La única perita calígrafa del TSXG fue requerida casi 200 veces en el 2018

Juzgados gallegos y Xunta son quienes pueden reclamar su asistencia profesional


Determinar la autoría o veracidad de un documento o firma puede ser clave a la hora de dar resolución a un proceso judicial. Para ello, los jueces se apoyan en los peritos calígrafos, profesionales a veces rodeados de cierta aura detectivesca por su capacidad para detectar e interpretar detalles que para el común de los mortales resultan imperceptibles.

La Xunta de Galicia cuenta con una única perito calígrafa entre su personal. Se trata de Carmen Vercher. Diplomada en Criminología, grafística, documentoscopia y grafología por la Universidad Complutense de Madrid, opera como perito judicial desde la sede que el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia tiene en la ciudad de A Coruña, aunque su área de trabajo abarca toda la comunidad.

Los juzgados gallegos son quienes habitualmente realizan a Vercher la solicitud de informes periciales, aunque en ocasiones es la propia Xunta de Galicia quien requiere sus servicios para comprobar la autenticidad de algún escrito o determinar la autoría de algún documento, especialmente en casos en los que el implicado está asistido por profesionales del turno de oficio. Durante el 2018, la perito calígrafa del TSXG recibió 182 peticiones de asistencia. Fueron menos de las habituales debido a la huelga que la justicia gallega vivió entre los meses de febrero y mayo. De hecho, el año anterior recibió 262 requerimientos.

Verificación de firmas

Vercher señala que la mayoría de los casos en los que se solicita su intervención están relacionados con contratos de alquiler, contratos de trabajo, rúbricas en todo tipo de documentos y también anónimos registrados en todo tipo de soportes, desde papeles de revista hasta servilletas, pasando por pintadas en paredes y puertas. La verificación de firmas protagonizó la mayoría de los 66 informes que la perito del TSXG emitió el año pasado. En ocasiones también se requiere su presencia en sede judicial para exponer y defender sus conclusiones.

Para realizar su labor, compara el documento dubitado con otros indubitados, es decir, de los que se sabe fehacientemente quien es el autor. Según Vercher, uno de los indubitados que más suele utilizar es la firma del documento de identidad, aunque también son adecuados otros, preferiblemente que se hayan realizado durante actividades cotidianas y con medios de escritura parecidos a los del documento que se quiere verificar. Es decir, lo ideal es comparar un escrito hecho a bolígrafo sobre folio en blanco con otro realizado con la misma herramienta y sobre el mismo soporte, aunque no es imprescindible.

A partir de ahí se realiza el peritaje abordando cuatro aspectos principales: el movimiento (cómo se produce el trazado, la presión, la continuidad...), el espacio (cómo se organiza espacialmente el escrito), la forma (inclinación del texto y las letras, dimensiones, regularidad, curvas y ángulos...) y el trazo.

Movimiento, espacio, forma y trazo de la escritura son los aspectos más determinantes

«Hay falsificaciones de todo tipo. A veces son tan simples que la pericial se convierte en un mero trámite obligatorio pero otras veces son muy elaboradas y complicadas de aclarar», explica Vercher. Incluso cuando se ha demostrado que una firma es auténtica el trabajo puede no haber terminado ya que en ocasiones es preciso analizar todo el documento para comprobar que no se ha sometido a otras manipulaciones como un cambio de fecha, lugar, autor u otros detalles presentes en el cuerpo del escrito.

Profesionales externos

En ocasiones la administración gallega también requiere los servicios de profesionales externos. Suele hacerse cuando se necesitan peritajes caligráficos para casos del turno de oficio pero también cuando se precisa más de un perito o cuando la propia Vercher requiere apoyo para asuntos con mucha documentación.

Para esos casos, la Xunta cuenta con una empresa externa a la que remitirlos. Pero además las distintas asociaciones profesionales de peritos calígrafos envían cada año al TSXG y a los juzgados listados oficiales en los que figuran los nombres de posibles peritos judiciales. A dichas listas se suele recurrir cuando las partes involucradas en un proceso judicial presentan informes contradictorios y solicitan un tercer peritaje.

Una experta calígrafa analiza un grafiti en Lugo
Una experta calígrafa analiza un grafiti en Lugo

Anónimos y pintadas, trabajo para los peritos privados

No solo las entidades públicas recurren a expertos en peritaje caligráfico. Profesionales como Luis Santa Cruz, socio fundador de la Asociación Galega de Peritos Calígrafos (AGAPECA), son requeridos con frecuencia por empresas privadas. «El área laboral es donde más trabajo y no solo en cuestiones de firmas y contratos. También me llaman para asuntos como anónimos o pintadas», cuenta. Y es que descargar la rabia contra un jefe en forma de mensaje denigrante en el espejo del baño, por ejemplo, puede parecer un desahogo sin riesgo pero en realidad no lo es. «Al ocurrir en el seno de una empresa es todavía más fácil encontrar documentos manuscritos por los empleados que puedas comparar con la pintada. Y si puedes demostrar la autoría a través de un peritaje caligráfico puede ser motivo para un despido procedente o incluso para una denuncia», explica Santa Cruz.

Cuando se trata de pericias utilizadas en procesos judiciales, este profesional señala que lo más habitual es trabajar en asuntos penales (delitos de estafa, de falsificación...) aunque en ocasiones sus informes también se utilizan en asuntos del orden social (temas de familia, divorcios...) y en el área laboral. «A menudo nos requieren para temas relacionados con contratos o finiquitos pero si el informe es más caro que la indemnización que se reclama muchas veces prefieren no recurrir al estudio caligráfico». En las tarifas de Santa Cruz una consulta puede rondar los 200 euros pero la elaboración de informes periciales supera los 1.000.

Otra de las funciones que realiza con cierta frecuencia es la revisión de informes periciales aportados por la parte contraria en un juicio. «Puedo detectar errores o puntos dudosos y apuntar al abogado o fiscal qué preguntas debe hacer al perito cuando comparezca en sala para defender sus conclusiones», señala.

Luis Santa Cruz defiende la importancia de una profesión en la que, sin embargo, tiene un hándicap: no cuenta con colegio profesional y la formación no está reglada. «Hay gente que da un curso de un mes y ya te dice que puedes ejercer como perito, pero hace falta mucha más preparación», defiende. Y alerta: «un perito caligráfico debe decirte si algo es auténtico o no, si empieza a darte porcentajes de probabilidad, no es un buen profesional».

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