El pasado triste del la isla: un cementerio de recién nacidos

Las dificultades para llegar al continente en invierno explican la mortalidad infantil: «Aquí case todos teñen un bebé morto»

Las lápidas de dos recién nacidos, probablemente gemelos
Las lápidas de dos recién nacidos, probablemente gemelos

redacción / la voz

«Estamos loitando polo noso, polo que traballaron os nosos antepasados». Así explica Carmen Patiño el hecho de que una mujer isleña como ella, con 70 años, se enfunde la camiseta negra con el lema Ons en loita. El peso del pasado, un pasado duro y sufrido, es la corriente subterránea que impregna casi todo aquí, desde que a principios del siglo XIX comenzaran a instalarse en la isla los primeros pobladores, la mayoría procedentes de la península de O Morrazo, pero también de Sanxenxo. En los años sesenta se vivió un cierto esplendor, con medio millar de personas que habitaban la isla, un período en el que había entre ochenta y noventa casas con vida todo el año. De esa época y de los años anteriores son las tumbas de recién nacidos que tanto llaman la atención en el camposanto parroquial, un número que sería trágicamente antinatural en cualquier cementerio del mundo. Pero aquí se ve como parte de esa herencia triste. Roberto y su mujer Esther, una madrileña que ya se siente isleña, nos llevan al pequeño camposanto, salpicado de lápidas minúsculas. Dos de ellas, de un granito erosionado por el tiempo en el que ya es difícil leer la inscripción, evidencian que allí fueron enterrados dos gemelos con apenas meses de vida.

Carmen Patiño tiene cuatro hijos, «todos bautizados aquí», pero perdió a su primogénito, como otras madres, por la dificultad de atender urgencias o pequeñas infecciones que se complicaban. Carmen aún se emociona recordándole. «Moitas veces non había barco para levarnos ao médico polo temporal», explica.

Su hijo tenía seis meses. «O patrón do Azor arriscouse con temporal porque nos quería moito. E trouxo a caixa. É máis que triste. Antes ninguén se acordaba de nós. Agora como o ven todo tan amañado e bonito...?Pero foi a conta da nosa suor».

El cementerio también refleja la historia de la isla, pues las fechas de las defunciones se detienen a principios de los setenta, cuando se produjo el éxodo masivo a Bueu en busca de una vida más cómoda. «Aquí case todas as familias teñen un bebé morto», dice Josefa, hermana de Carmen. Explica que antes no tenían teléfono, hasta que lo pusieron en casa Acuña, y corrían hacia el faro para comunicar cualquier urgencia.

El pasado, muy parecido a un régimen feudal -pues tampoco entonces eran propietarios de sus casas-, se refleja en que también ahora han sido desposeídos de sus viviendas. María José Pérez, presidenta de la asociación que constituyeron hace unos días, no se resigna. Creen que podrán recuperar sus derechos si están unidos.

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