La carretera queda para los peregrinos

La apertura hoy del tramo de autovía entre Santiago y Arzúa alejará a miles de vehículos de la N-547, una vía peligrosa por sus curvas y por la masiva presencia de caminantes


Santiago / la voz

La N-547 soporta dos tráficos intensos como principal vía de conexión entre Santiago y Lugo. Uno de vehículos, en ambos sentidos, y otro de peregrinos, que como un incesante torrente dirigen su curso multicolor en una única dirección hacia Compostela. La combinación no está exenta de riesgos, que se traducen en atropellos, en ocasiones mortales, y en accidentes por colisiones y salidas de vía propiciados por un trazado repleto de curvas peligrosas, cambios de rasante, numerosas travesías urbanas y en el que tampoco es infrecuente ver a conductores que pisan demasiado a fondo su acelerador. El cóctel verá a partir de hoy reducida en parte su explosividad, gracias a la apertura del tramo de la autovía A-54 entre Santiago y Arzúa. Una infraestructura que permite evitar puntos muy conflictivos como O Amenal, O Pedrouzo, Santa Irene, Ferreiros o Burres. Algunos de ellos, con medias de tránsito que rondan los 6.000 vehículos al día.

Esa combinación de riesgos ha convertido a la N-547 en una de las carreteras más peligrosas de España. La vía enseguida muestra sus credenciales y, nada más abandonar el tramo de la A-54 entre Santiago y A Lavacolla que ya estaba en servicio desde enero de 1999, recibe al conductor con una pronunciada curva en O Amenal. Pese al trazado sinuoso, en este punto eran tan frecuentes los excesos de velocidad que la Dirección General de Tráfico (DGT) plantó un radar al que ni el hecho de estar bien visible y señalizado le ha influido a la hora de figurar entre los que más multan de toda Galicia.

El recorrido continúa con otra modalidad de riesgo: travesía urbana con alta densidad de tráfico y peregrinos en O Pedrouzo, en Arca (O Pino). Es aquí donde se evidencia lo que el fenómeno del Camino ha supuesto para la N-547. Donde no hace mucho había unas pocas casas hoy se exhibe todo un abanico de negocios asociados a la ruta. Bares, restaurantes diversos, pensiones y albergues han surgido al calor del dinero que dejan los caminantes.

En todos los trechos de la carretera entre Santiago y Arzúa, de 36 kilómetros que se recorren en media hora, también surgen de un día para otro y sin que parezcan tener fin este tipo de establecimientos. Un modo de vida que la nueva autovía no va a poner en peligro. Y es que la N-547 va a ser inmune a ese daño colateral común a muchos pueblos que vieron cómo el vial que los atravesaba se despoblaba de coches al abrirse una autovía y, del mismo modo, se quedaban sin las compras de los viajeros que paraban a comer, tomar algo o hacer una pausa.

Buena parte de los miles de coches que circulaban por la carretera van a desaparecer ahora que pueden circular por autovía, pero los peregrinos seguirán poblando la N-547 mientras existan el Camino y Compostela. «Nosotros vivimos de los peregrinos, así que la autovía, en principio, no nos va a afectar. Quizás algo en invierno, pero poco. Los peregrinos van a seguir pasando, y menos mal, porque de no ser por ellos tendríamos que hacer las maletas y marcharnos», explica el responsable del restaurante O Ceadoiro, uno de los tres que están en el alto de Santa Irene y cuyos famosos menús del día hacen que tenga la barra y las mesas llenas cada día.

En esta zona, el Camino discurre a ambos márgenes de la N-547 y atraviesa la carretera en varios puntos, por lo que los peregrinos tienen que cruzarla no sin riesgo. Hay pasos subterráneos, pero no todos los que harían falta, por lo que los atropellos son frecuentes. Tanto, que Tráfico decidió reducir a 70 kilómetros por hora el límite de velocidad máximo en casi todo el tramo y colocar señales luminosas que advierten a los conductores de la presencia de peatones.

La apertura hoy del tramo de autovía entre Santiago y Arzúa no solo reducirá el tiempo de viaje, sino que mejorará la seguridad en esta peligrosa carretera. Tanto para los conductores, que se ahorran curvas muy pronunciadas y travesías, como para los peregrinos, que no tendrán que cruzar una vía tan transitada.

También está ya operativo el tramo Palas de Rei-Lugo, pero aún quedan dos, Arzúa-Melide y Melide-Palas, que son quizás los más necesarios. Y es que en estos puntos la N-547 se vuelve incluso más peligrosa, con zonas tan conflictivas y de frecuentes siniestros como las curvas de Boente.

El firme fue mejorado, pero el de la A-54 hasta A Lavacolla está en pésimo estado

Además de los tramos pendientes de construcción de la A-54 entre Arzúa, Melide y Palas de Rei, la autovía necesita que se acometan con urgencia obras de reposición y mejora del firme en el tramo que se inauguró en enero de 1999 para conectar Santiago con el aeropuerto de A Lavacolla. El trayecto está repleto de baches y de zonas con el asfalto levantado o en pésimo estado, que hacen incómoda e incluso peligrosa la conducción. Esta nula conservación contrasta con la de la carretera N-547, que sí se reparó recientemente y que ahora cuenta con una calzada en buen estado, al menos entre Compostela y el concello arzuano. No siempre fue así, lo que sumaba otro importante factor a la hora de favorecer los accidentes en un vial que, por contar con mucha vegetación alrededor, es sombrío y tarda en secar cuando llueve.

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