizo por extender los incendios del 2017, sea la mínima posible: «Pero hai propietarios que están desexando que os que aínda teñen, se recuperen», comenta Víctor Vidal, presidente de los comuneros. Es el debate que no cesa sobre una especie que genera tantos afectos como odios. En Chandebrito, además, temen por sus acuíferos si el eucalipto acaba por apropiarse del monte.

Arrancando al invasor

En As Neves, donde el fenómeno es idéntico, se han llevado adelante ya varias jornadas de deseucaliptización para evitar que la especie invasora se apodere de una superficie en la que ahora lo que hay, básicamente, son árboles muertos y pequeños plantones que intentan sobrevivir.

Considera Víctor Vidal, que si no se actúa con determinación, el panorama acabará siendo peor que antes del incendio: «Antes, la masa principal era de pinos. Si no actuamos, acabará siendo de eucaliptos». En ocho años, las especies autóctonas que hoy apenas asoman por las protecciones que tienen un metro de altura, ya serán arbustos capaces de ofrecer fruto. Para entonces, los eucaliptos nacidos de forma espontánea, superarán ya los 10 metros de altura. Y dejarán su semilla.

Los árboles muertos caen cada día en los viales de As Neves

Para Óscar González, concejal de Medio Ambiente del concello de As Neves, los incendios del 2017 siguen siendo un problema con consecuencias diarias: «Temos que retirar árbores case cada día». Por el ayuntamiento el fuego pasó como una plaga arrasando prácticamente toda su masa forestal. Dos años después del desastre, el concello está lleno de árboles muertos, de estacas que parecen árboles invernales en pleno verano. Y que acaban cayéndose cuando sopla el viento o cuando sencillamente, ya no aguantan más.

En As Neves, la mayor parte de la repoblación que se ha llevado a cabo ha partido de la iniciativa privada. Especialmente de una empresa llamada One Oak, que cedió 10.000 árboles el año pasado y que han sido plantados por voluntarios en diferentes puntos del concello. Están en negociación otra importante cantidad de árboles que una empresa holandesa quiere ceder al ayuntamiento para paliar el exceso de contaminación en su actividad industrial. Pero eso todavía está en el aire: «Eu non verei o concello como estaba antes do incendio», admite el edil, que aún no ha cumplido los 40: «Se queremos un crecemento rápido, ten que ser con eucaliptos. Pero preferimos pensar no longo prazo».

Una lengua de fuego

Cerca de la estación del tren se levanta la fábrica de madera Vial. Por allí el fuego pasó con semejante virulencia que calcinó las instalaciones por completo. La fábrica está a punto de abrir de nuevo, pero en su entorno permanecen algunos de los testigos de aquel desastre. Entre ellos, uno de los camiones de la empresa, totalmente calcinado: «Tenemos la maquinaria por si se pudiera aprovechar alguna pieza cuando empecemos de nuevo, pero es todo chatarra», admite un responsable de la empresa. No le hace falta el camión para recordar lo que ocurrió aquel día: «Desde aquel eucalipto —señala— salió una lengua de fuego que entró en la nave como un soplete. No lo olvidaré en mi vida». La empresa aún pleitea con la aseguradora para recuperar parte de lo perdido mientras se afana por reiniciar cuanto antes su actividad. Dos años no han sido suficientes para borrar la huella del fuego en este concello, ni siquiera para disimularla: aún quedan más restos de la destrucción que imágenes de vida. La naturaleza se recompone rápidamente en Galicia, pero a veces, la agresión es tan intensa, que la recuperación se complica.

Los petroglifos de A Coutada, una consecuencia positiva

Los fuegos de octubre de 2017 dejaron, por increíble que parezca, alguna consecuencia positiva. No solo la toma de conciencia por parte de muchos ciudadanos. También cosas más tangibles como los petroglifos hallados en el paraje de As Neves llamado A Coutada. Allí, sobre una piedra inclinada, aparecieron unos grabados que han sido calificados como el mayor hallazgo de arte rupestre de los últimos 20 años. El conjunto está en fase de estudio pero, de momento, ha mostrado ya figuras de más de treinta caballos que, de acuerdo con algunos expertos, demuestran que era el animal predominante en la época en que fueron grabados y no los ciervos, como se creía hasta ahora. Está prevista su futura musealización. 

Pequeñas replantaciones en los montes del parque del Xurés

m. R.

Durante el gran fuego del 2017 comunidades de montes como las de Puxedo, Guende o A Cela perdieron el 80 % de sus árboles

En el parque natural Baixa Limia-Serra do Xurés, en el límite de Ourense con Portugal, el gran incendio de octubre del 2017 —que entró desde el país vecino— todavía deja ver sus consecuencias en el paisaje. Aunque hay una regeneración natural en algunas zonas, todavía se observan áreas en las que permanecen árboles semiquemados. Las comunidades de montes en mancomún comenzaron a repoblar parte de sus propiedades una vez se retiró la madera quemada, un proceso que terminó aún a principios de este 2019.

La comunidad de los montes de Puxedo, Guende y A Cela, en el municipio de Lobios, perdió por el fuego el 80 % de sus 1.086 hectáreas. Las primeras actuaciones las realizaron en el entorno del río Mao, plantando más de 300 árboles de especies como castaños o robles, y pinos en zonas pedregosas. La comunidad está terminando de preparar el plan de ordenación del monte, que fijará las zonas de pastoreo, de plantaciones o de uso recreativo o recuperación patrimonial.

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