La DEA cumple 35 años en España alertando de que el envío de coca a Galicia es imparable

La colaboración llega a tal punto que participa, directa o indirectamente, en todas las operaciones


Vigo / La Voz

El cartel de Medellín anidó en Galicia el mismo año que la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. -en inglés: Drug Enforcement Administration (DEA)- abrió delegación en España, 1984. Los primeros se dieron a conocer en A Coruña valiéndose de un apellido franquicia de la organización, Matta Ballesteros; los segundos ocuparon oficinas de su embajada en Madrid. Las Rías Baixas, dada la inteligencia que manejaban, eran prioritarias por aquellos enxebres tabaqueros, reconvertidos en nuevos ricos, que empezaban a volcar sus intereses empresariales en el chollo de la cocaína y el hachís. El tiempo, transcurridos 35 años, da la razón a la DEA. Lo clavaron al vaticinar que aquel incipiente virus tan solo era el primer síntoma de una enfermedad con alto riesgo de gangrenarse.

La DEA ha seguido pisando suelo gallego desde entonces. De forma regular, tanto que hasta puede verse a algún agente empezando el día en la cafetería de un céntrico hotel de Pontevedra. La relación con sus colegas oriundos es fluida y diaria, principalmente con la Brigada Central de Estupefacientes. Ya en Galicia, a través del Grupo de Respuesta contra el Crimen Organizado (Greco), más de lo mismo. «Directa o indirectamente ayudan o participan en todas las investigaciones», expone su responsable, Emilio Rodríguez, que, solo desde su llegada al cargo en marzo del 2018, coordinó investigaciones que suman 13 toneladas de cocaína y decenas de acusados. Detrás, en casi todas, figuró EE.UU. aportando información notoria.

Más de lo mismo

Pero la DEA, en el contexto mundial del tráfico de fariña, sigue lanzando mensajes sobre la realidad gallega que invitan al pesimismo, ya sea a corto, medio o largo plazo. Ya en el 2017 lo hicieron por partida doble al percibir otro fenómeno que, aunque lejano en distancia geográfica, acabaría llegando. El proceso de paz en Colombia, firmado unos meses antes, implicaba un aumento progresivo de hectáreas de hoja de coca (de 80.500 a 209.000) y, en consecuencia, del codiciado producto final. La segunda advertencia llegó el 5 de junio de ese año, ya en Galicia, concretamente en A Estrada, bajo el paraguas de una jornada organizada por la Fundación Galega contra o Narcotráfico. Desde entonces, Galicia ha superado la barrera de las diez toneladas incautadas en el 2017 y en el 2018. En el 2019, por ahora, lleva el mismo camino: 4.500 kilos de cocaína y 3.000 de pasta base en el primer semestre.

El pasado miércoles, también 5 de junio y también coincidiendo con otra jornada organizada por la Fundación Galega contra o Narcotráfico (que entregó su premio anual a este organismo en el 2017), la DEA recordó que la sobreproducción de cocaína sigue pintando de blanco la costa gallega. Incluso se habló, recapitulan los organizadores para dimensionar la expansión, de la presencia de gallegos embarcados por el Pacífico y la Polinesia sabedores de que el kilo de este polvo blanco alcanza los 200.0000 euros en Oceanía (en las Rías Baixas son 27.000). Ya en la Península, y empezando por Galicia y Portugal, la DEA tiró de paralelismos: «Es igual de difícil controlar España que la frontera de EE.UU. y México -resumen en la Fundación-. Es la primera parada desde el país productor y el idioma sigue siendo fundamental, no es la primera vez que vemos operaciones fallidas por no entenderse».

El oráculo del narcotráfico mundial concluye que en la Península, desde el 2013, cambió la tendencia. El uso de contenedores se disparó hasta alcanzar el asedio actual, con alijos cada vez más numerosos y grandes. «Van a seguir porque están ganando mucho dinero y no les importa perder toneladas de mercancía». También en clave norteamericana, pero ya en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), se pone la lupa en Galicia. Un informe público del 2018 (apuntalado en datos de la DEA y sintetizado en el gráfico superior) equipara el narcotráfico da terra con el latinoamericano y el del norte de África. La referencia específica a Galicia cobra aún más relevancia al ser una de las únicas ocho que EE.UU. hace a territorios de nivel administrativo inferior a un Estado.

En la sombra

La hemeroteca evidencia éxitos sonados de la alianza entre Galicia y la DEA desde 1984. De los años noventa queda para el recuerdo la estrategia fijada para cazar a Sito Miñanco, hasta ese momento un escurridizo mirlo blanco. Ya de vuelta a la realidad actual, basta con analizar las operaciones explotadas en Galicia o contra gallegos. A casi todas les acompaño la muletilla «había información de la DEA». Especialmente relevante fue la caída de un grupo que esperaba 650 kilos de coca en un chalé alquilado en Pontevedra (operación Poseidón). Ocurrió el 15 de noviembre. El portón del garaje se abrió para dejar entrar a un coche (el alijo iba en zulos dentro de él) con un agente infiltrado americano. El resto ya era cosa del Greco. Un ejemplo superlativo de hasta qué punto la alianza entre unos y otros favorece a todos.

«Buscan contactos en los puertos de Vigo y Marín»

Raúl Vera Castro es el major de la Dirección Central de Policía Judicial de Colombia

El origen de su segundo apellido, Castro, puede entenderse como una premonición del papel actual de Raúl Vera en el grupo de élite antidroga de la Policía Nacional de Colombia, dirigido a neutralizar las conexiones entre Galicia y su país en lo referido al envío de suculentos alijos.

-¿Hasta qué punto es cierto que sobra cocaína en su país?

-Un kilo de coca se hace con una hectárea de plantación, y nosotros tenemos 209.000 hectáreas. Haga cuentas.

-¿Valoración del trabajo policial en España?

-De lo mejor que he visto, llevan décadas siendo el primer muro de contención y eso aporta mucha experiencia. Nosotros trabajamos a diario con ellos y con los norteamericanos, ingleses, portugueses o franceses. La ayuda internacional es garantía de éxito.

-Se habla de los gallegos como transportistas, pero ¿hasta qué punto tienen relación con sus compatriotas narcos?

-Galicia es de crucial importancia por su cercanía a fronteras, con Portugal y el mar, eso lo saben los grupos delincuenciales. Ellos buscan contactos en los puertos de Vigo y Marín, que sean gallegos ya no importa, importa solo que sean conocedores del terreno. Qué mejor aliado que uno que sepa lugares para resguardarse o rutas para escapar. Pero eso pasa también en Portugal, allá dónde se pueda enviar coca habrá colombianos buscando aliados locales.

-La semana pasada, en Madrid, se desmantelaron tres laboratorios de procesamiento de coca dirigidos por colombianos…

-Esos laboratorios aumentan el procesamiento, es decir, si la coca llega pura, en esos laboratorios de un kilo sacan cinco.

-Las entregas controladas de cocaína es una fórmula policial que España, EE.UU. y Colombia utilizan cada vez más, pero que genera dudas en la Audiencia Nacional al no recogerse de forma íntegra la cadena de custodia del alijo (suele iniciarse una vez en manos de España). ¿Temen que los procedimientos se declaren nulos?

-Las policías, tanto de Colombia y de España, cuentan con oficinas de asuntos internacionales. Bajo esa oficina puede solicitarse esa documentación, bajo esa oficina se llega con pruebas a los procesos, o las cartas rogatorias de la Fiscalía de España a Colombiana. Existen protocolos para evitar ese riesgo y que las investigaciones policiales alcancen sentencias condenatorias.

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