Explosivos requisados en el 2011 tenían huellas del líder de Resistencia Galega

El hallazgo probaría que Toninho fabricaba las bombas del grupo terrorista y era su principal responsable aun estando fugado


VIGO / LA VOZ

Antón García Matos, Toninho, dimensionó el alcance de la lucha armada de Resistencia Galega mirándose en el espejo de ETA (nació en San Sebastian). Ya lo había hecho con anterioridad en calidad de integrante del Exército Guerrilheiro do Povo Galego. Siempre, hasta las detenciones recientes de ambos, con su pareja y fiel compañera, Asunción Losada Camba. Su cercanía a la organización juvenil de carácter político radical Jarrai resolvió el resto. Fue el trampolín que los hizo dar el salto al radicalismo independentista y armado. Y lo que es más importante, en el caso de Toninho, sirvió para llegar a los miembros de ETA que enseñaban a manipular explosivos en cursos rápidos de una o dos semanas en pisos francos del País Vasco francés (instruyeron también al cartel de Medellín en su guerra contra el Estado tras coincidir en prisiones españolas).

El fanatismo delirante por Galicia de Toninho, solo a la altura de su odio a España, era uno de sus grandes valores dentro de Resistencia Galega. Pero no el único. Durante su huida de los últimos 13 años se acumularon pruebas policiales que demostrarían que él y su pareja y compañera de armas, a pesar de estar fugados, seguirían manejando los hilos de la organización. También lo demostraría toda la documentación requisada el pasado sábado sobre esta organización terrorista y las armas escondidas en la vivienda del que fue su refugio, en Fornelos, durante el último lustro. A mayores, numerosos cargos que serán juzgados en la Audiencia Nacional dentro de un procedimiento que incluye un dato que complica aún más el panorama judicial del terrorista Toninho.

Las pruebas de Teo

Los hechos se remontan al 1 de diciembre del 2011. Eduardo Vigo Domínguez y Roberto Rodríguez Fiallega, Teto, entonces dos activistas de Resistencia Galega, fueron detenidos. El primero en un control policial en la AP-9 a la altura de Teo, con tres explosivos en el maletero de su coche, y el segundo por ser quien supuestamente se los había entregado. Lo que no se dijo entonces es que aquellos explosivos traían la firma del mayor experto de la organización en manipulación y fabricación de explosivos: Toninho. Dicha firma apareció en forma de huella dactilar, lo que complica aún más el horizonte de uno de los terroristas más buscados de Europa hasta su caída, en Vigo, el pasado día 15.

La tesis policial es de Perogrullo: si Ramón Vigo transportaba los tres explosivos y Teto se los había suministrado, Toninho sería el encargado de facilitarlos en origen y manipularlos para que los dos primeros los recogieran y transportaran para atacar al enésimo objetivo de Resistencia Galega.

El hecho de que Toninho sea el mayor experto de su organización en la fabricación de bombas supuso siempre un arma de doble filo para él por el gran riesgo que implicaba exponerse para estas gestiones desde la clandestinidad. Basta decir que, solo por los tres explosivos requisados por la Guardia Civil en el 2011, el Tribunal Supremo impuso 18 años de cárcel en sentencia firme a Eduardo Vigo Domínguez, mientras que a Roberto Rodríguez Fiallega le cayeron 13 años y nueve meses. Un fallo judicial que dimensiona hasta qué punto Toninho está llamado a pasar, a sus 53 años, varias décadas en prisión.

Por otro lado, los registros del pasado sábado en la vivienda okupada por Toninho y Asunción en los montes de Fornelos desde el 2015 despertaron el interés por otras dos casas situadas a unos 60 metros. Ambos inmuebles fueron también habitados por el grupo durante años.

En una de las viviendas residía hasta no hace mucho un ciudadano argentino que tuvo problemas con los terroristas fugados, principalmente con Toninho. Según parece, se trataba de dos caracteres demasiado fuertes que chocaban como trenes cada vez que se topaban. Residentes en la zona exponen que el argentino se fue por otros motivos, que llevaba tiempo pensando en regresar a su país. Las dos casas, ahora, tienen candados nuevos en sus puertas, lo que dio pie a la investigación a pensar que dichos cerrojos fueron colocados por la pareja de terroristas para ampliar las posibilidades de esconderse en ellas.

Ninguna de las llaves encontradas en la vivienda registrada sirvió para abrir dichos candados, por lo que, al menos por ahora, esas dos casas quedan a la espera de saber si finalmente se registran por dentro, ya que los exteriores sí fueron inspeccionados y, al menos que trascendiera, no se encontraron nuevas pruebas que permitan engrosar aún más los cargos contra los dos últimos líderes de una organización que ya suma años comatosa.

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