Los otros presos peligrosos de Teixeiro

El recluso fallecido esta semana en un incendio en la prisión era una bomba de relojería; otros reos, igual de conflictivos, destrozan todo a su paso, tragan cristales, extorsionan o agreden

Los hechos ocurrieron en el interior de la cárcel de Teixeiro
Los hechos ocurrieron en el interior de la cárcel de Teixeiro

Redacción / La Voz

Pedro Escudero sumaba más de 20 años en prisión. Siempre entre los más peligrosos, casi siempre en primer grado y, habitualmente, en aislamiento. El miércoles, en el penal de Teixeiro, murió tras quemar el colchón de su celda e inhalar demasiado humo. Los funcionarios, dados sus antecedentes, creen que pretendía agredirlos camuflándose entre la humareda. Su historial habla por sí solo, delitos de robo, hurto o contra la salud pública, algunos repetidos. También fue condenado recientemente por agredir a funcionarios de Teixeiro. Ya en mayo del 2010, en el penal de Badajoz, también fue acusado, junto a su mujer, de trapichear. Ella, al entrar al centro, llevaba 0,86 gramos de heroína, 0,14 de cocaína y 10,51 de hachís. Todo oculto en su vagina.

Pedro Escudero Gallardo
Pedro Escudero Gallardo

«Tiene antecedentes por más incendios en otras cárceles de España, y no solo era hostil con la institución, también con sus compañeros», relatan en Teixeiro antes de añadir: «Hay que valorar que conviviendo con otros presos de primer grado, que son los más complicados, él los extorsionaba con amenazas. Incluso pegó a uno hace poco. Aún así, los compañeros se fueron muy afectados a sus casas aquella noche, lo intentaron todo para llegar y sacarlo, hasta su celda estaba más cerca que la del otro reo que sí rescataron, pero no aguantó y murió. Ellos actuaron correctamente, y están muy fastidiados».

Investigación rutinaria

Las consecuencias judiciales de lo ocurrido, más allá de la resolución final, están fijados de antemano. El Ministerio del Interior, de oficio, abre una investigación. «No es que pase nada, ni se sospeche de nada malo. Es que se hace así siempre. De la misma manera que abrirán unas diligencias previas en el juzgado, se hace de oficio, no implica nada más», detallan en Instituciones Penitenciarias, que apoya plenamente el comportamiento de los trabajadores que intentaron rescatar a Pedro Escudero. Incluso Interior, ayer, respaldó su profesionalidad y actuación en su cuenta de Twitter. «Ya sabemos que comportamientos así se presuponen entre ciertos reclusos poniendo en peligro al funcionariado y alterando el ritmo de vida en los centros, pero las estadísticas demuestran que no hay tantas agresiones».

Los funcionarios replican enarbolando una de sus principales denuncias contra Interior: «Las cifras se manipulan para maquillar esa realidad». En Teixeiro, por ejemplo, la experiencia demuestra que los presos condenados por delitos muy graves no tienen por qué ser los que peor se portan ya entre rejas. Basta recordar las condenas que coleccionaba el fallecido. Otro ejemplo, en este caso de origen magrebí y de nombre Manzor, abandonó Teixeiro y su fama ya le precede en un buen puñado de cárceles: «Aquí, tras casi un año, será recordado por algo muy desagradable, meterse objetos por el agujero del pene. Alambres, cristales... o se los comía». También se tragaba cosas más grandes (en el argot se denomina «misil») para ser trasladado a un hospital e intentar escapar. Cuando lo llevamos destrozó el cristal de la enfermería, y, ya de vuelta en la cárcel, destrozó la sala del módulo de aislamiento. Se valió de las patas de una mesa para romper todo, sobre todo los cristales». Quemar celdas también figuraba entre sus formas habituales.

Otro preso está en aislamiento desde su llegada procedente de Pamplona. Allí pegó a dos funcionarios, y el día que lo trasladaban, a tres más. En Teixeiro no habla con casi nadie. Incluso existe una orden específica contra él para salir al patio y regular su día a día. Otro reo complejo se dio a conocer en una cárcel de Madrid por liarse a golpes con cuatro funcionarios a la vez. Ocurrió antes ser enviado a Teixeiro. Luego hay otros presos más conocidos, como Alfonso Basterra (cumpliendo por matar a su hija, Asunta), que gracias a sus estudios superiores hace gestiones a otros presos y se ganó su favor. Basta decir que está tan aclimatado que, ya hace tiempo, se lanzó a escribir sus memorias.

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