El roto a Galicia si Sánchez pincha

Si la investidura del socialista como presidente se atasca, las cuentas gallegas seguirán perdiendo 44 millones al mes

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo a las puertas de Moncloa
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo a las puertas de Moncloa SMARISCAL

Hace justo un año, el 20 de julio del 2018, el Gobierno bonito aprobaba el techo de gasto de sus presupuestos, que iban a crecer un 4,4 %. Aquella alegría milmillonaria con la que se iba a compensar la batería de medidas sociales valió de poco, porque la precaria situación del PSOE impidió sacar adelante unas cuentas con las que Pedro Sánchez le restregaba un calcetín sucio a la cara de Feijoo. Desde entonces, el primero se ha metido en una espiral electoral de la que no ha salido y que amenaza seriamente la estabilidad económica y financiera de todas las comunidades, y especialmente de la gallega, que no ha celebrado elecciones y tenía sus deberes hechos desde el 1 de enero para gastar sin complejos sus cerca de 10.000 millones de euros.

Un año después, todo está en el aire, y la Xunta se juega un buen roto en sus finanzas si la investidura se atasca. Esta vez sí, porque el presidente gallego ya le montó un pollo en primavera a Hacienda para poder gastar el superávit de Galicia, una iniciativa que era de incuestionable justicia pero que también tenía un tufillo a estrategia política para achuchar a Sánchez y de paso dejarle claro por activa y por pasiva a los gallegos que el conselleiro Valeriano Martínez era un mago de los balances, siempre positivos. Aquello era una broma de 125 millones de euros extras con los que se podían hacer cosas a mayores, sí, pero es que ahora el problema es que faltan en tesorería 530 millones de euros que ya están comprometidos y que no entran en caja, nada menos que un pufo de 44 millones al mes que ya están generando unos intereses notables. Ese dinero -de las entregas a cuenta que debe enviar el Estado y de la recaudación de un mes del IVA del 2017- no llegará este año si no se reúne en cuestión de días el Consejo de Política Fiscal, y no parece que lo vaya a convocar una ministra de Hacienda en funciones que cuando le ha convenido ha congelado todos los pagos que, por cierto, están engordando la cuenta corriente del Gobierno y de paso maquillando las estadísticas que periódicamente reclama la Unión Europea.

Hacer cuentas a ciegas

Con este panorama, que empeorará radicalmente si hay elecciones en noviembre, la Xunta no puede preparar unos números serios para el último año de mandato, que acabará con cita electoral. Puede hacerlos, pero con estimaciones, a ciegas, sin conocer cuáles serán los ingresos y afinando al máximo los gastos, lo que quizás impediría ponerle esa recurrente coletilla de los presupuestos «expansivos». E incluso se valora en San Caetano evitar el esfuerzo y acudir a la prórroga, lo que siempre merma la capacidad de acción e impide actualizar unas partidas que previsiblemente crecerían.

Un lío contable que causará estragos en el discurso de la comunidad cumplidora, que es de los favoritos de Feijoo. Aquí se abonan las facturas, pero ahora con la Visa y el pago aplazado porque papá Estado no suelta la gallina, en parte porque no puede, y en parte porque no quiere o no le preocupa. Lo mejor que le podría pasar a Galicia es que Madrid tenga por fin gobierno de la comunidad, porque en estas cuestiones sigue vigente eso de que, si no pasa en la capital, no existe el problema. Y más aún, que alguno de los presidentes socialistas -Ximo Puig en Valencia, o García-Page en Castilla-La Mancha- se den cuenta de que también los están tangando y que pongan firme a la ministra Montero, ellos que pueden.

Lo que supondría un sarcasmo insoportable es que por estas circunstancias Galicia pierda en el 2020 su condición de comunidad que cumple todos los parámetros de estabilidad financiera fijados por el propio Gobierno, y que se quede sin el premio en metálico para los campeones del control del déficit. Serían otros 170 millones que sumar al agravio.

EL APUNTE

El traje corto de las Medallas de Galicia

La Xunta ha enviado las invitaciones para la entrega de las Medallas de Galicia, que se otorgarán en el Gaiás a los expresidentes de Asturias y Castilla y León. Protocolo indica que los hombres deben acudir con traje oscuro, y las mujeres con traje corto, tal como mostró Ana Pontón en sus redes sociales. A la portavoz del BNG le parece algo «rancio, antigo e sexista», a lo que habría que añadir que el miércoles 24 hay previsión de lluvia en Santiago.

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