La marea baja municipal del rupturismo

A Pobra y Cangas sobreviven como los feudos que resistieron la debacle de las confluencias y de los «ayuntamientos del cambio», tras el suflé electoral del 2015

Ferreiro, Noriega y Suárez, un año después de que se convirtieran en alcaldes de sus ciudades
Ferreiro, Noriega y Suárez, un año después de que se convirtieran en alcaldes de sus ciudades

redacción / la voz

La llegada de la izquierda rupturista al gobierno de tres ciudades gallegas (A Coruña, Santiago y Ferrol), en paralelo a las principales ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Zaragoza...), supuso una pleamar electoral que sorprendió a propios y extraños y que marcó el cénit político de la izquierda rupturista, que en aquel momento soñaba con el sorpasso al PSOE, aupada precisamente por las horas bajas socialistas y por los estimulantes resultados urbanos. Era en cierta medida un suflé electoral, pues organizaciones como Podemos -no tanto Izquierda Unida- adolecían de una falta de raigambre territorial más allá de los entornos urbanos más poblados. Y otro matiz importante: estas fuerzas tenían un origen coyuntural, impulsadas por el viento de cola de la crisis y todos los daños colaterales que provocó. En cierta medida, este ecosistema político capeaba mejor en el tempestuoso escenario político surgido en plena crisis económica.

 

Ahora toca gestionar la bajamar, la bajada del suflé, del que solo quedaron como feudos con cierta resistencia A Pobra do Caramiñal y Cangas, con los matices locales de cada una de las fuerzas que sostienen a estos alcaldes. Porque si algo fue común a algunos candidatos enmarcados en esta cultura política durante la campaña de las municipales fue resaltar el perfil local de su acción política y, en casos donde pudiera haber dudas sobre supuestas adscripciones, intentar desmarcarse de todo lo que sonara a «marea», como es el caso de los ya alcaldes de Teo o incluso Sada. En el primero de los casos, Son de Teo incluso prefiere autoidentificarse como candidatura independiente.

Aquellas mareas locales que surgieron con la fundación de Marea Atlántica -en realidad una plataforma ciudadana inicialmente- no supieron ofrecer un balance de gestión atractivo, ni tampoco unos liderazgos locales con el suficiente predicamento en un contexto electoral donde el candidato a alcalde es clave, pero sobre todo fueron víctimas de la división en su paraguas organizativo a nivel gallego, que empezó con las tensiones en el grupo parlamentario de En Marea en el Congreso y terminó con las candidaturas separadas a las generales de los de Luís Villares y la nueva marca electoral de Podemos e Izquierda Unida en Galicia: En Común-Unidas Podemos, a la que finalmente no se adhirieron los nacionalistas de Anova. Esto provocó que las dos facciones se enfrentaran en candidaturas diferentes en 15 concellos, agravando la sensación de confusión de sus potenciales electores. La ruptura del grupo parlamentario en O Hórreo también está a la vuelta de la esquina precisamente por una pelea por quién debe ser el senador por designación autonómica.

A todo esto hay que sumar el éxito de la estrategia del PSOE desde el Gobierno central, con un perfil más izquierdista que logró abrir hueco con las confluencias a su izquierda, con las que ahora mantendrá un pulso sobre la posibilidad de que algunos de sus miembros entren en el Gobierno

De nada le sirvió a políticos como Xulio Ferreiro, exalcalde de A Coruña, mantenerse entre dos aguas y no tomar partido por ninguna de las dos facciones, reforzando la personalidad local de Marea Atlántica. Al final, las interminables discrepancias entre los distintos actores de las confluencias les pasó factura.

Ahora algunos se plantean la reconstrucción de este espacio de cara a las autonómicas gallegas. El secretario general de Podemos en Galicia, Antón Gómez-Reino, aseguró ayer en una entrevista en la cadena Ser que Galicia En Común tiene que ser la herramienta política desde la que se plantea reconstruir «un novo espazo de confluencia». Pretenden ser decisivos en un eventual Gobierno tripartito que releve al PP en la Xunta.

«¿Aquí cómo nos llamamos?», preguntó Iglesias

susana luaña
El secretario general de Podemos y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias, durante el acto que la formación morada ha celebrado hoy en el polideportivo La Camocha de Gijón
El secretario general de Podemos y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pablo Iglesias, durante el acto que la formación morada ha celebrado hoy en el polideportivo La Camocha de Gijón

El líder de Podemos culpó del fracaso electoral a una sopa de siglas que su propio partido fomentó

Pablo Iglesias culpó del fracaso electoral en las autonómicas a las muchas siglas con las que Podemos se presentó a los comicios del 26M. El secretario general de la formación morada reveló que en la campaña llegaba a un sitio para dar un mitin y preguntaba: «Compañeros, ¿aquí como nos llamamos?». Puede que no le falte razón, pero la paradoja está en que fue su propio partido y sus distintas confluencias las que fomentaron esa sopa de letras en la que nadie quiere perder su cuota de protagonismo.

Cuando en el 2015 se estrenaron las mareas en las elecciones locales, lo hicieron bajo un sinfín de siglas: En común, marea, aberta, somos, son, contigo, gañemos, agora, maioría, nós, riada, xuntos... Entonces tenía su lógica, porque en ese momento de explosión del fenómeno surgían las mareas de forma espontánea en cada pueblo y sin una coordinación entre ellas que sí se planteó cuando, en el 2016, se creó En Marea como partido instrumental que englobase a toda esa miscelánea de sensibilidades.

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