La Xunta presiona a los concellos para que elaboren planes antisequía

Dispondrán de ayuda técnica y económica para sacarlos adelante cuanto antes

Imagen del embalse de Abegondo-Cecebre durante la sequía del 2017

santiago / la voz

El episodio de sequía que vivió Galicia en el año 2017 puso al descubierto la vulnerabilidad de los sistemas de abastecimiento en muchos municipios. A día de hoy, no existe ningún ayuntamiento en la comunidad gallega que cuente con un plan de emergencia para hacer frente a una situación así. Y la Xunta presiona para que los municipios tengan planes que permitan garantizar el suministro a la población.

De hecho, ha lanzado la primera línea de apoyo técnico y económico para los concellos, que se publicó ayer en el Diario Oficial de Galicia (DOG). Tal y como informaron ayer la conselleira, Ethel Vázquez, y la directora de Augas de Galicia, Teresa Gutiérrez, a partir de hoy y hasta el 24 de julio, los municipios gallegos podrán solicitar una subvención de hasta 15.000 euros para elaborar un plan de emergencia frente a la sequía. La convocatoria de ayudas priorizará los ayuntamientos de menos de 50.000 habitantes, y cuenta con un presupuesto de 250.000 euros que se podrá ampliar en caso de que el volumen de solicitudes exceda la partida disponible.

Las ayudas se convocan para los planes redactados en este año y en el próximo 2020, y la Administración autonómica asume el 80 % de la financiación, quedando el 20 % restante abierto a la aportación de otras administraciones.

La conselleira de Infraestruturas recordó ayer que el apoyo de la Xunta es también de asistencia técnica, dadas las dificultades que conlleva la redacción y diseño de un documento de esta envergadura, especialmente para los municipios pequeños. De esta forma, la página web de Augas de Galicia publica una guía del plan municipal y que tiene por objetivo servir de referencia para el trabajo de los ayuntamientos.

La elaboración de un plan de emergencia permitirá que los ayuntamientos hagan una primera auditoría sobre el estado de las redes de abastecimiento para identificar sus debilidades, localizar posibles fugas de agua, y determinar su situación ante episodios de sequía. La legislación estatal establece el deber de los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes de contar con planes de emergencia frente a la sequía. Y ninguno de los gallegos por encima de ese umbral de población lo tiene.

En aras de corregir este problema, la Xunta defiende la necesidad de que las distintas Administraciones unan sus esfuerzos y colaboren, cada una en el campo de sus competencias y responsabilidades.

Ethel Vázquez se refirió ayer a las confederaciones hidrográficas, organismos iguales a Augas de Galicia, y, especialmente, a las diputaciones provinciales como corresponsables de los servicios en los ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes. «Os concellos deben resolver os problemas actuais que teñen nas súas redes de abastecemento para estar mellor preparados ante posibles situacións de diminución dos recursos hídricos; os estudos indican que existen perdas en rede de ata o 40 %», explicó ayer la conselleira.

Ningún municipio tiene una estrategia de contingencia pese a lo ocurrido en el 2017.

Un año de sequía en Galicia

Susana Acosta

Este fue uno de los períodos más graves por falta de lluvias y la emergencia llegó a ser una posibilidad real

Esta semana se ha cumplido un año desde que la Xunta y la Confederación Hidrográfica Miño-Sil decretaron la prealerta por sequía. Ahora que las lluvias se han instalado en la comunidad, parece que queda lejos uno de los períodos más graves de sequía y donde la Xunta llegó a considerar la emergencia como una posibilidad real.

El inicio

12 de enero del 2017. La Xunta decreta la prealerta por sequía el 12 de enero del 2017 en la demarcación Galicia Costa al encontrarse las reservas de agua por debajo del 50 %. Desde entonces, la situación fue a peor ante la falta generalizada de lluvias durante todo el año. Abril, un mes en el que debería recuperarse algo el déficit de precipitaciones, fue desastroso y registró un 83 % menos de lluvia de lo habitual ya que tan solo se recogieron 22 litros por metro cuadrado. El bajo nivel de los embalses permitió ver mámoas, antiguos pueblos, nichos y antiguos puentes normalmente cubiertos por el agua. También las imágenes de los ríos y embalses con poco caudal fueron una constante desde el primer momento.

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