La marea tóxica le hace media campaña a Feijoo

A quince meses de las autonómicas, el conflicto de En Marea se ha convertido en el mayor activo electoral del PPdeG


redacción

En Marea se ha convertido en el mayor activo electoral del PPdeG a quince meses de las autonómicas. Gonzalo Caballero, sin moverse de su despacho universitario, ha recogido la primera y la segunda cosecha de votos que han retornado a la izquierda moderada y que han colocado a los socialistas como primera fuerza en las generales, lo nunca visto en Galicia. Pero en las autonómicas las cuentas son otras y algunos pueden acabar añorando miles de papeletas que, o bien no se movilizan por la decepción generada por los alcaldes y los diputados del cambio, o se pierden entre la marea alta y la baja, que es como valoran en el PPdeG referirse con ironía a los dos grupos a partir del próximo pleno. Nunca le agradecerán lo suficiente a Pedro Puy el interesado trabajo de mediación que ha realizado esta semana en el Parlamento para que unos y otros no perdieran la dignidad pública, además del crédito político. Porque hay un hecho: el «espazo rupturista» ya está infligiendo más daño a la izquierda que el roto que le puedan hacer a los populares las franquicias autonómicas de Ciudadanos y Vox, que a día de hoy están neutralizadas.

En el Parlamento hay una escisión definida a machete, pero por fuera hay más matices para trocear que serán un festín en esa carnicería fina de la maldad política que es la sede del PPdeG en San Lázaro. Las piezas a filetear son dos: los que mantienen el nombre original de En Marea _aunque reniegan de él_ y cuyo núcleo se disputan Podemos, Esquerda Unida y ya veremos si Anova; y los afines a Luís Villares, que tienen una atrofia electoral evidente y que se pueden llevar una sorpresa el próximo sábado al recontarse en el plenario. Serán pocos pero bien avenidos.

El tabique de yeso

El cisma, escenificado por los obreros que esta semana empezaron a colocar en la sede del Hórreo un tabique de yeso para dividir la sala de reuniones, es gasolina de alto octanaje para Feijoo, que no tendrá que ocuparse de un PSdeG locomotor, sino de sus vagones. Unos compañeros de viaje tóxicos en ese safari salvaje de quince meses para abatir al presidente, que se presentará a su cuarto mandato mientras a su conciencia y a su familia no les venza la pereza y en las encuestas salgan cosas razonables. «Son como el bipartito pero multiplicados por dos», dejó como aperitivo de su estrategia estos días, «y además se llevan mal».

Para Caballero tampoco son una presa fácil de tratar. El secretario general socialista, que entrará en la Cámara como líder de la oposición _de nuevo sin mover un dedo_ tendrá que tratarlos como dos pajarillos heridos, a los que puedes asfixiar si aprietas demasiado y que se escaparán si abre mucho la mano. Una y otra opción son malas para su aspiración de construir una alternativa progresista sólida. Por eso empieza a hablar de un socio preferente, «nomeadamente, o BNG».

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