El problema compartido de la natalidad: ¿qué hacen otros países?

La base es la creación de empleo, a la que se suman subvenciones, deducciones fiscales, conciliación y permisos


vigo / La Voz

En Galicia nacen al año 16.000 niños pero harían falta otros tantos para que el saldo demográfico resultante de restar fallecimientos a alumbramientos al menos dé cero. No es una tarea de solución ni garantizada, ni segura, ni fácil, ni mucho menos rápida. En gran parte su remedio radica en el empleo, en tenerlo, en contar con la certeza de que se puede mantener en el tiempo y de que el salario es suficiente como para aventurarse a tener hijos. El sociólogo Antonio Izquierdo dejó acuñada la reflexión de que «el anticonceptivo más duradero es la inseguridad económica». Las gallegas confiesan querer tener más hijos de los 1,1 que tienen por término medio, pero mantienen que las circunstancias no les dan seguridad para ello.

¿Y qué han probado en otros lugares para tratar de propiciarlo? Las ayudas económicas puras y directas no son aplaudidas del todo por los natalistas, más partidarios de reducir la desigualdades entre sexos, ofrecer mayor seguridad en el trabajo, normalizar la conciliación, racionalizar los horarios laborales y favorecer la inmigración.

Aún así, Francia puso coto a su declive demográfico manteniéndolo estable, aunque por debajo de los 2,1 niños que garantizan el relevo poblacional, con un modelo fiscal que acerca a los términos de una inversión el tener hijos. Los niños son tomados como contribuyentes y se ponderan los ingresos entre todos los miembros de una familia, lo que favorece el acceso a becas, ayudas y alquileres. Un cheque cercano a los mil euros por cada nacimiento se suma a la cuenta. Irlanda le ha dado la vuelta también a su curva demográfica con medidas fiscales transversales para familias y empresas, las encargadas de crear empleo. E incluso la Hungría de Orbán trata de taponar la fuga de jóvenes con la exención del impuesto de la renta a la mujeres que tengan cuatro hijos o más, rebajas en los tipos de prestamos e hipotecas a las familias con tres hijos y hasta para los abuelos permisos de paternidad.

Alemania, con Merkel al frente, ha jugado la baza de la atracción de la inmigración como elemento clave. Y a mayores, dinero para las familias, que van desde 184 a 215 euros por hijo al mes, incluso hasta que cumplan 21 años si prolongan sus estudios. Dinamarca, Suiza, Noruega, Suecia y Austria barajan cifras similares, dando cuenta de que el declive demográfico es común a toda Europa, como lo son también los permisos de maternidad y paternidad, que llegan al tope de 68 semanas regladas en Suecia.

Machismo demográfico: el peso de la natalidad recae sobre ellas

M. P. V.

Los análisis se centran en las mujeres y olvidan la variable masculina en la paternidad

Las advertencias sobre los problemas de atrasar la edad de maternidad, sobre la caída de la tasa de fecundidad o sobre las repercusiones que tiene sobre la natalidad el bajo número de hijos por mujer son una constante. Menos habitual es, sin embargo, preocuparse por los hábitos paternales de ellos. «Hai un esquecemento preocupante e consciente da variable home», opina Diana López Varela, periodista y autora del ensayo Maternofobia. Recuerda que los hombres, tanto en Galicia como en España, son padres a una edad más tardía que las mujeres, y que «polo menos a metade dos problemas de fertilidade que sofren as parellas son debidos ao compoñente masculino». De ahí que López Varela destaque la importancia de que estudios como la Encuesta de Fertilidad del INE incluyan a los hombres entre los consultados. «Eles tamén teñen que empezar a preocuparse pola paternidade», apunta.

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