Una de cada cuatro reducciones de jornada en Galicia es para hombres

Casi 200 padres al año solicitan las ayudas de la Xunta para compensar el horario laboral acortado


REDACCIÓN / LA VOZ

La conciliación familiar sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres. Los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) lo corroboran. De los casi 40.000 gallegos con hijos menores de doce años que han cogido una reducción de jornada para cuidarles, más del 76 % son mujeres (un total de 30.150). Los 9.320 hombres que han optado por recortar su horario laboral para hacerse cargo de sus vástagos rozan el 24 % del total, y apenas suponen un 5 % de los que tendrían derecho a hacerlo, según datos del 2017, los últimos recogidos por el IGE. Los porcentajes son muy similares a los de cinco años antes, aunque el número global de trabajadores acogidos a la medida creció en más de 9.000 desde el año 2012.

Una de las iniciativas con las que la Xunta trata de revertir la situación y avanzar hacia un reparto más equitativo de las cargas familiares son las ayudas a padres trabajadores con hijos menores de tres años que se acojan a una reducción de jornada. Con una cuantía mínima de 1.700 euros y una máxima de 3.700, van dirigidas específicamente a los hombres. Las mujeres solo pueden optar a ellas en caso de tratarse de una familia monoparental o formada por una pareja del mismo sexo. Así, entre el año 2007 y el 2017, un total de 1.848 padres recibieron esta prestación, frente a 609 madres. Es decir, ellos suponen el 75 % de estas ayudas, con una media de 185 varones beneficiarios cada año.

El plazo para solicitar las ayudas de este 2019 arrancó este jueves 23 de mayo y estará abierto hasta el 1 de junio. El presupuesto total de la convocatoria (cofinanciada por el Fondo Social Europeo) es de 741.000 euros. Es un 34 % más que el año pasado, por lo que previsiblemente, el número de beneficiarios será mayor.

En el 2018 se concedieron 280 ayudas, por lo que se atendieron algo más de la mitad de las 505 solicitadas. Fue el segundo año con más peticiones, solo por detrás del 2016, cuando se registraron 625 solicitudes. También fue la segunda convocatoria con más prestaciones asignadas, superada únicamente por las 363 que se otorgaron en el 2010. Si echamos mano de la última década, la media anual es de unas 400 solicitudes y 230 ayudas concedidas por año.

Pese a todo, la corresponsabilidad en el hogar todavía parece lejana. Entre los trabajadores que cogen una excedencia para cuidar de sus hijos ?cerca de un millar en Galicia?, ellas son mayoría abrumadora. En el 2017 representaban el 92 %, según datos del Instituto de la Mujer, que señalan que en el mismo año solo 72 hombres en Galicia dejaron su puesto de trabajo para hacerse cargo de sus pequeños.

«No se espera que un hombre se acoja a este derecho, cuando lo solicité me sentí bastante discriminado»

En el año 2010, Rubén estaba a punto de ser padre. Su horario laboral se extendía de las ocho de la mañana a las seis y media de la tarde, con dos horas de parada obligada a mediodía. Además, en el último año se había convertido en la persona de guardia de su empresa, estando disponible fines de semana y festivos incluso de madrugada. «Con una situación laboral así no podía estar disponible para mi familia. Además, por aquella época mi madre estaba gravemente enferma y empecé a pensar ¿qué es lo que de verdad importa?». Fue así como comenzó a tomar forma en su cabeza la idea de pedir una reducción de jornada. «Tuve que poner las cosas en una balanza, porque el trabajo también me importaba pero iba a tener una niña y eso pesaba más», recuerda.

Solicitó entonces la reducción mínima de una hora diaria con un horario continuado de ocho de la mañana a tres de la tarde, amparado en el cuidado de un hijo menor de doce años. Algo que la empresa no aceptó de buen grado. «Les sorprendió. La gente no se espera que un hombre se acoja a este derecho». Aunque no llegaron a la vía judicial, sí tuvo que echar mano de una abogada para conseguir que reconociesen su derecho a fijar un horario laboral compatible con el cuidado de su hija.

Empezó así a percibir fenómenos de los que habitualmente se quejan las mujeres. «Al principio me sentí bastante discriminado. Y desde luego a la hora de ascender o hacer carrera esto lo corta de raíz», señala Rubén, aunque insiste en que no ha sufrido represalias. Cree que lo que más notó su empresa fue el hecho de que él pasase a ceñirse a un horario y dejase de hacer horas extra.

¿Cómo criar hijos si tienes que estar todo el día en la empresa»

El bolsillo de este padre también se resintió. «Cuando pides una reducción de jornada pierdes una cantidad importante de tu sueldo. En aquel momento mi mujer era funcionaria así que sabíamos que contábamos con otro salario seguro, por eso me lo pude plantear», analiza, antes de asegurar que la merma económica mereció la pena, porque su nueva situación le permitió conciliar vida laboral y familiar y hacerse cargo de los niños.

En su entorno, su decisión fue bien recibida. «Algún amigo y algún vecino me decía que a él también le gustaría solicitar una reducción», dice. Sin embargo, admite que apenas conoce a un par de hombres que hayan tomado una decisión parecida a la suya, mientras que sí sabe de más mujeres que lo han hecho.

A día de hoy, con su niña a punto de cumplir nueve años y otro pequeño que ya ha cumplido los siete, Rubén no se arrepiente de su decisión. «Yo no quería trabajar menos. No me hubiera importado trabajar 9 o 10 horas diarias si mi horario pudiese adaptarse al de mis hijos pero no era así», apunta. Para él, la reducción de jornada ha sido una medida efectiva para lograr una conciliación que todavía no es una realidad en el día a día de los gallegos. Él lo resume en una frase lapidaria: «¿Cómo criar hijos si tienes que estar todo el día en la empresa?».

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