Las fusiones de concellos se detienen pese al plus de financiación que las premia

La Xunta mantendrá los incentivos para animar la integración que exploran en estos momentos cinco municipios

Imagen de archivo de los que en el 2012 eran alcaldes de Oza dos Ríos, Pablo González, y Cesuras, Julián Lucas, escenificando la unión de los concellos
Imagen de archivo de los que en el 2012 eran alcaldes de Oza dos Ríos, Pablo González, y Cesuras, Julián Lucas, escenificando la unión de los concellos

santiago

Sobre el papel, las cifras sonríen a las fusiones. La integración de dos concellos de menos de 5.000 habitantes permite duplicar sus posibilidades presupuestarias, contribuye a reducir en más de un 30 % las tasas por el saneamiento o la de recogida de basuras e incluso da margen, como ocurrió en Cerdedo-Cotobade, para erigirse en el único ayuntamiento gallego que suprimió el suculento impuesto sobre construcciones, la llamada licencia de obras, muy importante para cuadrar números en las haciendas locales. Hasta quienes recelan de las fusiones reconocen que son la vía para obtener un plus en ayudas y financiación pública. No obstante, seis años después de que Oza dos Ríos y Cesuras iniciaran la ola formalizando su matrimonio, las integraciones de municipios se han detenido, pese a que la Xunta mantiene vigentes los incentivos económicos con el fin de estimularlas.

Dos integraciones de concellos en seis años y en torno a cinco municipios que han sondeado la posible unión con alguno de sus vecinos. Esto es lo que ha dado de sí hasta el momento la oleada de las fusiones en el ámbito municipal, un proceso que arrancaba en la primavera del 2012, en plena recesión económica, cuando el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo, anunciaba en un debate sobre el estado de la autonomía las intenciones de Oza dos Ríos y Cesuras, llevadas a efecto en el 2013. «Vamos a seguir impulsando las fusiones», manifestó Marta Fernández-Tapias, directora xeral de Administración Local de la Xunta, que no se cansa de poner en valor los beneficios asociados a estas uniones. «No solo se logra prestar servicios de mejor calidad al estar mejor dimensionados», dice, sino que se genera un «mayor atractivo para atraer población» y se sientan las bases _prosigue_ para obtener mayor financiación pública y rebajar el nivel de presión fiscal.

Fernández-Tapias pone por delante el ejemplo de Oza-Cesuras, que «mejoró ‘en un 17 %’ los recursos obtenidos por su participación en los tributos del Estado, que es la principal vía de ingresos de los concellos junto con el Fondo e Cooperación Local de la Xunta y los planes de cooperación de las diputaciones. Antes de la fusión, en el 2012, la suma de los presupuestos de Oza dos Ríos y Cesuras ascendía a 3,6 millones de euros. Con la unión, su presupuesto para este año es de 4,8 millones, pero con perspectivas de cerrar el ejercicio con una ejecución de 8 millones, como ocurrió en el 2018, producto de sumar la financiación extraordinaria obtenida por concurrir a diferentes líneas de ayudas.

Presupuesto duplicado

Jorge Cubela, alcalde de Cerdedo-Cotobade, municipio refundado en el 2016, ahonda en lo anterior. «O noso orzamento pasou de 2,9 a 5 millóns, case o dobre de antes», señala, y eso le da más capacidad financiera al ayuntamiento para afrontar las aportaciones locales y concurrir a todo tipo de convocatorias de ayudas «que nos permiten duplicar o financiamento a finais de ano».

Añade Cubela que la fusión permitió a Cerdedo-Cotobade poner su deuda a cero al pagar un 60% menos de alumbrado público, ahorrar un 28 % en pólizas de seguro y al reducir los gastos administrativos derivados de la integración de todo el parque móvil, las brigadas o por prescindir de un secretario municipal. Y pese a que tanto el Gobierno gallego como los concellos implicados no se cansan de poner en valor las ventajas de las fusiones, lo cierto es que estas se han frenado. El que sea un proceso voluntario y no imperativo siempre dilata los plazos, matizan desde la Xunta, aunque quizás el primer inconveniente quizás sean la reticencias de los ciudadanos a mudar un marco con el que ya están muy identificado.

Alfredo García, presidente de la Fegamp, además de alcalde de O Barco lo resume con una frase: «Las fusiones no tienen aceptación porque no resuelven los problemas de los ciudadanos, y a veces incluso los incrementan, porque si se unen dos concellos con problemas lo que tiene es el doble de problemas». Es más, considera que si las uniones fueran tan beneficiosas, no habría necesidad de primarlas con financiación extraordinaria. «Si te sobrefinancian, claro que es rentable», apunta Alfredo García, quien ve injusto que dos concellos integrados reciban del Fondo de Cooperación Local más que la ciudad de Ferrol.

El debate está abierto. El apego a la identidad local o las diferencias políticas no alientan las fusiones. Y el caso es que, en la etapa autonómica, las segregaciones de concellos (Cariño, A Illa y Burela) aún siguen ganando a las fusiones por 3 a 2.

Oza-Cesuras: un único concello, pero aún dos pueblos

André Siso Zapata / R.S.

Seis años después de la fusión de Oza dos Ríos y Cesuras, la división de opiniones en la calle es manifiesta. Ellos fueron los primeros en dar el paso.

 Desde aquel verano de 2013, los habitantes de Oza dos Ríos y de Cesuras, dos concellos coruñeses, conviven bajo la misma administración. La creación del municipio de Oza-Cesuras hace seis años iba a conllevar un considerable cambio para los habitantes estos dos pueblos. O eso se suponía. Ahora, los ciudadanos del primer concello fusionado de Galicia valoran como ha cambiado su vida en este período. Que no ha sido para tanto.

«Aunque pueda parecer que no, todavía se sigue hablando de este tema», coinciden los vecinos. La decisión tomada por los dos concellos aún levanta ampollas, según dicen explican en varios negocios en el centro de Oza. Las opiniones dividen a dos pueblos que ahora deberían ser uno. «Nos enteramos por la prensa, de la noche a la mañana. Fue una vergüenza». Los gobiernos municipales decidieron fusionar los dos concellos sin someter la iniciativa a votación popular. Eso, sin duda, no le sentó muy bien a algunos vecinos. «Nadie nos preguntó», dice una de las gerentes de la mercería El Baúl, en Oza.

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