La Fiscalía pide 59 años de cárcel por un alijo dirigido a Galicia que se apropió Marruecos

La Policía Nacional esperaba 2.500 kilos de cocaína, pero el país norteafricano presentó 1.230


Vigo / La Voz

Siete acusados, dos gallegos y cinco colombianos. Todos, presuntamente, versados en el turbio asunto de consignar fardos de cocaína desde Sudamérica. La Fiscalía Antidroga de la Audiencia Nacional reclama a todos ellos penas de cárcel que suman 59 años por un alijo que zarpó de Venezuela en octubre del 2016. Ya el 13 de noviembre, cerca de Cabo Verde, el patrullero Torpedo de la Armada, con agentes abordo del Grupo de Respuesta contra el Crimen Organizado (Greco) de la Policía Nacional en Galicia, se disponía a asaltar el pesquero marroquí Zehar 2. El último paso de una minuciosa investigación (bautizada operación Moucho) que arrancó en julio del 2016 y acabó torciéndose de forma insólita en aguas del Atlántico.

Lo que vino después se expone en el escrito de acusación de la Fiscalía, firmado el día 3: «A partir de las 8.00 horas, cuando el patrullero Tornado se disponía a ejecutar el auto de abordaje sobre la embarcación que había recibido la droga, se detectó la presencia de un helicóptero y un patrullero marroquíes acercándose al barco y posteriormente, sobre las 10.37, el barco fue finalmente abordado por la marina marroquí». En el interior, «43 fardos que contenían 1.230 kilos de cocaína y 18 miembros de la tripulación, todos marroquíes», detenidos y aún entre rejas. «Cursada la correspondiente comisión rogatoria a Marruecos -añade la Fiscalía-, resultó que la cocaína intervenida tenía una pureza del 90 %, según el análisis practicado en los laboratorios oficiales de Marruecos». No hubo más explicaciones, al menos oficiales.

De Vigo a Madrid

La instrucción, iniciada en el Juzgado número 4 de Vigo como pieza separada de otra investigación por narcotráfico, acabó en manos de la Audiencia Nacional para finalizarla y juzgarla. El hecho de que no exista alijo, ni tan siquiera sea posible analizar su pureza al carecer de muestras, será usado de estrategia por las defensas para absolver a sus representados. «La historia está muy bien para una serie de Netflix, pero sin alijo, habrá qué ver cómo acaba», expone un letrado personado. A ojos de los investigadores, tampoco cuadran los datos oficiales remitidos por Marruecos. Lo primero es la cantidad facilitada en el país norteafricano (1.200 kilos, tasados en 42,6 millones de euros), cuando la información que manejaba Greco, en colaboración con los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Inglaterra, elevaba el porte a 2.500.

Otro dato curioso es que el Greco tenía interceptadas las comunicaciones radiofónicas, telefónicas y de mensajería del barco nodriza, del pesquero marroquí y de los investigados, ya en tierra, pendientes de que todo saliese bien, dado que en los meses previos fracasaron en dos intentos. En dichas comunicaciones, concretamente en el bote que transportaba el alijo, se escucha la voz de un hombre hablando en gallego con marcado acento da terra. Marruecos, sin embargo, asegura que todos los detenidos son ciudadanos de su país. Una curiosidad que, aún hoy, sigue frunciendo ceños entre los responsables de la investigación en España. Un testigo de lo vivido en alta mar lo recapitula para La Voz: «Fue una situación frustrante. La actitud del buque militar marroquí fue un tanto avasalladora, incluso la posición que adoptó no fue la más amigable».

Origen: Colombia

La operación Moucho responde al patrón más consabido del narcotráfico patrio. Delegados en España de una organización en Sudamérica contratan a gallegos para colar el enésimo gol de polvo blanco por alguna rendija de la costa atlántica. La mano que mecía la cuna de la operación se ubica en Colombia, y su rastro se pierde, según la Fiscalía, en un teléfono móvil de Surinam. Sin más. Sí se sabe que la organización suministradora colombiana tiene presencia, además, en Venezuela y Guyana. O lo que es lo mismo, en buena parte del litoral orientado al Caribe, África y Europa. La zona, por excelencia, más caliente del narcotráfico mundial.

Ya en España, Julio César Beltrán era su delegado. La Fiscalía le pide 12 años de cárcel en calidad de presunto líder: «Llegó de Colombia a finales de septiembre del 2.016 para dirigir, como máximo responsable, toda la infraestructura destinada a recibir cargamentos de cocaína por vía marítima». Por debajo de Beltrán, sus colaboradores más estrechos: Fernando Escobar (le piden 11 años), Juan Bernardo Meléndez (6), Fernando Antonio Alzate (6) y Manuel de Federico Arnillas (6).

José Pérez Rial (le pide 11 años) protagoniza la rama gallega en presunta connivencia con Ramón Cerqueiras (7) -ambos ya fueron condenados por 2.800 kilos de coca en 1997 y son de sobra conocidos en el ambiente de la ría de Arousa-. Rial, que fue pareja de una hija de Manuel Charlín Gama y acabó condenado por el Tribunal Supremo en el 2001, «controlaba toda la infraestructura marítima necesaria para recibir la droga en alta mar y trasladarla a las costas gallegas, introducirla en tierra y ocultarla hasta su entrega a los propietarios, o a quienes estos le indicaran, para su posterior distribución, para lo cual desde Galicia o Portugal envió una embarcación hacia el punto de transbordo convenido en el Atlántico».

Demostración de fuerza

Colombianos y gallegos erraron dos envíos en agosto y septiembre del 2016. No se encontraron en el océano, eran dos agujas en un pajar navegando como pollos sin cabeza. Los primeros, entonces, optaron por «la ruta marroquí» sin prescindir de Rial. Lo curioso, y preocupante, es comprobar el poder de la organización suministradora para, desde Colombia, cambiar de país de envío (se pasó de Surinam a Venezuela) y de receptores (de gallegos a marroquíes) en apenas unos días. De lo vivido en el Atlántico no trascendió nada entonces, se hizo de tripas de corazón y el exministro Zoido incluso habló de colaboración entre España y Marruecos para disimular la impecable y paciente respuesta española. El motivo se desconoce, lo único seguro es que tres días después, el 15 de noviembre, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, mantuvo una cumbre con el rey Mohamed VI en Marraquech.

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