Ellos mantienen, y protegen, la Galicia más verde

Desde los incendios hasta la limpieza de cunetas, así trabajan los más de 500 agentes forestales de la comunidad, dependientes de la Xunta

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Ellos protegen la Galicia más verde Más de 500 agentes forestales trabajan para las consellerías de Medio Rural y Medio Ambiente en la comunidad

Son algo más de medio millar y tienen a su cargo el medio natural gallego. Los agentes forestales y medioambientales de la Xunta acumulan toda una serie de tareas imprescindibles en una comunidad tan verde y rica en recursos naturales como la gallega. «O noso ámbito de traballo é multidisciplinar, abarca todo o que ten que ver co monte, co medio ambiente e cos incendios forestais», resume Alejandro Rodríguez, que forma parte de este cuerpo de trabajadores públicos desde principios de los 90.

Una de las facetas más conocidas de su trabajo es la participación en la extinción de fuegos, en la que ejercen como directores técnicos, coordinando medios y efectivos. Sin embargo, su trabajo en la lucha contra las llamas va mucho más allá y se extiende a todo el año con tareas imprescindibles de prevención y vigilancia. «A nosa función é que a xente coñeza a normativa forestal. Ás veces temos que chegar a sancionar, pero eu prefiro explicar. O meu móbil está cheo de chamadas e whatsapps con consultas», cuenta Yolanda Camba, agente desde el año 2000. Sus advertencias no se quedan solo en los particulares. Un destinatario habitual de sus tirones de orejas es el Ministerio de Fomento por no mantener limpios los márgenes de las autovías.

Por las manos de estos agentes pasa también todo lo relacionado con las peticiones de quemas o cortas forestales. Nadie como ellos puede determinar si causarán alguna afección en el monte. Conocen sus zonas al dedillo, incluso si existe algún elemento patrimonial o yacimiento que pueda resultar perjudicado. Los caminos forestales no tienen secretos para ellos, que los recorren cientos de veces en sus todoterrenos, incluso a gran velocidad cuando se trata de acudir a un incendio. Algo que, eso sí, acaba por pasar factura a sus espaldas.

Controlar la presencia de plagas, realizar plantaciones de árboles, gestionar y mantener montes públicos... la lista de tareas de estos forestales no tiene fin. «Hai traballo, hai», reconoce José Vieites que con casi 30 años de experiencia en la mochila aporta una visión optimista al asegurar que los gallegos van, cada vez más, cumpliendo con la ley de montes.

Quienes no parecen reformarse son los incendiarios. Por eso otra de las tareas de estos agentes es la investigación. Determinar el origen de un fuego, sus causas e incluso su responsable es un trabajo arduo que la observación, la experiencia y el contacto con vecinos permite cumplir con éxito.

Desde controlar los caudales ecológicos de los ríos hasta revisar los daños causados por los jabalíes o los lobos

A orillas del Mandeo, Rafael Dopico pide a un pescador su licencia. Poco antes, ha certificado la captura legal de un salmón. Vigilar el posible furtivismo es solo una de sus muchas tareas. En los diez años que lleva trabajando ha enviado varios requerimientos a empresas eléctricas por no respetar el caudal ecológico del río. El control de la actividad cinegética también entra dentro de sus funciones, así como todo lo relacionado con la conservación de especies y espacios protegidos. De hecho, a Rafa y sus compañeros les compete informar sobre cualquier obra que se quiera llevar a cabo, por ejemplo, en terrenos de Red Natura.

Últimamente, sus quebraderos de cabeza están provocados por el jabalí. A ellos les corresponde levantar acta de los daños causados por estos animales, lo mismo que con los provocados por lobos. Sus informes sirven, además, para autorizar o no batidas extraordinarias cuando se hace necesario controlar la población de estas especies. «En ocasións somos nós mesmos os que temos que poñer gaiolas e capturalos», explica.

A las tareas de vigilancia y control se suma un importante trabajo de oficina para consignar sus labores y observaciones, y también muchas horas de coche recorriendo las zonas que cubren. Entre sus desplazamientos habituales figuran las recogidas de animales salvajes encontrados por particulares. Ellos se encargan de llevarlos a centros de recuperación de fauna y, en ocasiones, de volver a soltarlos al medio natural.

Muchas funciones y demasiado terreno que cubrir. «Somos poucos e non damos a basto», reconoce Rafael. Sus compañeros corroboran que la libreta de tareas por hacer se llena más rápido de lo que se vacía. «Nada máis cruzas a porta da casa empezas a ver cousas das que te tes que encargar, non é fácil desconectar desta profesión», comenta Yolanda Camba, antes de explicar que suelen trabajar en solitario y organizándose el trabajo de manera autónoma.

Con eso y con todo, Alejandro Rodríguez asegura que el suyo es «un traballo dos máis bonitos que hai no mundo». Entre las tareas más gratificantes destaca las actividades de concienciación y divulgación, especialmente cuando visita colegios o lleva a escolares a conocer su entorno. El otro gran atractivo de su profesión es, para él, la maravillosa «oficina» natural en la que pasan parte de su jornada, a lo que se suma la satisfacción personal de saber que «fas un esforzo polo ben de todos. É moi reconfortante», afirma.

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