De Guerreiro a Manolo Lago: la izquierda fugaz


Santiago / La Voz

¿Qué pensaría Anxo Guerreiro sobre En Marea? No del actual enredo político a la siniestra del PSOE, solo comprensible para iniciados, sino de aquella idea que se comenzó a cimentar en el 2012 cuando él apuraba sus últimos cigarros ya sin la esperanza de alcanzar la longevidad de Carrillo. El que fuera referente de Esquerda Unida en los 80 y 90 no llegó a tiempo de conocer el proyecto que impulsaron tres alcaldes y tres partidos, entre ellos el suyo, que era el más débil, y seguro que no hubiera aportado votos, pero sí algo de sensatez y una actitud menos gaseosa.

Manuel Lago recordó en La Voz pocos días después de su fallecimiento -julio del 2013- que Geluco había transitado por diferentes siglas en sus 45 años de servicio a la política, «pero defendiendo siempre la misma idea: construir una organización de la izquierda transformadora que, pensada en y desde Galicia, participara en un proyecto federal». No lo logró, porque su currículo se escribió de derrota en derrota, que es el sino de los que han intentado hacer converger a la izquierda estatal con el nacionalismo, agua y aceite que acaban siempre en su lugar por más que se agiten cada cuatro años.

Su amigo sindicalista es ahora el portavoz del grupo parlamentario de En Marea, convertida en tercera fuerza parlamentaria por la división de sus 14 diputados, que han terminado por romper por una línea de puntos imaginaria, la que separa a los que creyeron ciegamente en la formación de nuevo cuño, y los que la veían solo como un instrumento para que Podemos, EU y Anova lograsen juntos lo que era imposible por separado por la ley que le da con las puertas del Hórreo en las narices a todos los que no alcanzan el 5 % de los votos.

Astros alineados y efímeros

Lo fascinante de la franquicia comunista en Galicia es que después de fracasar junto a Camilo Nogueira, de pisar la moqueta de la mano del PSdeG, de caerse de nuevo hasta boquear y de retomar oxígeno con Beiras, el proyecto de Esquerda Unida vive un momento dulce con sus astros alineados. Yolanda Díaz suena entre los nombres que Pablo Iglesias quiere sentar a la mesa del Consejo de Ministros; Eva Solla, referente en Galicia del Partido Comunista y de EU, es vicepresidenta segunda del Parlamento; y Lago ha sido el elegido para poner algo de sosiego y madurez al fallido grupo parlamentario. Después del fracaso rupturista, es la izquierda de toda la vida la que paladea unos días de gloria antes de volver a lo suyo, que son las luchas internas.

Todo será fugaz, porque en septiembre habrá otra vez puñaladas. Lago es la cara amable y experimentada con la que los diez diputados de En Marea acordaron en la tarde del 1 de julio salvar la imagen pública en el último pleno del curso. Pero cuando sus señorías vuelvan al hemiciclo en septiembre, En Marea estará incluso más dividida que hasta ahora, porque ya han desgastado el último eslabón que los unía, que era incordiar a Luís Villares. Podemos tratará de retomar la idea de la portavocía rotatoria, un trampantojo democrático con el que proyectar durante unos meses a una de sus diputadas, Luca Chao, operación sin consenso que amenaza con ponerlos a todos allí donde Guerreiro desarrolló casi toda su carrera: en la puñetera calle.

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