«Para mí, Gali es un soldado. No me dejaría sola por nada del mundo»

Cristina, una ourensana víctima de violencia machista, cuenta con un perro adiestrado que le da protección


ourense / la voz

Domingo de madrugada. La alarma suena a las 4.00 horas. «Estaremos en Madrid sobre las ocho de la mañana», anticipa Cristina a Gali, el perro que proporciona la protección que ella necesita las veinticuatro horas del día. El can sabe que el día anterior no tendrá comida. Le espera un jornada intensiva de formación en la capital de España, y necesita estar lo más receptivo posible.

Pese a que su historia tan solo acaba de comenzar, la complicidad que se aprecia entre ellos es una realidad: son inseparables. La relación que guardan ambos la propicia su vecina, la del edificio de enfrente. También la que la ha estado apoyando en todo momento. Ella conocía el trabajo que realizaba la Asociación Mariscal -proporcionar perros adiestrados para la protección de víctimas de violencia de género- e insistió y persistió hasta que Cristina dio el paso. Y gracias a eso ahora es otra persona. «Yo no encontraba una salida. Me pasaba el día encerrada en casa, mirando por la ventana o metida en cama, llorando», sostiene. Cuando llegó a Madrid en el mes de marzo a la finca de la Fundación, lo hizo «sin expectativas de nada». Solo le pidieron un requisito: una orden de alejamiento en vigor. Ella cuenta con una de 300 metros por un tiempo de seis años. «El primer día me fui a casa emocionada. Había compartido tiempo con mujeres que habían pasado por lo mismo que yo. Me sentí comprendida», afirma emocionada. Desde luego, nadie mejor que alguien que haya vivido una situación semejante para reconfortarte.

Gali llegó a Ourense hace dos meses desde la unidad de estupefacientes de la policía de Madrid. Un perro inquieto, con un carácter nervioso, pero también muy cariñoso. «Recuerdo la primera noche con él. Me acosté en cama y se vino conmigo. De repente noté cómo su pata me estaba abrazando. Y dije: pero, ¿de dónde salió este animal? No me lo podía creer», asegura. Lo cierto es que hasta que ella no se queda dormida, Gali no se va a descansar a su cama. En casa, se comporta como un «perro normal», pero cuando está en la calle sabe perfectamente que está trabajando. «El perro no es de caza ni de presa. Nunca iría detrás del agresor. Para mí Gali es un soldado. No me dejaría sola por nada del mundo», explica Cristina.

 Con una regulación a la espera

Al contrario que los perros que acompañan a personas invidentes, Gali no puede entrar ni al juzgado, ni al banco, ni a un supermercado. A ningún establecimiento. A pesar de que su función sea la misma, la de asistencia, las posibilidades de uno y otro distan mucho. Cuenta que en un intento de adentrarse en un supermercado de su barrio con Gali, la cajera la reprendió con un: «¿A dónde vas con el perro?». Hace tan solo un mes, Cristina y otra usuaria de la Asociación Mariscal que llegaba a la ciudad a pasar unos días, se acercaron hasta el Concello de Ourense para hablar con el nuevo alcalde sobre esta problemática. Jácome se comprometió a proporcionarle un carné que le permitiese acceder a ciertos lugares. Pero de eso todavía no se sabe nada.

La cafetería Terra Meiga, de Marga y Salva, es uno de los únicos comercios que le permiten el paso a Gali y que entienden que si él se queda fuera, la protección que Cristina necesita, también.

Porque estos perros, adiestrados para defender a la víctima de violencia machista solo necesitan una señal. Que la mujer tire de su arnés y para ello ha de estar con ella. Siempre con el bozal, se abalanza sobre el agresor hasta inmovilizarlo. A ella no solo la salva, sino que le permite comunicarse con la policía de que ha habido un quebrantamiento de la orden de alejamiento.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
20 votos
Comentarios

«Para mí, Gali es un soldado. No me dejaría sola por nada del mundo»