¿Cómo se puede cobrar la pensión de un abuelo muerto durante veinte años?

La confianza de los bancos con clientes de toda la vida hace que a veces no cumplan su obligación de exigir la fe de vida


santiago

Una vecina de A Estrada se sentará este jueves en el banquillo acusada de un delito contra la Seguridad Social por haber estado cobrando durante veinte años la pensión de jubilación de su abuelo ya fallecido. En total, 132.041,23 euros. Aunque España no es la Grecia de antes de la crisis en la que el cobro irregular de prestaciones era frecuente, el caso de esta estradense no es único, lo que lleva a pensar si es posible ocultar durante tanto tiempo a la Administración la muerte de una persona. «Chocante é, e raro tamén, pero como en todo hai picaresca e fraude, aínda que o normal é que se acabe descubrindo», explica Ramón Quintela, abogado compostelano experto en derecho sucesorio.

Estos son los pasos ante un caso como este. 

Lo primero, la fe de vida

Los perceptores de pensiones tienen que demostrar que están vivos para poder cobrarlas. El modo de hacerlo es a través de una fe de vida, que emiten los juzgados. El artículo 17.5 de la orden de 22 de febrero de 1996 para la aplicación y desarrollo del Reglamento General de la Gestión Financiera de la Seguridad Social establece que las entidades bancarias tienen que exigírselas al menos una vez al año a los beneficiarios, pero esto no siempre sucede.

En el caso de la estradense, no consta que el banco le reclamase nunca la fe de vida, lo que sin duda hizo posible que la presunta estafadora lograra ocultar durante dos décadas la muerte de su abuelo, lo que provocó que en ese tiempo la Seguridad Social siguiese ingresándole el dinero en una cuenta en la que la nieta aparecía como única persona autorizada. La pensión ascendía en 1997 a 329,5 euros, pero fue revalorizándose hasta que en octubre del 2016, cuando se destapó el fraude, era de 603,5.

Documentos dos veces por año

La confianza con los clientes, más aún en lugares pequeños en los que las relaciones personales son más estrechas, hace que en ocasiones el cumplimiento de las normas se relaje y los bancos no soliciten ese certificado que demuestra que el beneficiario de la pensión sigue vivo. Sin embargo, hay entidades que sí son muy rigurosas, lo que ha llegado a ocasionar protestas de clientes porque les reclaman la documentación hasta dos veces por año.

Seguridad Social y el banco

Además de la propia comunicación banco-cliente, la ley permite que las entidades financieras puedan solicitar a la Tesorería General de la Seguridad Social que requiera a los perceptores de la pensión que acrediten que siguen vivos. Esos controles, suelen ser efectivos «e é raro que se poidan dar estes casos, nos que hai un despiste tan grande tanto do banco como da Seguridade Social», señala el letrado Ramón Quintela.

El papel de la funeraria

Hay que tener en cuenta que de los fallecimientos queda también constancia oficial en los registros civiles de cada juzgado. Lo normal es que ya la propia funeraria se encargue de este trámite, por lo que es muy difícil esquivar un control del que siempre se podría servir la Seguridad Social para detectar que está pagando a una persona ya fallecida.

Los responsables subsidiarios

En caso de fraude, el banco no sale bien parado y puede ser condenado como responsable civil subsidiario. El Estado puede reclamarle la devolución de los pagos de los últimos cuatro años. Así ha ocurrido en el caso de esta estradense y la Administración ya ha recibido del banco, una sucursal del Santander, los 33.010 euros que le pagó al abuelo muerto de la acusada en ese período. Por ello, además de dos años de cárcel, la Fiscalía le exige a la mujer que indemnice a la entidad financiera en esa misma cantidad y con los 99.031,23 euros restantes a la Seguridad Social, además de los intereses legales generados durante esos veinte años.

Los precedentes: del que iba al banco en tacataca hasta el jefe del INSS que accedía a los expedientes

No es la primera vez que un caso de estafa a la Seguridad Social se ha destapado. En noviembre del año pasado, la Policía Nacional cerró una operación en la que se detectaron fraudes en 17 provincias españolas -A Coruña y Pontevedra entre ellas- por valor de seis millones de euros, se identificó a 46 personas y se detuvo a nueve de ellas.

Esa gran investigación puso de manifiesto situaciones similares a la de la estradense que cobró veinte años la pensión de su abuelo fallecido. El fraude típico es el de ocultar el fallecimiento del familiar y aprovecharse de que el banco no reclama la fe de vida, pero también se han dado casos más graves en los que se ha llegado a falsificar este documento oficial u otros, como la firma del fallecido o documentos mercantiles, lo que agrava el delito.

Algunos de los implicados emplearon métodos verdaderamente imaginativos para no ser descubiertos. En Málaga, un hombre aprovechaba su parecido con su familiar fallecido, ya nonagenario, para, ataviado con ropas como las que solía vestir el muerto y portando como complemento un tacataca, suplantarle y acudir al banco a cobrar la pensión.

La treta fue finalmente descubierta tras 18 años y 129.200 euros de fraude cuando un empleado del banco sospechó, le pidió que le entregase documentación y él salió medio corriendo de la oficina con el andador a cuestas.

Otro de los casos recientemente destapados por la policía fue el de un jefe de sección de Control de Pensiones del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS) que aprovechó su cargo para cobrar durante 16 años la pensión de viudedad de su abuelo fallecido. Gracias a su cargo, pudo entrar en el sistema informático y modificar datos para llegar a embolsarse de forma ilícita más de medio millón de euros.

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