La DEA cumple 35 años en España alertando de que el envío de coca a Galicia es imparable

Javier Romero Doniz
Javier Romero VIGO / LA VOZ

GALICIA

Óscar Vázquez

La colaboración llega a tal punto que participa, directa o indirectamente, en todas las operaciones

08 jun 2019 . Actualizado a las 21:02 h.

El cartel de Medellín anidó en Galicia el mismo año que la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. -en inglés: Drug Enforcement Administration (DEA)- abrió delegación en España, 1984. Los primeros se dieron a conocer en A Coruña valiéndose de un apellido franquicia de la organización, Matta Ballesteros; los segundos ocuparon oficinas de su embajada en Madrid. Las Rías Baixas, dada la inteligencia que manejaban, eran prioritarias por aquellos enxebres tabaqueros, reconvertidos en nuevos ricos, que empezaban a volcar sus intereses empresariales en el chollo de la cocaína y el hachís. El tiempo, transcurridos 35 años, da la razón a la DEA. Lo clavaron al vaticinar que aquel incipiente virus tan solo era el primer síntoma de una enfermedad con alto riesgo de gangrenarse.

La DEA ha seguido pisando suelo gallego desde entonces. De forma regular, tanto que hasta puede verse a algún agente empezando el día en la cafetería de un céntrico hotel de Pontevedra. La relación con sus colegas oriundos es fluida y diaria, principalmente con la Brigada Central de Estupefacientes. Ya en Galicia, a través del Grupo de Respuesta contra el Crimen Organizado (Greco), más de lo mismo. «Directa o indirectamente ayudan o participan en todas las investigaciones», expone su responsable, Emilio Rodríguez, que, solo desde su llegada al cargo en marzo del 2018, coordinó investigaciones que suman 13 toneladas de cocaína y decenas de acusados. Detrás, en casi todas, figuró EE.UU. aportando información notoria.

Más de lo mismo

Pero la DEA, en el contexto mundial del tráfico de fariña, sigue lanzando mensajes sobre la realidad gallega que invitan al pesimismo, ya sea a corto, medio o largo plazo. Ya en el 2017 lo hicieron por partida doble al percibir otro fenómeno que, aunque lejano en distancia geográfica, acabaría llegando. El proceso de paz en Colombia, firmado unos meses antes, implicaba un aumento progresivo de hectáreas de hoja de coca (de 80.500 a 209.000) y, en consecuencia, del codiciado producto final. La segunda advertencia llegó el 5 de junio de ese año, ya en Galicia, concretamente en A Estrada, bajo el paraguas de una jornada organizada por la Fundación Galega contra o Narcotráfico. Desde entonces, Galicia ha superado la barrera de las diez toneladas incautadas en el 2017 y en el 2018. En el 2019, por ahora, lleva el mismo camino: 4.500 kilos de cocaína y 3.000 de pasta base en el primer semestre.