«No es tan terrible revisar el móvil de un menor si percibimos peligro»

José Torres, responsable del equipo de investigación tecnológica de la Guardia Civil de Pontevedra, recuerda que los padres son los responsables de la actividad que sus hijos realizan a través de las nuevas tecnologías

José Torres Meira
José Torres Meira

redacción / la voz

 Casos como el del instituto de Baio, donde un profesor creó un grupo de WhatsApp para, supuestamente, hablar de drogas y sexo con menores, o el destapado en Pontevedra, donde varios adultos ciberacosaban a una niña de 14 años para que les enviase material erótico y accediese a un encuentro real, vuelven a poner sobre la palestra los riesgos que entrañan las nuevas tecnologías para los adolescentes.

-¿Son conscientes los chicos de los riesgos de aplicaciones como WhatsApp?

-Hay menores que sí, pero también hay chavales que sienten una cierta impunidad en lo que se hace a través de estas herramientas. No sé si no se dan cuenta o es que hay una escasa cultura de lo que es la privacidad, la intimidad y la seguridad en la Red. En el mundo virtual existen los mismos riesgos que en la vida real.

-¿Cómo deberían actuar los padres?

-Lo primero tienen que ser conscientes de que son los responsables de la actividad que realizan sus hijos a través de estas nuevas tecnologías y que eso forma parte de la educación del menor, al igual que la educación sexual o sobre el consumo de drogas. Y existen herramientas para supervisar o tener una noción de para qué usan el móvil los menores: con quién se comunican, qué información están aportando, qué tipo de fotografías están publicitando... Existen en el mercado multitud de herramientas de control parental. Permiten controlar el tiempo de uso, en qué días puede o no usar el móvil o tableta, las hay que permiten programar en qué páginas web puedes navegar o poner filtros para que no se abran webs con determinados contenidos. Es bueno que los padres las conozcan y sepan que pueden usarse.

-¿Es posible detectar si el menor está siendo víctima de un acoso o similar si no lo cuenta?

-En la mayoría de las ocasiones no hace falta fijarse mucho, hay una serie de parámetros que se pueden observar en el menor: apatía, preocupación, tristeza, bajo rendimiento escolar, duermen mal, llegan a no comer... una serie de indicios sobre los que tenemos que estar muy alerta. En el momento en que los detectemos debemos preguntarle. Es importante que exista un lazo de confianza entre el menor y los padres o tutores para que les cuente qué ocurre y que puedan ayudarle desde el minuto uno, y no esperar a que sea demasiado tarde.

-Si vemos esos síntomas y el menor no lo cuenta ¿es tan terrible optar por revisarle el móvil?

-Yo creo que no es tan terrible. En el momento en que los padres detectan síntomas preocupantes, si hay que visualizar el contenido del móvil, se visualiza. Lo prioritario es, en todo caso, la protección del menor. No creo que estemos haciendo nada descabellado ni fuera de lo normal para proteger la intimidad, sobre todo, la seguridad del menor.

-Casos como el del instituto de Baio muestran que las conductas poco apropiadas pueden venir de un entorno muy cercano a los menores.

-En ocasiones encontramos seudoprofesionales de sectores con relación directa con los menores que adoptan formas de proceder totalemente inadecuadas y de una gravedad extrema. No podemos establecer un chat con unos menores para hablar de consumo de drogas. Aunque sean personas conocidas, en el momento en que vemos una conducta inapropiada, unas conversaciones que van orientadas a algo ilícito debemos alertar a los padres y, si es necesario, interponer la correspondiente denuncia.

-Hablamos de los adolescentes como víctimas pero también pueden ser los agresores...

-Desde luego. Nos encontramos casos como el ciberbullying en el que un menor acosa a otro menor y muchas veces nos encontramos ante chavales que emplean unas técnicas muy depuradas cuando quieren humillar o vejar a otro compañero y consiguen hacer realmente daño al otro.

-¿Ese acoso escolar que siempre existió, ahora se amplifica?

-Sí, se multiplica porque esos comportamientos, que había y hay que erradicar, ahora se graban, se cuelgan y pueden verlos millones de personas en tiempo real. Se hace más daño a la víctima porque esas vejaciones quedan en la Red, perduran en el tiempo. Ese momento en que te has sentido humillado está ahí y puede visionarse en cualquier momento y por multitud de personas.

-¿Los menores acosadores son conscientes de las consecuencias de sus actos?

-En muchas ocasiones estos chavales gozan de un cierto sentido de impunidad, les parece que no les va a pasar nada, que lo que hacen a través de estas herramientas no ocurre, que no hay ninguna responsabilidad. Y en realidad sí hay consecuencias como en todo acto en la vida. Una consecuencia que puede ser penal si el menor tiene 14 años o más y una responsabilidad civil que van a afrontar sus padres o tutores legales ante cualquier tipo de actividad ilícita.

-¿Geolocalización activada en los móviles de los menores sí o no?

-Yo soy partidario de la geolocalización pero en determinadas aplicaciones. Si estoy utilizando un control parental evidentemente tengo que activar la geolocalización, pero tenemos que tener mucho cuidado con otras aplicaciones que descargamos. Muchas veces nos piden permisos para acceder la localización, la agenda, la cámara... permisos que son totalmente necesarios. Tenemos que controlar qué aplicaciones descargamos en nuestro terminal y qué autorizaciones estamos dando.

Acosos, abusos e incluso violencia machista, peligros de la mensajería instantánea

Mónica P. Vilar

El 97% de los jóvenes usan aplicaciones tipo WhatsApp

El 97 % de los jóvenes de entre 14 y 24 años utilizan de manera habitual alguna aplicación de mensajería instantánea, según datos del último informe Sociedad digital en España. Para los adolescentes se han convertido en un recurso que utilizan a diario, pero que esconde más de un peligro.

 

 

ciberacoso

«Bullying» omnipresente. El acoso escolar o entre menores no es un fenómeno nuevo, pero las redes sociales lo han llevado más allá de las aulas. Las víctimas siguen al alcance virtual de los agresores a todas horas y a cualquier distancia gracias, por ejemplo, a los mensajes o grupos de WhatsApp que, además, permiten multiplicar la repercusión de las burlas y amenazas, haciéndolas llegar a un número mucho más amplio de gente y extendiendo el daño que se realiza al destinatario de los ataques.

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