El AVE gallego y su esforzado esprint hacia la meta

Pablo González
pablo gonzález REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

El cambiador de ancho que se está construyendo en Taboadela, a las puertas de Ourense.
El cambiador de ancho que se está construyendo en Taboadela, a las puertas de Ourense. VÍTOR MEJUTO

A algo más de cuatro meses de que expire el ajustado plazo oficial, las máquinas trabajan contrarreloj para desplegar vías y electrificación, y para adaptar el tramo Taboadela-Ourense

11 ago 2019 . Actualizado a las 17:52 h.

Nada mejor que repasar la hemeroteca de este periódico para tener presentes los grandes agravios históricos que sufrió Galicia cuando se planteaba, a menudo sin éxito, el dilema de gastar dinero para acercarla al resto del mundo. Gastar mucho, en definitiva, en el desafío de superar su compleja identidad geográfica. Ese dinero, cerca del 95 %, ya se ha invertido: nada menos que 4.200 millones de euros. La moderna línea de alta velocidad, que disfrutarán varias generaciones, llegará más pronto que tarde, aunque el cartel de la meta nos diga que el último esprint es un puerto con fuertes pendientes.

La meta se situó a finales del 2019, cuando debería estar terminada la obra entre Lubián y Ourense para comenzar el período de pruebas a lo largo del 2020, sin que exista una fecha concreta de puesta en servicio. El recorrido por los puntos clave de una infraestructura que en su mayor parte circula por el subsuelo demuestra lo difícil que va a ser cumplir el compromiso, aunque el ADIF y el Ministerio de Fomento siguen comprometidos con esas fechas. Cuando opere, permitirá que desde las ciudades atlánticas los viajeros se pongan en poco más de tres horas en Madrid.

Pero meses arriba o abajo, como admite la presidenta del administrador ferroviario en una entrevista a este periódico, lo cierto es que la finalización de la obra está a la vuelta de la esquina. Ya no hay que esperar por voluntades políticas. Hay que esperar que no haya imprevistos y que se acabe al fin.