«Estoy luchando la vida por mi madre, ella es para mí lo más importante»

Sidy Laye Sagna y Jawad Benhammi, que llegaron a Galicia siendo menores, viven en un piso tutelado ourensano

Sidy llegó a Galicia desde Senegal tras un largo viaje por varios países africanos y estar en Italia, Suiza y Francia
Sidy llegó a Galicia desde Senegal tras un largo viaje por varios países africanos y estar en Italia, Suiza y Francia

OURENSE / LA VOZ

De la pared del cuarto de Sidy, como de la de tantos jóvenes, cuelga un corcho con fotos. En el centro, una hermosa mujer de ojos oscuros y vestida de blanco mira a la cámara. Es su madre. Al lado, en otra fotografía, un hombre con uniforme militar posa ante el objetivo. Solo que no es un hombre. Es un chiquillo. Se trata del propio Sidy cuando ni siquiera había cumplido los 16. La imagen se tomó en Libia, para él la peor de las escalas que tuvo que realizar en el largo viaje que le llevó de su Senegal natal hasta Europa. El país estaba en guerra y él fue reclutado. Tuvo que huir del ejército y subirse a una patera para poder seguir saltando de país en país. En Marruecos y Mauritania fue mano de obra barata. En Italia (su primer destino europeo), Suiza y Francia sobrevivió con la venta ambulante y durmiendo en las calles. Hasta que hace un par de años, llegó a Galicia.

Fotos de su familia en Senegal y del propio Sidy en su largo viaje desde África presiden su habitación
Fotos de su familia en Senegal y del propio Sidy en su largo viaje desde África presiden su habitación

En A Coruña, cuenta, un hombre al que vendió un mechero le ofreció trabajo en la hostelería. «No pagaba mal, aunque sin papeles», recuerda. Las noches las pasaba bajo las escaleras del aparcamiento de un centro comercial. Allí le encontró la policía. «¿Si me asusté? No, para tener miedo hay que hacer algo malo y yo no hacía nada malo. Ellos lo sabían, me decían ‘‘tranquilo, no pasa nada’’. Además, yo llevaba mi pasaporte en la bolsa», narra.

Fue así como Sidy, que ahora tiene 19 años, entró en el sistema de protección de menores gallego. «Me cambió la vida», asegura. Primero pasó a residir en el centro de acogida de Carballeda, en Ourense. Allí le hicieron una pregunta crucial. «Me preguntaron ¿qué quieres? Yo lo tenía claro: trabajar. Buscarme la vida para ayudar a mi madre». Así se convirtió en candidato perfecto para el Programa Mentor, que desarrolla la ONG Igaxes con financiación de la Xunta.

«Hay que estudiar siempre»

En pocos meses, cuentan los técnicos que trabajaron con el joven, Sidy ya se manejaba en español -además de hablar francés, tener algunos rudimentos de inglés y, asegura, «un pouquiño» de gallego-. Tras realizar un curso de cocina y hostelería, hizo prácticas en un restaurante de Ourense. Su jefe no dudó en contratarlo. Así que desde hace ya un tiempo trabaja como ayudante de cocina. Los ratos libres los dedica a ir al gimnasio y a estudiar. «En la vida hay que estudiar siempre para mejorar», dice muy serio. Ahora prepara el examen para obtener la nacionalidad y también el carné de conducir. Y es que su sueño es ser conductor. «Si puede ser, de camión», añade con una sonrisa.

Jawad y Sidy comparten un piso supervisado con otros dos jóvenes a cargo de los sistemas de protección
Jawad y Sidy comparten un piso supervisado con otros dos jóvenes a cargo de los sistemas de protección

El joven senegalés cuenta todo esto sentado en la sala de uno de los pisos que Igaxes tiene para los jóvenes con los que trabaja en la ciudad de Ourense y que comparte con otros tres chicos. Uno de ellos, Jawad, entra por la puerta y saluda. Acaba de cortarse el pelo tras terminar su jornada como camarero en una tetería de la localidad. Tiene 19 años. Hace casi dos que salió en patera de Marruecos. «Llevaba mucho tiempo pensando en venir a España. Si aquí no había trabajo, al menos habría derechos», cuenta con timidez. Tras pasar por varias ciudades españolas, recaló en Ourense. «Fue duro», explica. Hoy, gracias al Programa Mentor se ha formado en hostelería, ha encontrado trabajo y ve más cerca la posibilidad de labrarse un futuro en España.

Jawad tomó una patera de Marruecas a España con apenas 17 años
Jawad tomó una patera de Marruecas a España con apenas 17 años
«Pensaba hace tiempo venir a España. Si no había trabajo, al menos habría derechos»

Volver a abrazar a los suyos

Jawad dejó en su tierra natal a sus padres. Sidy, una familia mucho más extensa, con varios hermanos y hermanas. Y, sobre todo, a su madre. «Desde pequeño ya trabajaba en Senegal y le decía ‘‘algún día te compraré una casa, un coche’’», cuenta, con la cabeza baja, mirándose las manos. Por un momento, pelea con las palabras hasta que encuentra las adecuadas. «Estoy luchando la vida por ella. Lo más importante de mi vida es mi madre», dice con una ternura infinita.

El pasado mes de mayo, pudo por fin abrazarla de nuevo, tras más de cinco años sin verla. Con sus ahorros logró viajar a Senegal natal y llevar regalos a sus hermanas pequeñas. «Me echaban mucho de menos», dice orgulloso.

Sin embargo, Sidy tiene claro que su vida está en Ourense. «Aquí tengo muchos amigos y conocidos, y a veces uno necesita alguien que le ayude. Me voy a quedar aquí», afirma. La ciudad ya tiene un ourensano más.

Los menores extranjeros no acompañados en Galicia se multiplican por cinco desde el 2015

MÓNICA P. VILAR
Dos jóvenes extranjeros que llegaron como menores no acompañados, en un piso de protección de Ourense
Dos jóvenes extranjeros que llegaron como menores no acompañados, en un piso de protección de Ourense

El sistema de protección gallego tiene a su cargo a casi 200 niños migrantes sin compañía

Aún no han cumplido los 18 años. No cuentan con ningún adulto que se haga cargo de ellos. Han nacido más allá de las fronteras españolas. Buscan un futuro y una vida digna, mejor quizás que la que les esperaba en sus países de origen. Esa es parte de la realidad que el acrónimo MENA, con el que a veces se denomina a los Menores Extranjeros No Acompañados, puede llegar a ocultar.

Galicia acoge en estos momentos a 193 chicos y chicas que responden a esta descripción. En el año 2015 eran apenas 35. La mayoría llegan en autobús y el entorno de las estaciones es una de las áreas donde la policía les suele localizar. No porque delincan, sino porque se trata de menores de edad necesitados de tutela.

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