El laboratorio de ADN de la Policía Científica resuelve más de 300 delitos al año

El CSI gallego, ubicado en A Coruña, recibe muestras de todo el noroeste peninsular y sus hallazgos son claves para las investigaciones

Una especialista de la Policía Científica analiza una muestra biológica en el laboratorio de ADN de A Coruña
Una especialista de la Policía Científica analiza una muestra biológica en el laboratorio de ADN de A Coruña

redacción / la voz

El coche era una de las principales pistas del crimen, pero no había ni un rastro que seguir. Los investigadores lo habían examinado todo, las alfombras, la tapicería, el volante. Pero no había nada. Alguien lo había limpiado todo a conciencia. Todo, salvo una mínima manchita en el pequeño botón con el que se acciona la luneta térmica. Aquella noche era fría, los cristales del coche se habían empañado. Y en la pequeña tecla había una huella, débil pero suficiente porque había restos biológicos del asesino y de la víctima. Es uno de los casos gallegos en los que intervinieron los investigadores de la Policía Científica de la Policía Nacional, y el hallazgo de esa huella resultó clave en la evolución del caso.

Un pelo, una gota de sangre, el roce del cuello en una camisa, los labios en un vaso, una sábana, una prenda de ropa. Cualquier mínimo detalle puede servir para desatascar una investigación policial e identificar a un asesino. «Cada evidencia hallada en el lugar de un delito se recoge y se traslada a las dependencias policiales para analizarlas en el laboratorio», explica Vicente Ángel Riveiros, inspector jefe de la Brigada Provincial de A Coruña de la Policía Científica, que tiene a su cargo el laboratorio de ADN, en el que se analizan casos de toda Galicia, de Asturias y de Cantabria.

Homicidios, violaciones, robos con sangre, lesiones. A este CSI gallego llega lo peor del ser humano. Y todo se analiza. «En ADN tenemos unos 450 casos abiertos, pero es una cifra llevadera», asegura el inspector jefe, que añade que a los asuntos urgentes, aquellos en los que hay muertes, agresiones sexuales o causas con preso, se les da máxima prioridad y suelen terminarse en el plazo aproximado de un mes.

En este laboratorio, que es la referencia para todo el noroeste peninsular, se resuelven más de 300 delitos al año con la identificación de sus autores. «Son identificaciones positivas, con nombre y apellidos», aclara el inspector jefe Riveiros, que desde A Coruña coordina el resto de las brigadas de la Policía Científica de las comisarías gallegas, en las que trabajan policías expertos en balística, falsificación de documentos, análisis químicos, identificación de escritura y de voces o en informática forense, un apartado que ha adquirido gran protagonismo en los últimos tiempos con el aumento de la delincuencia relacionada con Internet y las redes sociales.

El trabajo de esos departamentos es clave, asegura el inspector jefe: «Somos un apoyo para el resto de las unidades, fundamentalmente de la Policía Judicial, y generalmente tenemos materia suficiente para al menos ofrecerles pistas y líneas de que pueden dar resultado en una investigación». Pero es una labor compleja.

«Hay casos de homicidios que están sin resolver, pero nunca los damos por cerrados. Estamos pendientes de que algún día salte algo, y hay avances científicos que pueden ayudar a retomar un caso», como pasa con tres investigaciones que tenemos ahora mismo abiertas», explica el jefe de la brigada.

La investigación empieza con un reportaje fotográfico

El trabajo de la Policía Científica es decisivo en la resolución de numerosos hechos delictivos, desde los homicidios o las agresiones sexuales, hasta los robos en establecimientos o en coches. La primera labor de estos especialistas es la inspección ocular del escenario del delito. Allí realizan un detallado reportaje fotográfico para acreditar el estado de las cosas y recogen todas las evidencias posibles. «Hacemos lo mismo que el CSI de las películas. Vamos al lugar de los hechos y lo inspeccionamos todo», explica un investigador.

Normalmente, la Policía Científica llega al lugar cuando ya la zona ha sido acordonada por las patrullas de seguridad ciudadana, que suelen ser los primeros en llegar. Es entonces cuando se van enumerando las evidencias halladas. Luego se confecciona un acta de cómo se produjo la intervención, que policías la hicieron y de qué manera. Hay que documentarlo todo.

25 aniversario en A Coruña

La Comisaría General de la Policía Científica cumple 25 años y la ciudad de A Coruña acogerá el miércoles, jueves y viernes de la próxima semana una exposición en la Fundación Barrié para conmemorar ese aniversario, además de varias conferencias en las que participarán el catedrático de Medicina Legal, Ángel Carracedo, y el juez Taín, entre otros especialistas.

«La inspección ocular del lugar del crimen es lo más importante en cualquier investigación»

José Manuel Pan
Vicente Ángel Riveiros es el inspector jefe de la Brigada de la Policía Científica de A Coruña
Vicente Ángel Riveiros es el inspector jefe de la Brigada de la Policía Científica de A Coruña

El inspector jefe Riveiros, que dirige la Brigada de la Policía Científica de A Coruña, participó en las identificaciones del accidente del tren de Angrois

Ha pasado por casi todos los departamentos. La Policía Nacional es su otra casa. Lleva en ella cuarenta años, buena parte de ellos en el País Vasco, «en los peores momentos del terrorismo. He visto morir a compañeros y he visto el dolor de sus familiares». Vicente Ángel Riveiros Otero (Vilarmaior, 1958) es el inspector jefe de la Brigada Provincial de la Policía Científica de A Coruña, donde está el laboratorio de ADN del noroeste, al que llegan casos de Asturias y Cantabria. Riveiros describe con pasión el trabajo de los especialistas policiales a su cargo.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

El laboratorio de ADN de la Policía Científica resuelve más de 300 delitos al año