Hacienda chafa el fin de fiesta de Feijoo

La falta de Gobierno en España impide al presidente de la Xunta acabar la legislatura como hubiera deseado


SANTIAGO

Los ciclos electorales autonómicos diferenciados de Galicia han permitido a la comunidad gozar de una extraordinaria dinámica política propia, con resultados que han beneficiado a un debate autonómico sin interferencias, aunque finalmente haya sido casi siempre el PP el que ha ganado. Ese aislamiento, compartido en los últimos tiempos con el País Vasco, estuvo a punto de ser arrollado por la primera oleada de la campaña continuada de las generales que España padece desde el 2015, y cuatro años más tarde la amenaza permanece, con elementos sospechosamente idénticos.

Feijoo, no hay duda, utiliza el agujero de los 700 millones en las arcas autonómicas como punta de lanza para desequilibrar al Gobierno socialista. Pero el desaguisado es serio para la tesorería de la Xunta y muy pernicioso para su agenda política del 2020, un año electoral decisivo para su futuro personal y el de su partido. A estas alturas, lo propio es que fueran él y el lendakari los que estuvieran anunciando supresiones de impuestos y rebajas fiscales, uno porque lleva años midiendo con arma de fuego los gastos para darse una alegría final, y el otro porque es dueño y señor de los dineros que recauda y reparte. Pero no, son comunidades como Castilla y León o Madrid, con cuatro años de mandato por delante, las que se están atreviendo con medidas de gran impacto ciudadano sin haber hecho las cuentas, porque ni unos ni otros manejan cifras reales al desconocer cuánto dinero les va a aportar el Estado en el 2019. Y ojo, porque si hay elecciones tardarán meses en conocer las entregas a cuenta del 2020.

Se trata de una situación inédita para la Xunta, que solo ha acudido a prorrogas técnicas de sus presupuestos cuando no ha sido capaz de activarlos a 1 de enero por cuestiones de calendario, que ahora aprieta como nunca. Si a mediados de octubre no hay datos fiables de la ministra de Hacienda, Feijoo no tendrá tiempo de presentar unas cuentas rigurosas y deberá optar por un aplazamiento que impedirá a Galicia aprovecharse de la previsible expansión presupuestaria, además de complicarse de manera formidable el planteamiento de nuevas inversiones. Y, además, impedirá al Gobierno gallego lanzar las medidas fiscales que el presidente prometió en junio en un foro empresarial. La fiesta de fin de mandato iba a ser comedida, pero fiesta al fin y al cabo.

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