La solución viable de la que nadie habla

Si el pacto entre PSOE y Unidas Podemos fracasa, sería una irresponsabilidad no explorar la alianza de los socialistas y Ciudadanos

Albert Rivera y Pedro Sánchez.
Albert Rivera y Pedro Sánchez.

Madrid / La Voz

La pasada encuesta poselectoral elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre los comicios generales del 28 de abril albergaba un dato que, en el fragor de una batalla que ya es solo por el relato, y no por una planteamiento político, pasó prácticamente desapercibida. Quizá, porque a nadie le interesaba que se difundiera demasiado. El CIS plantea a los encuestados la siguiente pregunta. «Como usted sabrá, ningún partido o fuerza política alcanzó la mayoría absoluta en las elecciones generales del pasado 28 de abril. De las siguientes alternativas para formar Gobierno, en estos momentos, ¿cuál es la que usted prefiere?». De entre los que declaran haber votado a Ciudadanos, un 66,5 % responde que «un Gobierno del PSOE y Ciudadanos». Y solo un 0,2 % que «un Gobierno del PSOE, Unidas Podemos y partidos nacionalistas independentistas».

Unos datos que constatan una evidencia. La inmensa mayoría de los votantes de Ciudadanos desearía que Albert Rivera superara sus diferencias personales con Pedro Sánchez y al menos intentara formar un Gobierno con el PSOE que aplicara un programa moderado. Pero, en lugar de ello, Rivera ni siquiera se deja preguntar por ello, ya que rechaza participar en cualquier contacto de cara a la investidura. Es más, insta a Sánchez a formar Gobierno con esa otra fórmula que solo apoya un 0,2 % de su electorado. ¿Qué es lo que busca entonces Rivera? ¿Lo más útil para él o lo que quieren sus electores y lo que conviene a España? Estamos a solo nueve días de que comience la sesión de investidura. Y todo indica que este primer intento será fallido y habrá que esperar al segundo en septiembre. Es decir, que las cosas pintan mal, pero hay tiempo antes de que España se despeñe por el abismo de una repetición de las elecciones.

Pero lo que resultaría una irresponsabilidad imperdonable es que se llegara a ese punto de no retorno sin que nadie, ni Sánchez ni Rivera, hayan puesto siquiera sobre la mesa esa coalición entre dos partidos que superaría holgadamente la mayoría absoluta y sería capaz de aplicar una política económica moderada y de avanzar en cuestiones sociales.

Resulta incomprensible que solo se esté considerando la opción de una alianza entre el PSOE y Unidas Podemos que, en cualquier caso, necesitaría de la abstención o el apoyo de los independentistas de ERC. Se trata de una opción legítima. Pero si esta fracasa, Sánchez está obligado a trabajar en pos de la alianza con Ciudadanos antes de forzar una repetición de las elecciones. Y más, cuando Pablo Iglesias hace todo lo posible para dinamitar la negociación con una consulta a sus bases cuyo único objetivo es tratar de asegurarse un sillón en el Consejo de Ministros. El problema de Sánchez es que él hizo algo peor tras las elecciones del 2016. Cuando una buena parte del PSOE apostaba por la abstención para dejar gobernar a Rajoy y evitar unas terceras elecciones, él amenazó con dimitir si el Comité Federal, que es el órgano encargado de fijar posición, no apoyaba su no es no. Eso sí que era tratar de dinamitar la negociación. Lo que ocurrió es que en su caso, además, perdió.

Ni siquiera la abstención del PP garantizaría la investidura

El PSOE está convencido de que cuando llegue el momento decisivo, será el PP el que se avenga a abstenerse para facilitar que gobierne en solitario y sin depender de los independentistas antes que forzar unas terceras elecciones con su voto en contra. El problema es que la abstención de los 66 diputados del PP no bastaría por sí sola para garantizar que la investidura saliera adelante. Obviamente, lo que no haría nunca el PP es abstenerse para que Sánchez gobierne con el voto a favor de Unidas Podemos. Por tanto, sería necesario que se abstuvieran tanto el PP como Ciudadanos. Una fórmula que no convence a Rivera, porque implicaría seguir como gregario del PP sin opciones de disputarle la oposición.

El extraño silencio de los independentistas catalanes

El independentismo catalán mantiene una extraña actitud de silencio ante el esperpento de negociación que protagonizan PSOE y Unidas Podemos. A solo unos días de la sesión de investidura, aún no se han pronunciado públicamente a favor de esa alianza de Gobierno y esperan pacientemente a que llegue su turno tras un acuerdo de ultimísimo minuto para entrar en acción. Saben que por más que Sánchez e Iglesias arreglaran sus diferencias, ellos siguen siendo imprescindibles para que la investidura, con coalición o sin ella, salga adelante. Y saben también que les conviene más exponer sus condiciones cuando ya no haya tiempo alguno para rebatirlas y no quede más opción que aceptarlas.

Sánchez puede ser presidente en funciones más de un año

Si el pacto entre Unidas Podemos y el PSOE fracasa y en lugar de explorar otras vías se optara por conducir a España a unas terceras elecciones que se celebrarían el 10 de noviembre, y que llevarían los intentos para formar una nueva mayoría de Gobierno hasta bien entrado el año 2020, se produciría la paradoja de que Pedro Sánchez podría mantenerse como jefe del Ejecutivo por un largo período de casi dos años sin haber sido investido nunca por la cámara como consecuencia de una victoria en las elecciones generales. Cumpliría nueve meses como presidente gracias a una moción de censura y prácticamente un año como presidente en funciones por la incapacidad para formar mayoría.

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